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El día del Presidente

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Alejandro Zapata Perogordo.

Tal como se había anticipado el festejo para el segundo informe presidencial -el primero fue en la toma de posesión-, se hizo bajo un escenario bien planeado, en la principal plaza pública desafiando y previendo todas las adversidades incluyendo las climatológicas, asegurando buena asistencia. La fecha conmemorativa de la fundación de la cuarta transformación ameritaba el bombo y platillo, otorgando a la figura central el papel de libertador.

En términos políticos es el evento más importante del año, razón por la cual se cuidaron escrupulosamente todos los detalles, en el templete preparado para la ocasión únicamente acompañado por dos mujeres: su esposa y la Jefa de Gobierno; su mensaje minuciosamente elaborado, dirigido principalmente a sus bases sociales destacando el desmantelamiento del viejo sistema.

Un discurso de hora y media emulando aquellas interminables peroratas acostumbradas por Luis Echeverria, término por ser aburrido, tedioso y cansado, máxime al estar plagado de cifras y datos que se pierden con el volumen comparativo y triunfalista marcado en el tono.

El aspecto relevante consistió en el relanzamiento de lo que ha llamado la cuarta transformación, resumiendo los cambios en tres aspectos esenciales: honestidad, justicia y democracia.

Desde luego hubo puntos que fueron intocados y otros abordados con particular sesgo. Se percibe curiosamente después de siete meses de gobierno un viraje al omitir lo concerniente a la República amorosa; la reconciliación nacional; la ley de amnistía y aspectos similares que fueron en algún momento el eje central de su posicionamiento, circunstancia que implica una óptica diferenciada del inicio a la fecha.

Lo que hemos visto es un Presidente mediático que aporta mucha información, no siempre verídica, que le molesta la crítica, que no escucha y por lo tanto sin disposición alguna para corregir errores, que evidentemente como todos sin excepción alguna los tiene, sus palabras distan mucho de sus acciones, le perturba que le hagan sombra y, como en las antiguas monarquías nos dice: el Estado soy yo.

La honestidad va de la mano con la congruencia, la verdad y el respeto a los derechos que les corresponden a los demás; la justicia, debe comenzar por la social, la obediencia a la ley, el apego a la legalidad, a las instituciones y a la equidad, finalmente la democracia no es una reducción a la manipulación electoral como lamentablemente se ha padecido en este país, ahora con signos de continuidad, sino una forma de vida que desde lo público se amplíen, garanticen y preserven los derechos y las libertades de las personas, abriendo espacios de oportunidad para un desarrollo integral.

Sin embargo, los cambios dejan estelas de caprichos, de inseguridad, de odio, rencor, venganza, lucha de clases, de imposición, división social y para colmo las expectativas económicas y el empleo a la baja. El retorno con sus individuales particularidades al día del Presidente, que siempre tiene la razón, se describe en la frase de Sancho Panza: “Más sabe el necio en su casa que en cuerdo en la ajena”.