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Laicismo ‘sui géneris’

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José C. Serrano

En los actos públicos del presidente López Obrador, invariablemente, lo acompañan las imágenes de José María Morelos y Pavón, Miguel Hidalgo y Costilla, Benito Juárez García, Francisco I. Madero González y Lázaro Cárdenas del Río. Quien ordenó el diseño de esta galería ponderó que en México no ha habido ni hay mujeres de la estatura de estas figuras señeras del sexo masculino: la paridad de género que tanto defiende el primer mandatario, queda en entredicho.

La historia de bronce, esa que se enseña en las escuelas del país, se ha encargado de despersonalizar, de deshumanizar a quienes, pese a las dificultades de su tiempo, se dieron la oportunidad de rebelarse. Hidalgo y Morelos se levantaron la sotana para amar a mujeres que les dieron hijos, inclusive el Padre de la Patria tuvo amoríos con mujeres casadas. La historia oficial los ha convertido en seres mitológicos, en santos viejos que de tanto sobarlos se les pierde el respeto.

Al centro de la galería resalta la figura de Benito Juaréz, sosteniendo con firmeza el lienzo tricolor. Tiene en sus manos, un símbolo: el bastón de mando.

El presidente de México ha querido emular al Benemérito de las Américas, pero no tiene la claridad de pensamiento ni la firmeza en la toma de decisiones de quien, en su juventud, fue un alumno aventajado en el seminario de Oaxaca. López Obrador carece de serenidad, va muy de prisa y atropellando a quienes se le atraviesan en su camino.

En el estudio de su casa y en su despacho del Palacio Nacional el presidente conserva retratos y bustos en bronce de Juárez, el hombre que tuvo una niñez repleta de carencias, pero que supo aprovechar las coyunturas que la vida le brindó. Ya adulto contrajo matrimonio con Margarita Maza Parada en 1843. La pareja procreó 12 hijos, tres hombres y nueve mujeres, pero cinco murieron a temprana edad. Los enterados de la vida íntima del amigo de Víctor Hugo, afirman que, aparte de los hijos procreados con Margarita, Juárez tuvo una compañera previamente, Juana Rosa Chagoya, quien le dio dos hijos: Tereso y Susana.

A Juárez se le considera el padre del liberalismo mexicano, fue, además, artífice de aspectos importantes como las Leyes de Reforma, la libertad de imprenta, la secularización de hospitales e instituciones de beneficencia pública.

Las Leyes de Reforma establecieron la separación de la Iglesia y el Estado: la Ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos; la Ley del matrimonio civil; la Ley orgánica del Registro Civil, y la Ley sobre el estado civil de las personas; el decreto que declaraba que cesaba toda intervención del clero en cementerios y camposantos y la prohibición de la asistencia oficial a las funciones de la Iglesia. Asimismo, se expidió la Ley sobre la libertad de cultos: Este conjunto de leyes fueron el inicio de una nueva era en la política, la economía y la cultura.

López Obrador se confiesa juarista de hueso colorado; sin embargo, el laicismo que practica nada tiene que ver con el que se acuñó en el siglo XIX. El tabasqueño recurre, con frecuencia, a pasajes bíblicos para moralizar a las huestes que le son leales y, de paso, a quienes no lo son.

A través del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) otorgó una concesión de radio y televisión a la Visión de Dios. El órgano autónomo “determinó” que es apta para transmitir los contenidos que desee. Expertos en la materia opinan que esto es un retroceso para la laicidad en México.

El gobernante oriundo de Macuspana inaugura un laicismo sui géneris, pasándose por la entrepierna la doctrina juarista.