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Se desmarcan los Mandos Militares del caos de la GN

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Ethel Riquelme.

Para ayudarle a hacer realidad “su” Guardia Nacional, los mandos militares han apoyado al presidente López Obrador con personal, le han traspasado una quinta parte de soldados ya entrenados y disciplinados, algunos son cuerpos de élite; le han entregado armas, vehículos, instalaciones, capacitación y hasta presupuesto de su ejercicio 2019 que le quitaron a otros proyectos, pero ya no más.

El Ejército Mexicano y la Armada de México han decidido desmarcarse de lo que se relacione con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Guardia Nacional, su construcción administrativa y la complicación de carácter laboral, político y organizativo que enfrenta y donde la milicia no tomará porte.

Una excelente decisión de las fuerzas armadas que, sin embargo, alerta sobre el manejo erróneo del conflicto con los policías federales, la ausencia de planeación que ha imperado en el proceso de la GN y, peligrosamente, sobre hasta la tentación de represión que sortea por los pasillos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

La bronca, dicen, ha sido desde hace muchos meses de Alfonso Durazo y no ha metido las manos. Ya va siendo hora de que le entregue cuentas al presidente con sus propios recursos y que responda por sus palabras y comentarios violentos contra los elementos de la Policía Federal; que tome el control total de la Guardia Nacional y de la parte administrativa que le compete al 100 por ciento, afirman sumamente molestos miembros de la jerarquía militar.

Revelan un verdadero hartazgo en la relación con Alfonso Durazo Montaño quien no ha tomado muchas de las decisiones que le corresponden a lo largo de estos meses, que reiteradamente insiste en que no conoce las formas de las fuerzas armadas para evadir responsabilidad en materia de seguridad y Guardia Nacional, pero alardea constantemente de sus relaciones con la clase política, su posición como senador con licencia y su acercamiento con el presidente.

De qué tamaño ha sido el apoyo al Secretario de Seguridad para que cumpla con su tareas, que prácticamente le hicieron el plan de seguridad que presentó al presidente, le cabildearon la Guardia Nacional, le dieron elementos y hasta mandos que sacrificaron su retiro, movieron efectivos para pasarlos a la GN y lo han rodeado de escoltas, asesores y ayudantes para que, además de cuidarlo, le expliquen las funciones de las armas, de los cuerpos, de los batallones y unidades, de los principios y valores, etc.

Y sin embargo –cuentan- todo lo deja en manos del general Luis Crescencio Sandoval, Secretario de la Defensa Nacional. “Parece que no quiere asumir ninguna responsabilidad y en varias ocasiones ya ha sido regañado por el presidente”.

Se acabó. En estos momentos las fuerzas armadas deben estar más preparadas para atender sus obligaciones constitucionales: Defender la integridad, independencia y soberanía de la Nación, garantizar la seguridad interior, auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas, realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país y, en caso de desastre, sólo en caso de desastre, prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio a las personas, a sus bienes y a la reconstrucción de las zonas afectadas.

Y eso es lo único que van a hacer.

No obstante, advierten que se mantendrán ajenos a la actuación, principios, valores y sentido de disciplina y obligación de los elementos que fueron transferidos a la Guardia Nacional, particularmente en caso de una instrucción de represión.

Aunque desde que pasan a la Guardia Nacional, visten su uniforme y reciben su misión, la responsabilidad pasa a ser de sus comandantes, en ese caso de Durazo, sería muy grave que los obligarán a atacar a sus propios compañeros.

 Así que ha llegado la hora de rascarse con sus propias manos, hasta donde alcance.