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AMLO: Negar la realidad

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

Una cosa es que el presidente de la República defienda su proyecto y presuma lo que considere éxitos gubernamentales. Otra muy distinta y peligrosa es que se empeñe en negar la realidad misma, más si ésta tiene que ver con la situación económica del país.

El voluble discurso de Andrés Manuel López Obrador en temas de desarrollo ha sido un vértigo: de la promesa del 4% de crecimiento desde el primer año hasta la cándida expresión de que por lo menos se crecerá poquito en vez de decrecer, o la muy lamentable cantinfleada de que lo importante no es crecer sino distribuir, lo que va en contra del sentido común de que no se puede repartir lo que no se genere.

Hasta ahora, el inmenso gasto social de la mal llamada Cuarta Transformación ha sido cubierto con la indiscriminada austeridad republicana, que a su vez ya ha ocasionado problemas en el accionar del gobierno mexicano, lo que incluye una crisis de abasto de medicamentos en ciernes.

Pero eso parece no importar. El reparto de dinero en efectivo para comprar lealtades entre la población sigue su curso, al mismo tiempo que no se generan las condiciones para crecer: ejercicio del gasto público en infraestructura e inversión privada, detenido el primero y pasmada la segunda.

En medio de este círculo vicioso, el mandatario ya no solo desprecia a quienes no compartimos su visión de país, sino a los datos económicos -generados por su propia administración- que señalan claramente que México vive ya una recesión, lo que quiere decir que el muy criticado 2.7 % promedio de avance del Producto Interno Bruto en los últimos años se ha convertido en un decrecimiento durante el primer semestre de 2019.

El consenso señala que una economía entra en recesión cuando su índice de crecimiento es negativo durante dos trimestres consecutivos. Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), sentenciaron el indicador negativo de -0.2 por ciento en el periodo enero-marzo.

Las cifras del segundo trimestre del año se conocerán oficialmente en unas semanas, pero todos los indicadores -inversión física, actividad industrial,

empleo y consumo entre las principales- señalan a la misma dirección que algunos pronostican llegue a una desaceleración de -0.4 por ciento.

Esa es la realidad, por más que el presidente la niegue.

Y mientras no la acepte simplemente no podrá revertirla porque sus decisiones estarán basadas en escenarios y premisas falsas o equivocadas.

La crisis económica que puede sobrevenir por este espasmo en nuestro desarrollo -no olvidemos que la desaceleración es un fenómeno mundial en la actualidad- será en México responsabilidad de Andrés Manuel López Obrador, no del exsecretario de Hacienda ni del nuevo ministro de finanzas.

Como ya son su responsabilidad las alarmantes cifras de criminalidad, no de Felipe Calderón o Enrique Peña.

Como son los desempleados que ya reporta el IMSS en mayo y junio, más los miles de servidores públicos que fueron echados del gobierno.

Como serán los muertos por falta de medicinas en el sistema de salud pública, no de Germán Martínez y ni siquiera de Zoé Robledo.

Como es ya su plena responsabilidad, sin poderse hacer a un lado o echar rollos exculpatorios, el curso del país.

Siete meses, y contando.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz