web analytics

Soldados secuestradores, antesala de una guerra

0
747

Ethel Riquelme.

Los tres militares descubiertos como presuntos secuestradores de un menor rescatado con vida en Huehuetoca, Estado de México, pueden imaginar el castigo que merecen en los fueros civil y militar, pero ni de cerca que también son responsables de explotar la primera gran bomba entre el mundo civil y el militar.

Se metieron con el hijo de una regidora en Guerrero y del dirigente del partido Morena en la tierra caliente, una zona violentísima donde se funden guerrillas y carteles, un bastión representado legislativamente, operado electoralmente y conciliado políticamente por Félix Salgado Macedonio.

El Senador, ni más ni menos, presidente de la Comisión de Defensa Nacional del Senado de la República y quien, además, ha sido sistemáticamente desplazado en las negociaciones de la Guardia Nacional por no querer al Ejército en las calles, aunque se lleve muy bien con el general Secretario Sandoval. Por lo menos, hasta ayer.

Fue el senador oriundo del municipio de Pungarabato quien recibió hace más de un mes la noticia del secuestro de Ernesto, hijo de sus amigos y aliados políticos, la regidora de Morena en Petatitlán, Zulma Arellano y de Rosendo Sánchez Pérez, dirigente de ese partido en la tierra caliente de Guerrero, de donde el senador se ha nutrido de asesores ex guerrilleros para la comisión, además de ex militares destacados otrora maltratados por el Ejército.

Se sabe que apoyó la búsqueda e intervino en ampliar la coordinación con diferentes entidades, hasta que, al amanecer de este martes, cuando se conoció que tres de los cuatro detenidos en flagrancia son elementos activos del 20avo Batallón de la Policía Militar, con sede en San Miguel de los Jagueyes, Estado de México, muy lejos de Guerrero, las chispas saltaron y casi rozaron los bidones de gasolina.

Como presidente de la Comisión de Defensa Nacional, Salgado Macedonio se opuso a diversos conceptos de creación de la Guardia Nacional. ¿Cuándo los hechos terribles de un secuestro en manos de soldados mal supervisados y aliados con el crimen iban a ser tan contundentes? Un secuestro además contra sus propios aliados y representados, contra su muy cercano grupo político, en su propio terruño, le daría la razón.

Los antecedentes de militares implicados en Ayotzinapa en la entidad representada por el senador, ex alcalde de Acapulco, eran elocuentes. Nada resultó contundente. Fue disciplinado y finalmente apabullado por la negociación de Ricardo Monreal con líderes de bancadas.

Ahora, secuestradores surgidos del batallón más importante de la PM en el más grande campo de entrenamiento militar en San Miguel de los Jagueyes, parecen confirmar que, al final, Salgado Macedonio no estaba tan disparatado en el tema por más que alguna vez haya amenazado con la desaparición del Poder Judicial (sic).

Ayer resultó también curiosa la forma en cómo se difundió que tres de los cuatro presuntos responsables del secuestro de Ernesto, eran soldados. No surgió del comunicado oficial de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México ni de la de Guerrero, (colaboradores en la investigación), sino de filtraciones en portales y blogs guerrerenses que, de inmediato, los asignaron a la Guardia Nacional.

El golpe daría en el blanco. Más tarde, la Secretaría de la Defensa Nacional reaccionó con un boletín para adjudicarse la pertenencia de los soldados en activo, deslindarlos de la Guardia Nacional y advertirles que no permitirá violaciones y mucho menos delitos cometidos por elementos castrenses.

Por más que lo sucedido pretendan no convertirlo en la primera mancha de la Guardia Nacional, será muy difícil que el gobierno de López Obrador la mantenga en blanco extremo del pantone social.

No podrá mientras no se tenga claro quién es la GN sin híbridos ni engaños, mientras no opere institucionalmente para definir y comunicar lo que sí y lo que no hacen, sin violentar sistemáticamente sus reglamentos y mientras no modifiquen el algoritmo de su operación: hasta hoy con más heridos políticos y de la sociedad civil que delincuentes detenidos.

Pero, sobre todo, la GN tiene la urgente obligación de despegarse del Ejército Mexicano porque ya está succionando a la más importante institución del país, la castrense, a un desprestigio inmerecido.