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Vergüenza nacional

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Alejandro Zapata Perogordo.

Esta por demás decir que lo ocurrido en Baja California en un acto concertado entre el Congreso del Estado, algunos Ayuntamientos, el Ejecutivo Local y, por supuesto, el beneficiario gobernador electo Jaime Bonilla, para alargar de un plumazo el periodo de gobierno, no solamente es un acto contrario al Pacto Federal sino un verdadero atentado a la inteligencia y a los más profundos valores de nuestra lastimada democracia.

No es una cuestión meramente doméstica, como lo refiere el Presidente de la República para justificar su silencio, pues rompe, vulnera y transgrede los más elementales principios democráticos que sostienen las instituciones del país y se encuentran consagrados en nuestra Constitución, por lo tanto se encuentra obligado a salir en su defensa.

Por otra parte, es preciso señalar que las deleznables conductas como actos premeditados no se reducen únicamente a los legisladores levantamanos, sino también a los Ayuntamientos cómplices, a la vez que tampoco puede ser ajeno el titular del Poder Ejecutivo al ordenar la publicación de esa barbaridad. Asimismo, ni qué decir del beneficiario, quien con júbilo se congratuló del antidemocrático beneficio otorgado.

El hecho nos recuerda episodios lamentables como el de la imposición huertista, que si bien cada uno en su dimensión y bajo sus peculiares características, trae consigo aparejada la traición. Por donde se le vea ese acto carece de una lógica más allá del soborno, la corrupción y la ambición del poder por encima de cualquier cosa.

Sin duda, los controles constitucionales previstos en la Carta Magna harán que las cosas retornen a su estado original e impedirán, a través de la H. Suprema Corte de Justicia de la Nación, la desviación y el atraco de que son objeto lo bajacalifornianos y que salpica a la nación entera, no obstante, el hecho no puede quedar ahí, es menester fincar las responsabilidades a quienes les correspondan.

Es obvio que duele, al ser los diputados los representantes y llevar consigo la expresión del pensamiento de las diferentes fuerzas políticas, por lo visto en esa entidad sin diferenciar a partido alguno, salvo honrosas y minoritarias excepciones, se pusieron el sombrero de mercenarios y evidenciaron la pobreza de convicciones, incluyendo a los dos gobernadores el saliente y el entrante.

Con esas autoridades, con esos Congresos, en complicidad con el silencio, ¿cómo se va a combatir la corrupción?, si en este país se solapa todo y únicamente se sanciona en el discurso y como dice el refrán: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.