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Luis Octavio Murat Macias.

“No todo acto que un país ejecuta con respecto a otro país es de naturaleza política. Muchos de estos actos son normalmente emprendidos sin ninguna consideración de poder y no afectan normalmente el poder de la nación que las emprende” (Hans J. Morgenthau).

La Corte de Constitucionalidad de Guatemala frenó la reunión entre los Presidentes Jimmy Morales y Donald Trump. La reunión entre ambos mandatarios se pospuso hasta que se den las condiciones y cuando la Corte dicte sentencia.

La decisión de suspender la reunión bilateral se debió a tres acciones de amparo contra el Presidente Jimmy Morales y los ministros del Exterior y del Interior, Sandra Erica Jovel Polanco y Enrique Dehenhart, a fin de evitar que Guatemala se convierta en un Tercer País Seguro.

Las oposiciones se multiplican y se convierten en banderas electorales de los candidatos que jugarán por la presidencia de la República el próximo 11 de agosto, Sandra Torres y Alejandro Giammattei, el procurador de los Derechos Humanos, Jordán Rodas, ex cancilleres y grupos de la sociedad civil, que se oponen al acuerdo bilateral.

Ante este panorama, el gobierno de Estados Unidos dio un viraje a la política de asilo haciendo cambios drásticos en los casos de las víctimas de violencia doméstica y de pandillas. Jeff Sessions dio a conocer las nuevas reglas en materia de asilo.

Por su parte, la abogada de migración, Priscila Wilcox, afirmó que de todas formas quedan varias opciones para los inmigrantes para continuar sus procesos de asilo tras el alarmante anuncio del Secretario de Justicia de Estados Unidos.

Otra de las modificaciones en materia de asilo, advierte que los migrantes que lo soliciten a Estados Unidos estando en México, ahora deberán solicitar protección primero desde un “tercer país”.

Esta modificación difundida, a través de un comunicado del Departamento de Justicia y el Departamento de Seguridad Nacional, establece un “estándar” para los migrantes que intentan llegar a Estados Unidos por la frontera sur, fijando nuevas restricciones de elegibilidad para los extranjeros que lo solicitan.

Las modificaciones del gobierno de Trump que ya están operando y la suspensión de la reunión Morales-Trump, abre la posibilidad de una tercera opción, la cual implica que México sea forzado por el Presidente Trump a convertirse en el Tercer País Seguro, posibilidad ya calculada y rechazada por el Canciller, Marcelo Ebrard, quien aseguró que las nuevas restricciones en materia de asilo no significan, de ninguna manera, el que México se convierta en un Tercer País Seguro.

Aclaró el Canciller que, en los casos en que Estados Unidos nieguen el asilo a los solicitantes, el gobierno de Donald Trump estará obligado a deportarlos a sus países de origen, no a otro país. Afirmó que las nuevas reglas de asilo no afectarán a los mexicanos.

Las nuevas restricciones significan, evidentemente, una limitación al derecho de asilo, aunque, en efecto, Estados Unidos está haciendo uso de su derecho soberano.

Sin embargo, esto no significa que el gobierno mexicano comulgue con principios opuestos a nuestras leyes y doctrinas internacionales. Además sería improbable que México rechazara a personas que solicitaran asilo por razones de persecución política; los ejemplos históricos son muestra de nuestra tradición en materia de asilo:

Durante el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas, dio abrigo a 25 mil refugiados españoles que huyeron de la persecución política de que fueron víctimas en España.

Durante el gobierno del Presidente Luis Echeverría, y tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet del 11 de septiembre de 1973 contra el gobierno constitucional de Salvador Allende, el golpista se dio a la tarea de encarcelar, atormentar y asesinar a los funcionarios y partidarios del Presidente Salvador Allende, cientos de los perseguidos buscaron la protección de México, que abrió de par en par sus puertas a todos los chilenos que solicitaron asilo y que ahora viven en las principales ciudades del país.

Igualmente sucedió con los refugiados argentinos que huyeron de las dictaduras durante las décadas de los 70s y 80s. En el 2015 ya eran 14,747 los inmigrantes argentinos, constituyendo la quinta comunidad de extranjeros en México, según el Consejo Nacional de Población.

De manera que, en materia de asilo, los gobiernos de México han sabido actuar con el derecho, con humanidad, escribiendo páginas brillantes en la historia del país, y la experiencia adquirida deberá ser aprovechada y ejercida con dignidad por el nuevo gobierno que recibe a Mike Pompeo este fin de semana.

Veremos qué exige el súper halcón y qué está dispuesto a conceder el gobierno mexicano, pues ya es hora de que enseñe la casta.