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Encender una vela

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José C. Serrano.

Es habitual que el primer mandatario de México incluya en su retórica cotidiana el reclamo de cómo, sus antecesores, le dejaron este país: inseguridad cabalgante, corrupción e impunidad desbordadas, una economía maltrecha, pobreza y desigualdad imbatibles, en fin, una retahila de carencias perniciosas.

Pero el discurso se queda allí, en el ámbito del sufrimiento, de la queja, de la lamentación. El presidente presume que conoce los rincones del país como la palma de su mano; sin embargo, no se ha permitido incorporar a su esfera cognitiva elementos importantes de la sabiduría popular: ¡No hay que maldecir la oscuridad, sino encender una vela!

En coincidencia con esta línea de pensamiento, resulta oportuno mencionar que el periodista Nacho Rodríguez, titular de El Chapucero en YouTube, publica una carta en la que menciona que Andrés Manuel López Obrador “ha abierto la puerta para que juntos, como mexicanos presentemos ante él la propuesta de enjuiciar a los expresidentes del país”. La lista de exmandatarios la conforman Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de Léon, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

Paulatinamente, la misiva ha sido firmada por ciudadanos que modifican el cómo no se puede por el cómo sí se puede. Con esta iniciativa el jefe del Ejecutivo tiene el aval del pueblo sabio para recuperar bienes sustraídos del patrimonio nacional, por gobernantes inescrupulosos que poseen una membresía en el club de la abundancia.

Uno por uno y en conjunto son los autores del desmantelamiento de una Patria que merecía una mejor suerte: Salinas de Gortari organizó una venta de garage para rematar empresas paraestatales en auge, con finanzas sanas, sólo para adelgazar al Estado, de acuerdo a los mandamientos del Fondo Monetario Internacional; Zedillo Ponce de Léon, el bolerito bajacaliforniano, malbarató Ferrocarriles Nacionales y los puso en manos de empresarios norteamericanos; Fox Quesada, el esposo de la señora Marta, ha vivido en la más escandalosa opulencia, un cínico depredador del erario público en beneficio propio y de los suyos, y un crónico evasor de impuestos. En su contra existen denuncias ante la autoridad ministerial por los delitos de enriquecimiento ilícito, cohecho y peculado.

Calderón Hinojosa gastó 8 mil 779 millones de pesos en publicidad gubernamental. El michoacano diminuto acusa un excesivo afán de ser visto y oído, con ello exhibe su verdadera condición: El fracaso. Esta fórmula de encubrir con el maquillaje de la propaganda la ineptitud es muy costosa, aunque para eso -y para los onerosos sueldos de la alta burocracia- había recursos de sobra. Don Enrique González Pedrero acuñó una frase que bien podría aplicársele al responsable de los cientos de miles de muertos de una guerra estúpida: ¡El poder atonta a los inteligentes y a los imbéciles los vuelve locos!

Peña Nieto llegó al gobierno a robar, sin medida y con descaro. Fue generoso con los integrantes de su banda y los súbditos que lo endiosaron. Muy a propósito de este personaje el periodista Roberto Rock L. ha publicado este 2019, en Editorial Grijalbo su libro La historia detrás del desastre. Crónica de una herencia envenenada. El autor destaca cómo Luis Videgaray Caso les pasaba la charola a gobernadores y líderes sindicales afines para que aportaran recursos a la campaña del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI). En reuniones celebradas en recintos públicos el feliz propietario de la mansión de Malinalco entregaba a los concurrentes tarjetas en blanco para que anotaran la cantidad que podían aportar. Las cifras apuntadas alcanzaban entre seis y siete dígitos, sustraidas de las arcas públicas y de las tesorerías de los sindicatos.

El presidente de la República tiene mucha tela de dónde cortar; es cuestión de que, en serio, tome en cuenta el mandato del pueblo sabio: ¡No hay que maldecir la oscuridad, sino encender una vela!