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La fluida comunicación con el crimen

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Ethel Riquelme.

Hay dos muy malas señales para la seguridad del país. La primera es peligrosa, la segunda suicida. La primera puede golpear la legitimidad de la nueva Guardia Nacional, la segunda desestabilizar al Estado mexicano, pero ambas, parecen no ser un error, sino una planificación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

La primera es la ausencia total de mecanismos institucionales y sistemas establecidos de comunicación por parte de la Guardia Nacional con los medios de comunicación y, por tanto, la desinformación sobre lo que la GN hace, con y para los ciudadanos.

La segunda, la forma en que el gobierno ha decidido sostener relación y comunicación muy fluida con grupos criminales, bandas delictivas, rebeldes y provocadoras del Estado, algunas de las cuales ya acusan al presidente y a su Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, de privilegiar a unos sobre otros y al presidente de subirse a una guerra sangrienta. Jugar con fuego.

El más reciente, el video de tres encapuchados presuntos ex miembros del CJNG dirigido al presidente donde denuncian que en los próximos días se tienen previstas las fugas de Rubén Oseguera González ,”El Menchito”, y de otro líder de la organización criminal, Abigael González Valencia, “El Cuini”, pero denuncian más, que hay acuerdos del gobierno con algunos capos.

Para el Ejército Mexicano son transgresores de la ley que, además de retar al Estado, han lastimado al pueblo mexicano. Por ningún motivo se puede tener con ellos una interacción que les signifique el reconocimiento de una personalidad jurídica, nunca darles el carácter ni los derechos civiles, pues están en la ilegalidad. Nunca un enemigo del Estado puede ser interlocutor, quien lo haga será traidor.

Parece que el presidente López Obrador opina distinto. Desde su planteamiento de perdón a delincuentes, no persecución a criminales y amnistía para todos los que se arrepientan.

Luego, los sucesos en La Huacana, Michoacán, donde el mando militar, con consentimiento del presidente, negoció con el Cartel Jalisco Nueva Generación la liberación de 17 soldados retenidos a cambio de devolución de armas decomisadas, parece haberse abierto un canal directo de comunicación entre ese cartel y el gobierno.

Días después, en la propia zona de influencia y nacimiento del capo mayor, líder del CJNG, Nemesio Oseguera “El Mencho”, AMLO envió un mensaje en primera persona, con destinatario único: “a ver, tú te llevas a los jóvenes, vamos a ver quién puede más”. Aclaró que no era un reto, pero nunca mencionó a quién se refería.

En el extremo de las cosas, la carta de Doña Consuelo, mamá de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, pidiendo apoyo a López Obrador para tramitarle una visa para visitar a su hijo y, peor aún, la respuesta positiva del gobierno (aunque no pudieron concretarlo).

A la mamá de El Chapo sí, mientras en las cárceles de Estados Unidos existen unos 400 mexicanos condenados a muerte, por inyección letal y silla eléctrica, cuyos padres no pueden visitarlos.

Y como dejar pasar el comentario del presidente al considerar “lamentable” la condena perpetua contra “El Chapo”, un asesino de por lo menos 140 personas, según la investigación.

Para los encargados de la seguridad, es un verdadero equívoco que el presidente responda directamente también a los líderes de autodefensas que amenazan con tomar la ley en sus manos y poner en jaque la estabilidad regional. Hay protocolos militares, legales y de seguridad que debilitan la autoridad.

Pero las fuerzas armadas no se pueden decir sorprendidas. Esto parece un plan, más que un error.

El aparato gubernamental está funcionando para atenuar los señalamientos de una posible vinculación del gobierno con el CJNG. La Armada de México, por ejemplo, en un intento burdo emitió un comunicado donde asegura que también al CJNG se les ha golpeado porque “se les han decomisado 500 cuentas bancarias”. De risa.

Así que ahora sabemos en qué dirección se mueve el muy golpeado aparato de información institucional, mientras el sistema de transparencia e información de la Guardia Nacional sigue secuestrado en la secrecía y rispidez de la Sedena.

Por eso, las peticiones de información sobre la Guardia Nacional crecen en el INAI y, por más que molesten, resultan mucho menos peligrosas que llegar al extremo de solicitar a los capos “aliados” información sobre la nueva Guardia Nacional y, lamentablemente, no es broma.