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La pelea por el poder en Morena

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Rubén Cortés.

Ante la renovación de su dirigencia, Morena tiene la oportunidad de elegir la opción de radicalizarse (con dos mujeres cargadas a la izquierda dura), Yeidckol Polevnsky y Bertha Luján, o al ala más flexible (y de las ideas más modernas de la izquierda dentro del partido) con Mario Delgado.

El favor más flaco se lo haría el partido en el poder si reelige a la actual presidenta, Polevnsky, en momentos en que el presidente trata de cumplirle en todo a Estados Unidos, siendo Polevnsky la más grande admiradora de los peores enemigos de Washington en el continente.

La actual jefa de Morena está cargadísima a las dictaduras de Cuba y Venezuela, que son aborrecidas por Estados Unidos y, en el caso de la represión de Maduro contra la oposición, hoy día afirma que “el gobierno de Venezuela es un ejemplo para nuestra vida”.

En entrevista para la televisión oficial de la dictadura venezolana, se dice “adoradora” de Fidel Castro y Hugo Chávez. “No me queda más que honrar la memoria de Hugo Chávez”, “conmemoramos el nacimiento de Fidel Castro. Honor a quien lo merece”, suelen ser sus frases.

La elección de Luján sería un mensaje de cerrazón, porque es recordada por ejecutar la política de opacidad que caracterizó al gobierno capitalino del actual presidente (2000-06), bloquear la operación de una institución para el acceso a la información y blindar la comunicación.

Como Contralora, Luján fue el mascarón de proa de decisiones en el GDF propias de gobiernos hegemónicos y dignas de regímenes totalitarios, al disponer de propiedades públicas sin contar con la ciudadanía ni de los poderes Legislativo y Judicial.

Además, selló la información sobre el padrón de beneficiarios del Programa de Adultos Mayores, Madres Solteras y Discapacitados; los Segundos pisos del Periférico y Distribuidor Vial San Antonio, y los Fideicomisos para obras públicas.

Los puntos en favor de Delgado no vienen solamente por su condición de respetado economista dentro y fuera de México (en un entorno adverso de este gobierno con las calificadoras y los inversionistas), también por sus credenciales de negociador con todos los partidos.

Como jefe de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Delgado le consiguió al presidente la mayoría calificada (que no tenía) para que pasen, como cuchillo en mantequilla, todas sus iniciativas, pues logró el voto para Morena de nueve exintegrantes de la bancada del PRD.

Ambas cualidades, economista de nivel y exitoso cabildero con la oposición, son las que necesitará el mandatario en su partido para los tiempos que vienen: pobre crecimiento económico y afianzamiento de los otros partidos de cara a la elección intermedia.

Pues la mesa está servida para Morena: intransigencia o transigencia.

Que escoja el platillo mejor.