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El futuro del Morena

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Sobra decir que el nombre del Movimiento de Regeneración Nacional, mejor conocido como Morena, pretendía recomponer al estado mexicano no solo en sus formas sino en el fondo: regenerar lo que no se pudo generar, un tejido, un proceso muerto.

Morena en ese arranque nominativo iba mas allá de lo que planteaban otros partidos de izquierda, como el PFCRN que quería un frente de reconstrucción nacional; es decir, seguir el mismo modelo, pero recuperando la perspectiva de Lázaro Cárdenas que decía fue destruida a partir de Ávila Camacho. El ferrocarril, como se conoció por sus siglas impronunciables, acabó siendo instrumento del poder, léase Gobernación, que le dio vida artificial.

Pero fuera de toda interpretación mística o ideológica, Morena fue visto llana y sencillamente como el vehículo electoral de Andrés López Obrador para arribar a la presidencia. Nadie le vio otras virtudes. Las anteriores militancias del líder en el PRI y en el PRD, se diluyeron y Morena surgió como un partido obradorista cien por ciento, cuyo fin concluiría hace un año y un mes, porque el propio López Obrador se propuso de no lograr su propósito, confinarse en su hacienda tabasqueña. No había plan “B”.

Morena tenía su destino marcado de úsese y tírese. Y sigue sin ser un proyecto político útil. No tiene estrategias, no tiene pensadores, carece de operadores, nadie razona argumentos políticos, es un alarido de descontentos pero que están divididos sin remedio.

El partido, una vez que AMLO llegó a la presidencia se precipitó. Sigue siendo un instrumento del nuevo poder para ganar elecciones con personas desconocidas e improvisadas, porque tienen el aval directo del líder. Pero carecen de plataforma para ser eficaces; y como dijo Paco Ignacio Taibo el del Fondo de Cultura Económica, mejor conocido por su florido vocabulario, la gente de este gobierno (casi todos, del Morena) va muy atrás del Presidente y no parecen que puedan alcanzarlo…

Porque el Morena antes de haberse convertido en un proyecto que regenerara la vida política del país, con una propuesta bien pensada y armada para que pudiera transformar el sistema político y el sistema de partidos, se quedó en el nivel del chambismo sin credenciales; en la lucha de imaginar un dedazo de parte de Andrés, para ascender en la burocracia política. En los estados ya hay por lo menos diez aspirantes a gobernadores, porque le hablan de tú, a Andrés. Es el argumento de peso, no hay otro. Se reconstruyen las mecánicas del priísmo, no se regenera algo distinto.

Da la impresión de que el Morena está suelto, que López Obrador le perdió interés y que no pudo escalar en la utopía izquierdista. Ni siquiera es un partido deliberante como decía Gramsci, se volvió monolítico… pero sin disciplina. Algo insólito.

Pero como no hay tiempo que no se cumpla, el Morena tiene que hacer algo mas que existir resaboreando su gran triunfo del 2018 y se prepara para el cambio de dirigentes nacionales antes de finalizar el año.

En el umbral de la lucha interna por la dirigencia están: la actual secretaria general, Yeidckol Polevnski, industrial de no se sabe que empresa, con deficiencias políticas y culturales, ha tenido la virtud de caerle bien al líder, pero ahora, me parece que no. Incrustó a malos elementos que ahora tienen poder, como el locochón alcalde de Los Mochis o el diputado striper. Pero sobre todo en Morena, se habla de malos manejos del dinero, de los 800 millones que ya recibieron, la mitad de lo que le darán este año al partido. Se critica además que se había prometido entregar el 50% al INE bajo el argumento de austeridad; y también de que el 50% de lo que quedara sería para capacitación de cuadros, que les urge a muchos junto con un curso intensivo de primaria. Ninguna de las dos promesas se ha cumplido.

Otra que quiere es la Presidente del Consejo del Morena, la contadora Bertha Luján, con pocas luces. Fue contralora en el gobierno del DF en el que nada cuestionó. Se le considera favorita del círculo familiar de AMLO; pudo colocar a su hija Luisa María Alcalde como Secretaria del Trabajo, con nula experiencia en lo laboral. A Luján se refería muy probablemente Alejandro Rojas Díaz Durán, otro aspirante, cuando dijo que Morena no requería una “empleada del Ejecutivo”.

Uno más. El candidato de la cargada: Mario Delgado, que suma diputados mas que otros, obvio, es su jefe. Le atribuyen cercanía con Marcelo Ebrard, por lo que los especuladores señalan un avance para este político en el estilo de buscar la grande. Si eso fuera verdad, se considera prematuro el pretendido posicionamiento. Para diluir las obvias sospechas se dice que el líder del senado Ricardo Monreal, también está en el barco de Delgado, que por cierto es un típico político chilango desconocido fuera de la capital.

Finalmente está Alejandro Rojas Díaz Durán, a quien no toman en serio las élites morenistas con excepción de su jefe Monreal, de quien es suplente en el senado. Uno, que a pesar de que no gozaría de la benevolencia de los de arriba, puede resultar sorpresivo. Se le conoce porque es batallador y con mas tablas discursivas que sus competidores. Por lo pronto va arriba en las encuestas, su tesis: Morena no existe como partido, lo cual es verdad.

A falta de futuro ideológico, el futuro a la vista en unos meses es esta lucha interna, en la que siguiendo la impronta morenista: los favorecidos de arriba no son bien vistos.