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El odio amenaza la frontera

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Alejandro Zapata.

Los recurrentes y cada vez más frecuentes tiroteos y masacres en el vecino país del norte alcanzaron ahora a la ciudad fronteriza de El Paso, en Texas, considerada una área de migrantes y punto de convivencia entre hispanos y norteamericanos, provocando una tragedia y alarma en la región.

El autor a quien se atribuyen esos aterradores actos Patrick Crusius, es un joven de 21 años, residente en una comunidad a más de mil kilómetros de distancia del lugar donde ocurrió el crimen, hasta donde se sabe se le consideraba una persona solitaria, irritable y seguramente ávido de llamar la atención y ser tomado en cuenta.

La conducta atribuida es calificada como un acto de terrorismo interno por parte de las autoridades estadounidenses, al disparar y causar la muerte de más de veinticinco personas y dejar infinidad de heridos, después de haber publicado un manifiesto en contra de la invasión hispana, lo que implica ser considerado como supremacista blanco y llevar a cabo un crimen de odio, al que el presidente Trump lo denominó de una actitud cobarde.

Por su lado el Presidente López Obrador hace un llamado para que revisen su política de control de armas haciendo la comparación que es más fácil adquirirlas, que obtener una visa. Sin embargo, el punto es más complejo, los tiroteos y masacres que permanentemente se presentan en el vecino país del norte son efectos y no precisamente causas.

Un superficial análisis sobre los perfiles criminales de esos terroristas se perciben conductas similares, profundos rencores, procesos de planeación, el ánimo de causar el mayor daño posible, actuar prácticamente en solitario, nutrir su ego en redes sociales y un deseo por sobresalir, amén de muchas otras condiciones que los particularizan.

Ahora bien, en realidad es un complejo problema que atañe a los norteamericanos y que sin embargo nos afecta a nosotros los mexicanos, de ahí la pregunta ¿qué debemos hacer? Ni los discursos del vecino país de contenidos antiinmigración ni tampoco las series televisivas llenas de violencia o la venta indiscriminada de armas ayudan para bajar de tono, por el contrario, son elementos motivadores de esas conductas.

Si el bien más preciado es la vida, urge en consecuencia fortalecer políticas en materia de derechos humanos donde participen ambos países, pues tenemos puntos de encuentro fronterizos y así como existen lazos de cooperación para el combate al crimen organizado y terrorismo, también es esencial ver el otro lado de la moneda para unir esfuerzos en el eminente respeto a la dignidad de las personas.