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Ahí viene la recesión mundial

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Alejandro Rodríguez Cortés *.

Luego de que el presidente de la República celebró en todo lo alto que al crecer un exiguo 0.1% durante el segundo trimestre de 2019 México se libraba del fantasma de la recesión -que técnicamente llegaría si el dato hubiera sido negativo porque así lo había sido el periodo anterior- se dejó venir la amenaza de que ese fenómeno económico tenga lugar, pero a escala mundial.

La disputa comercial entre Estados Unidos y China, que ya escaló a guerra de divisas cuando el todavía centralista gobierno asiático devaluó su moneda para ganar competitividad frente al gigante norteamericano, ha puesto en vilo a los mercados internacionales, que anticipan una marcada desaceleración global para el año 2020.

Pero este no es el único síntoma. La economía es de ciclos y Estados Unidos registra uno de crecimiento económico que llega ya a 120 meses consecutivos de avance y que seguramente está llegando a su fin.

Durante el periodo enero-marzo de 2019, los gringos crecieron 3.2 por ciento (muy por encima de las expectativas), pero al culminar la primera mitad del año este ritmo ya cayó a la mitad.

Por otro lado, la llegada de Boris Johnson al poder en Gran Bretaña como el principal promotor a como dé lugar de la salida de esta potencia de la Unión Europea prende también los focos de alerta, y más aún con el último reporte de crecimiento del Producto Interno Bruto británico, que se contrajo inesperadamente por primera vez desde 2012 y cayó -0.2% en el segundo trimestre del año.

Este es el panorama global que no genera una perspectiva clara para nuestra economía. No podría ser de otra forma si aún con la expansión estadounidense del primer semestre no fuimos capaces de crecer absolutamente nada. Imaginemos lo que sucederá si el ritmo de la poderosa maquinaria del norte empieza a enfriarse, como todo parece indicar que ya está pasando.

La incertidumbre generada por malas decisiones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien no ha querido enviar señales de certeza a la inversión privada para detonar crecimiento, nos coloca en el peor de los escenarios.

Con el aeropuerto cancelado, los procesos de arbitraje en marcha sobre contratos del gobierno mexicano y empresas internacionales de energía eléctrica, la falta de claridad sobre reapertura de inversiones petroleras al capital privado y una economía pasmada, parece que hemos perdido la oportunidad de crecer algo antes de que la recesión mundial llegue y nos absorba, porque ni siquiera la mal llamada Cuarta Transformación podrá aislarse de la realidad global.

Cuando llegue la desaceleración generalizada en el mundo, México no podrá alegar que “tiene otros datos”.

Aunque, paradójicamente, el gobierno de López Obrador tendrá un nuevo pretexto para justificar su fracaso económico. El primero lo señalábamos la semana pasada: culpar a los empresarios mexicanos por la falta de inversión.

El segundo culpable será la recesión mundial. Pero ya estaremos hablando del 2020.

Mientras tanto, en 2019 AMLO quedará sujeto al juicio de la historia por ser el responsable de que por primera vez en el siglo XXI, México dejó de crecer por razones internas y no por condiciones financieras desfavorables en el entorno internacional.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz