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Trump enferma a los latinos (literalmente)

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Boris Berenzon Gorn.

La violencia en los Estados Unidos está desatada. Por un lado, las incitaciones al odio emitidas desde la propia presidencia han creado un clima de inseguridad que está afectando el desarrollo psicosocial de los migrantes y sus parientes. Los ataques verbales de Donald J. Trump tienen distintas consecuencias, tanto en la salud de las personas de herencia latina como en su integridad, pues dan cabida a agresores movidos por el racismo. Por otra parte, la laxa regulación en materia de armas, de la que nadie se ha querido responsabilizar, sigue causando la muerte de decenas de personas. Mientras tanto, el gobierno actual no hace más que evadir o acrecentar el problema.

En lo que va de 2019, han tenido lugar en los EE.UU. 32 tiroteos que han dejado a su paso decenas de muertos. La fórmula es la misma: un ser con la mente severamente perturbada, cobijado por un gobierno que confunde armas con libertad, entra en un lugar muy concurrido (o lo coloca en su mira) y dispara a cuantas personas puede. El agresor suele terminar suicidándose, detenido o ejecutado por las fuerzas de seguridad (hecho que no devolverá la vida a las personas asesinadas). Aunque la historia se repite una y otra vez (32 veces en un año, tres en una semana), las autoridades siguen sin tomar medidas pertinentes para su prevención. Por lo contrario, personajes como Trump han defendido la portación de armas como un derecho. Pero ¿qué puede saber este hombre de derechos?

Hace unos días, nuestro país se vio sacudido por un hecho lamentable que tuvo lugar fuera de nuestras fronteras, pero que estuvo dirigido en contra de mexicanos. El tiroteo sucedido el 3 de agosto en El Paso, Texas, fue cometido por alguien que, como Trump, piensa que las personas de piel blanca se encuentran un piso más cerca del cielo que todas las demás. La relación no es casual. Es cierto que los supremacistas blancos siempre han existido, como también lo es que están más empoderados que nunca al verse reflejados en quien despacha directamente desde la Casa Blanca. No sirve de nada que Trump “condene” el racismo y el supremacismo blanco: habla sólo de dientes para afuera; sus acciones y el resto de sus palabras no hacen otra cosa que respaldar tan absurda ideología.

Tres tiroteos en sólo una semana: el que afectó a nuestros connacionales y dos más en Dayton, Ohio, y en Gilroy, California. La respuesta “enérgica” de Trump no pudo ser otra que liberar una enorme cortina de humo. Este gobierno está fincado sobre la idea de que hay un enemigo nacional (que son los migrantes latinoamericanos) y de que el avance de la nación se da en función de qué tanto se lastime a ese enemigo. Curioso, porque el “enemigo” es muy bien aprovechado por las élites, que lo contratan en condiciones de explotación terribles, sin recibir por ello ningún tipo de sanción, ni por atentar contra la dignidad humana ni por violar las leyes laborales.

La cortina de humo de Trump consistió, justamente, en un nuevo avance de su política antiinmigración. 680 migrantes sin documentos fueron detenidos en un operativo que tuvo lugar en seis ciudades distintas de Mississippi. Esto sucedió el 8 de agosto, cuando las banderas continuaban a media asta y la gente seguía hablando de la incapacidad del gobierno para evitar los tiroteos. En vez de tomar al toro por los cuernos, Trump decidió montar otro espectáculo que “recordara” a la gente que el “enemigo” no son las armas, sino los migrantes.

Este discurso de odio tiene sus consecuencias más terribles en sucesos como la masacre de El Paso, pero esto no significa que no tenga otros efectos en el bienestar de las personas de herencia latina viviendo en EE.UU. (miles de las cuales nacieron ahí y son ciudadanos estadounidenses). Recientemente, The Washington Post dio cuenta de diversos estudios que han documentado una relación entre la elección de Trump como presidente y problemas de salud como ansiedad, estrés, dificultades para dormir y enfermedades cardiovasculares. Los estudios han encontrado de todo y así seguirán conforme avancen las políticas de Trump y pase el tiempo suficiente para la recolección de datos. Entre los resultados más alarmantes, se ha demostrado una sensación de miedo y estrés que va en aumento entre los jóvenes latinos, la cual provoca problemas de sueño y una elevada presión arterial.

Es en las mujeres embarazadas en quienes más ha repercutido el odio propagado por el presidente. Un estudio publicado en la revista médica JAMA Network Open, de la American Medical Association, demostró que hubo un incremento del 3% en los partos prematuros de mujeres latinas durante los nueve meses posteriores a la elección que coronó a Trump. De acuerdo con los expertos, se ha probado que este hecho suele estar relacionado con desastres naturales, violencia intrafamiliar o racismo. En este caso, estaría ligado a la amenaza trumpista que se respira en el ambiente. Los efectos son fatales, pues los partos prematuros se encuentran entre las principales causas de mortalidad infantil.

Trump está enfermando a los latinos, lo mismo a quienes han llegado ahí sin documentos que a quienes son legalmente ciudadanos de los EE.UU. Mientras la violencia corre, el presidente sigue encargándose de hacer más profundas las divisiones entre sus ciudadanos.

Narciso el Obsceno

¿La vulgaridad y el narcisismo? El psicoanalista francés Jean-Charles Bouchoux, autor de Los perversos narcisistas (2009), con más de 270,000 ejemplares en 33 ediciones (lo que sin duda es un síntoma), muestra cómo la exacerbación del narcisismo se ha vulgarizado. Es tan común que ya es parte de lo que llamamos “cotidiano”, pero afirma que “el perverso necesita al otro, porque él es la parte buena (Dr. Jekyll) y el otro la mala (Mr. Hyde)”. ¿Qué tan corriente es nuestro narcisismo? Quizá el ego lo bañe de su perfumado glamour.