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Ciudad de México: entre el vandalismo feminazi y la ineptitud de Sheinbaum

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Las exigencias de justicia siempre serán bienvenidas, sin importar quién sea la víctima y quién el victimario. Una sociedad que aspire a considerarse “civilizada” debe poner todo de su parte, en todo momento, para que las normas y las instituciones públicas hagan valer el tan ansiado Estado de Derecho.

El problema surge cuando se exige justicia desde la injusticia, desde la violación a la ley, desde el desorden vandálico, desde la predisposición dogmática, desde el quebrantamiento del siempre frágil orden social…

Esto fue precisamente lo que sucedió el lunes 12 de agosto, cuando grupos feminazis se apostaron, primero, en la sede de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y, después, en la Procuraduría capitalina, para protestar contra presuntos actos delictivos cometidos por parte de agentes policíacos en agravio de mujeres. Y lo que imperó, como era de esperarse, fue el vandalismo ciego, totalitario, corrosivo…

Los colectivos feministas cometieron daños y destrozos en pandilla, e hicieron pintas bajo la postura dogmática de que los policías son culpables de todo aquello que se les imputa, y de que las autoridades capitalinas sólo los están protegiendo. La presunción de inocencia, el derecho de audiencia y la prueba fehaciente no tienen cabida alguna en la mitología feminista. Basta con que las redes sociales se inflamen de ira para que el “juicio sumario y popular” trate de imponerse.

La procuración y la administración de justicia, lo sabemos, no es algo sencillo; pero hay personas que, en aras de simplificar, están dispuestas a condenar y a linchar a quien sea. Esto no podemos permitirlo, bajo ningún concepto, porque solamente nos esperarían el salvajismo y la barbarie.

Tres son los casos que, en fechas recientes, han agitado los medios y las redes en relación con presuntos ilícitos policíacos de naturaleza sexual:

a) 10 de julio, cuando una mujer de 27 años supuestamente fue secuestrada y violada por dos policías en el Hotel Pensilvania, ubicado en la Colonia Tabacalera. Los policías han sido vinculados a proceso y se hallan en prisión preventiva.

b) 3 de agosto, en la madrugada, cuando una chica de 17 años fue supuestamente violada en Azcapotzalco, a unas cuantas cuadras de su casa, por cuatro policías. Las investigaciones, que han incluido periciales biomédicas y bioquímicas, no han logrado aportar al menos indicios suficientes para poder vincular a proceso a algún policía.

c) 8 de agosto, cuando un policía supuestamente abusó de una menor en los baños del Museo Archivo de la Fotografía. Al policía se le dictó prisión preventiva como medida cautelar y la investigación está en curso.

De ser demostrada la comisión de estos ilícitos, por supuesto que toda la sociedad debe exigir castigo para los culpables y compensación para las víctimas.

Pero el cumplimiento de la ley no se puede exigir violando la ley, por lo que hay que esperar a que las autoridades ministeriales y judiciales cumplan con el mandato de la ley y, por supuesto, vigilar con extremo rigor el desempeño de tales autoridades.

¿Desconfiamos de las autoridades? ¡Bien! Porque eso nos debe llevar a una extrema vigilancia y evaluación de las mismas, pero nunca a su suplantación por “juzgados populares” sedientos de sangre.

Y aquí está justo el problema: las sectas feministas exigen justicia mientras descreen radicalmente de quien la imparte. ¿Entonces quién queda para impartir justicia? Pues justamente esas sectas, y ya conocemos el resultado. Lo que sucedió el pasado lunes 12 es sólo una muestra de la “justicia feminista”.

A estas alturas de la historia de la humanidad, ya sabemos que el feminismo es en realidad una ideología reduccionista, maniquea, dogmática, totalitaria, androfóbica, violenta, sectaria, victimista y chantajista… Contra lo que muchos creen, el feminismo niega más derechos humanos que los que dice reivindicar y defender.

Ningún criterio científico puede obtenerse de la mitología feminista, por lo que todo lo que caiga en sus manos será destrozado por la fuerza bruta de la demencia y del resentimiento.

Es cierto que no podemos negar las claras deficiencias que, en materia de seguridad pública, tiene el gobierno de la morenista Claudia Sheinbaum: su gestión ha sido muy decepcionante. Resulta evidente, además, que Jesús Orta y Ernestina Godoy han resultado ser un par de ineptos, al igual que su jefa. Y por supuesto que esta tríada es responsable, en buena medida, de la violencia y la inseguridad pública que afecta a todos los capitalinos… ¡a todos los capitalinos!

Sheinbaum, Orta y Godoy tienen un encargo legal que no han sabido cumplir. Así de fácil…

Y por supuesto que siempre será bueno exigirles a estos inútiles e ineficientes “servidores públicos”, que nos provean, con eficacia, de uno de los servicios más esenciales a cargo de todo gobierno, a saber: el servicio de seguridad pública.

Sí, sí, sí… nos queda claro que Claudia Sheinbaum nos ha quedado a deber; más aún porque, al igual que su patrón Andrés Manuel López Obrador, se obstina en aplicar la absurda “austeridad republicana”, cuando todos sabemos que una buena política de seguridad pública siempre requiere de copiosos recursos, comenzando por los recursos que se aplican para la operación del sistema público de videocámaras y para el control tecnologizado de los agentes policíacos.

Todo esto lo sabemos, pero ni así se justifica el funesto vandalismo feminista que vimos el pasado lunes 12.

Si algún miembro de la policía ha cometido un delito, por supuesto que debe ser sancionado con todo el rigor de la ley. Pero justamente porque debemos atender al “rigor de la ley”, la responsabilidad penal de cualquier agente del orden debe quedar plenamente demostrada, con base en parámetros científicos y no en actos de fanatismo sectario.

Un relato personal no basta para repartir culpas, como tampoco basta un acto de fe: “¡Yo te creo, hermana!”…

La justicia penal es un asunto muy serio que no debe quedar sometido a “creencias”, sino a “demostraciones”. Si el Derecho Penal Moderno ha podido avanzar sobre bases firmes en los dos siglos más recientes, es porque se ha basado en el método científico, en la demostración empírico-racional, en la prueba fehaciente.

La mitología feminista, bien lo sabemos, pretende someter con sus dogmas y fanatismos al Derecho Penal Moderno. Hordas rabiosas e irracionales de feministas pretenden decidir quién es culpable y quién no, sin importar las evidencias, la pruebas, las demostraciones.

Lo que atestiguamos recién, pues, no fue un acto legítimo de exigencia de justicia, sino un conjunto de lances vandálicos acompañados de insustentables imputaciones de responsabilidad penal. Una clara hechura feminista, pues.

Y por supuesto que queda en manos de las ineptas autoridades capitalinas de MORENA (Sheinbaum, Orta, Godoy, etc.) la tarea de elevar sus estándares de desempeño, para que la procuración e impartición de justicia se sustente en la ciencia criminológica: no podemos permitir que la justicia quede atrapada en las arenas movedizas de la mitología feminista.

Y, por cierto, al cierre de este artículo me entero de que la inepta de Claudia Sheinbaum ha separado de sus funciones a seis elementos policíacos, mientras avanzan las investigaciones. A ver, ¿tienen o no tienen la Jefa de Gobierno, el Jefe de la Policía y la Procuradora, elementos para someter a juicio a esos policías?

Con palos de ciego y golpes mediáticos no se puede avanzar…

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine