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“Los chicos se están peleando”

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Ethel Riquelme.

Las diferencias con un ala del gabinete del que formaba parte empezaron desde su designación. Desde el seno del PRI le solicitaron a Peña Nieto quitarla; campañas en su contra fueron orquestadas desde Los Pinos, para el final del sexenio, las tensiones eran tales que ya se gritaban en privado, se ignoraban en público, se corrían venganzas en secreto y rechazaban estar juntos en reuniones con el presidente.

Rosario Robles heredó el aprecio y simpatía que le tenía Peña Nieto. Mientras Meade y “los chicos” heredaron de Videgaray el odio contra ella. Ahora, la Fiscalía podría volver a unirlos, pero la reunión sostenida ayer entre Meade y el actual Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, en Palacio Nacional, deja en claro que el gobierno de AMLO ya tomó partido.

Además de las venganzas en forma de presupuesto y autorizaciones hacendarias, era difícil sobrevivir en un gabinete abiertamente identificado como misógino. Pocas veces se hizo público, pero desde el primer día, el Secretario de Hacienda,  Luis Videgaray determinó que las mujeres del gabinete ganarían menos sueldo que sus colegas secretarios. Sí. Las titulares de la Secretaría de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga; de Salud, Mercedes Juan López, y de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, cobraron 124 mil 500 pesos  y los “chicos” del gabinete 139 mil 300, no era la cantidad, sino el nivel de la plaza.

Por eso, la ex funcionaria, hoy en prisión preventiva por un delito que no amerita detención solo “para poder desarrollar la investigación durante dos meses” –según declaraciones del juez del caso— se refiere siempre a un ataque de género y misoginia.

En el afán de supervivencia tras lo sucedido a uno de su clan, Emilio Lozoya, los ex leales de Peña han decidido entregar “pruebas” que involucran a Rosario. El golpe –asegura el grupo de Rosario— viene de ellos. “Los chicos” han llegado demasiado lejos a la confabulación con el sistema judicial, al manejo de jueces, pruebas y a la falta de memoria sobre la cantidad de pruebas con que cuenta la exfuncionaria sobre la operación de los recursos validados por la Secretaría de Hacienda.

No por nada, fue el propio José Antonio Meade quien reemplazó a Rosario en la Secretaría de Desarrollo Social a fin de dar seguimiento a los planes creados desde la SHCP por su entonces superpoderoso jefe Luis Videgaray, antes de que fuera removido a la Cancillería y perdiera por un error fatídico todo el poder de influencia ante el ejecutivo.

Rosario llegó originalmente al gabinete para aportar a un PRI capitalino casi desaparecido, sus conocimientos de construcción de acuerdos, creación de estructuras sociales, liderazgos comunitarios, redes electorales y todas las que ostenta desde su juventud marxista.

Sin embargo, la reacción de un priísmo soberbio fue terrible contra Rosario Robles. El PRI acababa de arrebatarle la presidencia al Partido Acción Nacional, tenían a los medios de comunicación con presupuestos publicitarios nunca antes vistos y económicamente bien aceitados los aparatos corporativistas, no creían necesitar a alguien que venía de la izquierda y los había atacado sistemáticamente, pupila de Cuauhtémoc Cárdenas, creador del cisma más grande del priísmo, amiga de Andrés Manuel López Obrador y le atribuyeron desde el primer momento actos de ilegalidad, particularmente corrupción, que nunca documentaron.

El equipo de Rosario Robles decía siempre “vamos por un plan más grande. La tarea que le dio el presidente Peña a Rosario es mucho más grande…”. Nunca quedó claro el objetivo,  pero no era definitivamente la parte financiera, sino la política, la electoral que al final Peña Nieto abandonó y entregó a manos abiertas a López Obrador en una batalla bien ganada por Morena.

La “Estafa Maestra”, no era el fin, sólo el medio. La operación de los recursos, su designación, destino, concentración y disposición estaban en manos de la Secretaría de Hacienda que, entre otras cosas también dispersó recursos trianguladas mediante universidades e instituciones a otras dependencias, no sólo a la Sedesol o Sedatu.

Por eso, la clave está en dónde quedaron esos recursos y, en todo caso, el castigo para Rosario es no haber tenido presente que “quien con niños se acuesta, orinado se levanta”.