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Rosario, los Cómplices, los Cobardes y el Peor Presidente

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Lo que tenía que pasar, pasó. Rosario Robles quien se iniciara en el sindicalismo universitario escaló como ninguna mujer lo ha hecho, puestos a nivel de Gabinete, liderazgo partidista, incluso la jefatura del Gobierno de la capital; pero más que todo, tuvo en sus manos todas esas ocasiones, un excepcional recurso presupuestario, y ya cayó.

Por fin la exfuncionaria fue atrapada por la justicia, con su dosis de consigna de venganza, por pecados políticos pendientes más que por sus habilidades para birlarle al pueblo el dinero que falta, que es mucho más de lo que tratan de acreditarle. Mientras no se vaya con todo y por todos, la duda de un chivo, chiva expiatoria en este caso, persiste.

Porque Rosario tiene cómplices arriba, abajo, a los lados y todos están muy calladitos, porque prefieren pensar que no los van a alcanzar porque no se opusieron tan abiertamente como la señora contra López Obrador, que en eso de tener puestas las faldas, es cierto.

Otros cobardes ya corrieron y aventaron hasta a su madre, como el amanerado de Lozoya que no sabe ser mafioso ni de tercera, porque mafiosos son, porque esos pandilleros son cobardes, estén vestidos del lado de la ley o en contra, porque siempre actúan en ventaja y en bola. Solo los corridos y la banda, los hace héroes valientes, porque como los históricos Villa o Zapata, mataban indefensos con las manos amarradas. No en balde están en letras de oro en el Congreso.

Rosario al menos fue directo al matadero y por supuesto que sabría que iba a ser detenida. Lo que se comió es para empachar a un elefante…. ¡Pero eso sí, no se lo zampó sola!

El armador de los tinglados recientes fue el oficial mayor en las dos ocasiones en que Rosario fue secretaria: Emilio Zebadúa, un exconsejero del IFE, hoy INE, con perfil de intelectual y simulador, propio de los consejeros de esa dependencia, pero audaz en sus raterías. Todos en México lo sabían y le recomendaban a la Robles que se deshiciera de él. Los Cárdenas proponían a un extesorero de Michoacán en su lugar. Misteriosamente le imputaron un delito los priístas de ese estado, y tras el escándalo en los medios, en unas horas salió el afectado olvidándose de apetecer ese cargo.

Rosario era aliada cercanísima de Miguel Ángel Osorio Chong, ella comandaba vía Ramón Sosamontes, otro incondicional, la asesoría para su campaña política y Zebadúa era uno de los recolectores de dinero para el mismo fin. No se lo iban a quitar a Osorio.

De hecho la señora Robles fue apadrinada por Osorio con el argumento ante Salinas y Peña, para que tirara al PRD del gobierno de la Ciudad. Eso incluía dejar de lado a los obradoristas también, a toda la izquierda, de la que decía ser fervorosa creyente.

Lo de avanzar sobre la Ciudad de México, fue un pretexto, porque no es posible que un improvisado como Miguel Ángel Mancera, jamás fue severamente cuestionado de tantos yerros cometidos, al grado de que incluso supuso podría ser candidato a la presidencia de nuestro país. El compromiso de Rosario Robles era jugársela a morir con el secretario de la SEGOB, que tenía como única preocupación sustituir a Peña Nieto. Sus prioridades subordinas eran luchar contra Videgaray, aliarse con los atlacomulcas y dejar que el crimen hiciera lo que quisiera.

Pero los cómplices saben que la víbora está chillando, y que la pandilla es enorme; allí están los rectores, directores y funcionarios de las universidades que se prestaron para lavarle el dinero a la Robles y a Osorio.

En otra investigación se menciona al Zebadúa de Gobernación, un porro, Jorge Márquez Montes que inflaba presupuestos de la seguridad pública, era el “cochinito” para el Chino Osorio. Terrible, monumental e insaciable puerco gordo era el que alimentaban.

¿Cómo estarán los cosas? Que sabiendo que los traen, se atrevieron a mover tres millones, que el Osorio prefirió perderlos, que admitir que los movía seguramente para pagar sobornos o a la defensa de la operadora de sus ambiciones. ¡Qué malos son los malos! Dos colaboradores del hidalguense van a pagar la lealtad al crimen. Es la “Omertá”, el silencio de los mafiosos lo que los mantiene cohesionados, unidos hasta en la prisión, ya veremos.

Pero todo, absolutamente todo conduce al que se ostentaba como jefe, del que bautizó Francisco Labastida, como “El Peor Presidente de México en su Historia”: Enrique Peña Nieto, un capo de tutti capi, uno que autorizó todas las estafas, las de los gobernadores, las obras infladas, las cobradas y no realizadas; y por su puesto la “estafa maestra” obra singular de las cañerías, que se llevó entre las patas a las simuladas investigaciones universitarias.

Lo peor es que todo México sabía lo que se esperaba con el saqueo de Peña Nieto, desde antes de que fuera electo; incluso un servidor, dicté una conferencia advirtiendo los riesgos de votar por el PRI, con datos y analizando lo que sucedía en el entorno de un Calderón empeñado en sacar adelante a la clica atlacomulquense. Se los dije en la Extensión Universitaria del ITAM. No me volvieron a invitar desde entonces.

Y hablando de la madriguera de los Meade y Videgaray, el curso de los acontecimientos debe seguir con todos ellos, decía, para alejar sospechas de venganzas. Porque ya salió el peine y el lugar de tapadera profesional que tenía Meade en ese sexenio y en el Gobierno de Felipe Calderón. Por eso lo quería Videgaray de limpiador, aunque con la Robles no hizo su verdadero trabajo de tapar la cloaca, y también es cómplice.

Moraleja: no hay que perdonar las estafas ajenas porque la ley no lo perdona y no prescribe, aunque lo haya ordenado el que manda. El dinero es también ajeno, es de los contribuyentes ¡Aguas!