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Feminismo = Fascismo

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Fue el pasado viernes 16 de agosto, en la Ciudad de México, la Ciudad Gótica de nuestros tiempos. Llegaron las feministas a la Glorieta de Insurgentes como era de esperarse, porque siempre actúan de la misma manera: cubiertas del rostro, como quien tiene la certeza de que actúa de forma ilegal y, por eso, no quiere ser identificada. Y a destruir todo lo que estuviera a su alcance, a agredir a quien se pudiera… ¿para lograr qué?

El vandalismo en pandilla garantiza la impunidad, sobre todo en tiempos del (des)gobierno de MORENA que, por instrucción del Gran Timonel que habita el Palacio Nacional, “no reprimirá al pueblo”: ¡listo!… ya se cuenta con permiso gubernamental para delinquir, siempre y cuando se haga en pandilla y apelando a “causas populares”, o sea, a causas santificadas por la estúpida cultura de lo “políticamente correcto”.

Sí, así es, la Cuarta Transformación ha sido involutiva: de la consabida deficiencia de las instituciones de seguridad pública y de procuración y administración de justicia, estamos transitando a los tiempos del salvajismo y de la barbarie (Morgan), estamos regresando al “caos originario”, donde siempre gana el más fuerte, donde impera la ley de la jungla, donde nada se puede exigir de forma civilizada porque la civilización no cuenta, para nada.

Irracionalismo feminista, Ciudad de México. agosto de 2019

Exigir justicia desde el vandalismo colectivo resulta sumamente contradictorio. Nada ha salido de la violencia ciega, rabiosa y absurda, como no sea más violencia ciega, rabiosa y absurda… La historia no miente.

Las feministas, las feminazis, las fascistas del polvo rosita o morado, salieron a protestar por actos delictivos que aún no han sido probados, que aún siguen siendo investigados. Y, de hecho, algunas de las investigaciones, como la de la supuesta “violación de Azcapotzalco”, comienzan a arrojar datos que apuntan a que dicha violación nunca sucedió, que la supuesta víctima mintió…

¡Bah, pero eso no importa, porque el feminismo se basa en dogmas, en creencias, en posturas irracionales!

“¡Yo sí te creo, hermana!”, gritaban y gritaban las feministas hasta desgañitarse: el equivalente político a “El Duce siempre tiene la razón”. Fascismo puro… ¡qué asco!

Es obvia la esencia fascista del feminismo: tiene su propia “fuente de verdad”, que se deposita en una masa furibunda y manipulable que encarna el “espíritu del pueblo”, mismo que habla por la boca de los líderes a través de consignas indemostrables y altamente irracionales, para ejercer violencia sistemática como forma de dominación política.

Feminismo = Fascismo… ¡así de simple!

Sólo los imbéciles, los distraídos y los cómplices no se han dado cuenta de esto.

Las masas violentas salen a las calles para imponer su verdad, tal como lo hacían los “camisas negras” de Benito Mussolini: con vandalismo callejero contra “sus rivales”. Los “camisas negras” no trataban de convencer con argumentos, porque simplemente no los tenían: ellos tenían cachiporras; con ellas amenazaban, con ellas golpeaban, con ellas destruían… ¡y siempre en bola, en pandilla!

La Marcha sobre Roma (1922), culmen del pandillerismo fascista, fue el trampolín para el ascenso de Mussolini hasta las más altas esferas del poder en Italia, para imponer su “imperio” de creencias (de suyo irracionales) y su sistema de violencia y opresión. El Rey Víctor Manuel pensó, ilusamente, que cediendo ante Mussolini acabaría con su amenaza: gran error… El mismo error que cometieron en Alemania al pensar que, con Hitler en el poder, éste menguaría su fanatismo: fue al revés… Lo demás, es historia.

Benito Mussolini

Creencias irracionales activadas a través de masas manipulables para doblegar a las instituciones del Estado (y mejor si el Estado está en crisis). Las instituciones gubernamentales terminan siendo rehenes de los grupos fanáticos y violentos.

¡Ah, México, pero qué importa que las supuestas violaciones sexuales cometidas por agentes policíacos no hayan sido probadas, si existe la “cultura de la violación”, si existe el “heteropatriarcado capitalista”, si existe el “neoliberalismo misógino”!

Las supuestas violaciones son sólo un pretexto para salir a las calles a vandalizar lo que se pueda, a agredir a quien se pueda, a tratar de imponerle al mundo la muy bien financiada mitología feminista (también llamada “perspectiva de género”), que, como ya lo sabemos, se trata sólo de una ideología reduccionista, maniquea, dogmática, anti-científica, totalitaria, androfóbica, violenta, vandálica, gansteril, sectaria, victimista y chantajista…

El pretexto es lo de menos… ¡la creencia y la masa lo es todo! De nuevo el fascismo de origen.

Increíble que las feministas protesten contra la “cultura de la violación” (vulgar invento feminista), cuando las propias feministas ejercen la “lógica de poder del violador”: superioridad física y fuerza amenazante que se impone en el cuerpo “del otro”, que doblega la voluntad “del otro”.

Todo acto de abuso supone una superioridad efectiva y real de una persona hacia otra. Cuando las feministas hablan de la “cultura de la violación” están describiendo sus prácticas políticas. No tienen argumentos convincentes, nunca los han tenido: lo que tienen es la fuerza impositiva de la horda rabiosa, la fuerza impositiva que doblega la voluntad ajena… ¡tal como lo hace un violador con su víctima!

No, las feministas no están en contra de la “cultura de la violación”: sólo están en contra de las violaciones que ellas mismas no cometen.

Se quejan de los piropos que las incomodan; piropos que sólo son viento que bien pueden no tomarlo en cuenta, porque las personas maduras y sensatas saben valorar las palabras según quien las dice. Pero no tienen empacho en arrojar diamantina a la cara de la gente, con la posibilidad incluso de dañar la vista de las personas que son objetivamente agredidas.

Las feministas protestan porque las instituciones de procuración y administración de justicia son lentas (como si sólo fueran lentas para ellas) y, en cambio, postulan un nuevo sistema de justicia que todo lo resuelva, en fast track, siempre a favor de las mujeres que se digan víctimas: “¡Yo sí te creo hermana y se acabó… todo mundo sometido a mi caprichosa voluntad!”.

La verdad jurídica, política y metafísica será aquello que manifiesten las mujeres que se digan y se sientan “víctimas”… ¡vaya dogma, ni el de la Santísima Trinidad!

Y si no es así, hay que salir a destruirlo todo. De esto se trata: “Si el mundo no se somete a mi voluntad —dice el infante caprichoso y berrinchudo— lo destruiré todo”. El feminismo es una modalidad del infantilismo político…

¿Se imaginan un sistema de justicia operando bajo el dominio de la mitología feminista? Los varones serían culpables de todo hasta que demuestren su inocencia, no habrá derecho de audiencia y las pruebas serán pesadas en la balanza del dogmatismo androfóbico del feminazismo… ¡el regreso de las ordalías medievales!

Está totalmente claro: cuando decimos “feminismo” estamos ciertos de que nos hallamos ante un “fascismo de izquierda” (Habermas y Horowitz), es decir, ante un movimiento sectario y fanatizado de masas que, so pretexto defender banderas sociales, ejerce la violencia torpe (y hasta contraproducente), el autoritarismo ciego y hasta el terrorismo como forma básica de acción política, a la vieja usanza de todos los movimientos políticos que se enraizaron en el irracionalismo filosófico del s. XIX y que encuentra en el s. XX sus expresiones más depuradas y perniciosas: el fascismo y el nazismo.

Jürgen Habermas

Bien lo ha expuesto el anciano pero lúcido Jürgen Habermas: el “fascismo de izquierda” incluso se opone a la izquierda moderna, la que ha sabido avanzar sobre las bases firmes y sólidas del discurso racional, del funcionamiento de las instituciones democráticas y de la firme oposición a la violencia ilegítima tanto del gobierno como de los grupos sociales.

Buen conocedor de la evolución de la izquierda mundial, pero sobre todo de la europea, Habermas sabe que la izquierda ha ganado más terreno cuando se ha bajado del tren de la “revolución proletaria” (y sandeces similares) para asumir la lógica de los avances paulatinos sustentados en la acción colectiva bien articulada, eficaz y constante dentro de las instituciones democráticas del Estado Moderno.

Gracias a esta lógica de acción política se pudo concretar la Revolución de los Claveles (Portugal, 1974), la Transición Española (1977-1978), la Revolución de Terciopelo (Checoslovaquia, 1989), la Caída del Muro de Berlín (Alemania, 1989), el colapso incruento de la URSS (1989-1991) y hasta la transición a la democracia en América Latina.

Curioso: las feministas dicen ser “de izquierda”, pero queda claro que su “formación política” se reduce a los panfletos que reparten en sus marchas vandálicas; panfletos que se reducen a unas cuantas consignas totalitarias que se aprenden, como si se tratara de villancicos navideños, para poder repetirlas ad nauseam en sus actos de desahogo histérico y masivo que ningún avance consiguen en el mundo real.

Así es… el feminismo es sólo un vulgar “fascismo de izquierda”, y esto a lo sumo…

Para acabar por hoy, sólo una pregunta capciosa, mis estimables lectores: después del vandalismo contra el Monumento a la Independencia, ¿alguien sabe en dónde quedó tendido el cadáver del “maldito heteropatriarcado capitalista”?

¡Ah, un motivo más para alimentar mi natural misantropía!

La especie humana es estúpida y, si marcha con diamantina rosita (o morada), es doblemente estúpida…

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine