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Urgen recursos sociales y para el campo

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

La realidad de México es muy cruda y depende de mucha gente, tal vez más de lo que imaginan las autoridades, de los recursos federales para sobrevivir.

Ayer por ejemplo reconocía el titular de SEDESOL en Veracruz, Guillermo Fernández Sánchez, que en ese estado se han aplicado solo el 8% de los más de 409 millones presupuestados para ese fin.

El responsable del área apuesta a que no se produzca un subejercicio y que se logre colocar el restante en lo que va del año. En estos 8 meses de la nueva administración no ha sido suficiente lo erogado.

Por una parte se entiende que se necesiten ajustar los programas a los objetivos que plantea el nuevo gobierno y que había que peinar lo más posible, los esquemas para que no se destinaran para beneficiar intermediarios como se ha declarado. Lo cierto es que el destino ha alcanzado las intenciones más razonables.

Porque independientemente que los apoyos sociales han sido interpretados desde el poder en diversas administraciones, para sostener estructuras de poder electoral como se ha señalado reiteradamente, el hecho es que el país ha transitado con ese compromiso desde hace varias décadas y son muchos los que dependen de esas cantidades para su sostenimiento.

Y es ahí donde surgen los cuestionamientos que a veces se oponen entre sí, unos que buscan una racionalización necesaria y otros que reiteran que por lo pronto no hay que parar el flujo.

Lo mismo sucede en los programas de apoyo a la producción agropecuaria porque de ellos depende que no se caiga en la inacción, de la que los hombres del campo son susceptibles de caer, ante los cambios que no encuentran toda la explicación que quisieran y que produce incertidumbre por los retrasos de la reestructuración de los mandos locales de la Federación, donde no se sabe a ciencia cierta cómo van a quedar ni las reglas que se van a aplicar.

El tiempo corre y queda todavía la esperanza de que las cosas se acomoden y que los logros de la producción no se detengan.

El campo mexicano es un baluarte que requiere dedicación y una estrategia que considere los apoyos e insumos imprescindibles, como son implementos, obras de infraestructura hidroagrícola, sistemas de riego, semillas y una gama muy completa que los productores requieren.

Es una oportunidad ir construyendo los factores para hacer despegar la economía del sector rural sobre nuevas bases, que por cierto, no pueden surgir de una generación espontánea, sino de esfuerzos paulatinos pero continuos.

Ojalá que los compromisos de los funcionarios sean oportunos y se pueda salir a tiempo para avistar un horizonte de real bienestar productivo.