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El mundo contra Assange: entre la difamación y la teoría de la conspiración

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México.- La persecución política de la que Julian Assange, fundador de WikiLeaks, ha sido blanco toma cada día tintes más siniestros. Las acusaciones en su contra siguen en aumento, se le señala lo mismo de ser un depredador sexual que de haber hecho mal uso de los recursos de Ecuador, el país que le dio asilo político, y de establecer un centro de espionaje de talla mundial en la embajada del país sudamericano.

En un momento como éste, en el que la guerra mediática contra Assange está a todo lo que da, hay que ser más críticos que nunca, analizar cuáles son las fuentes y las intenciones de las denuncias y, sin llegar al extremo contrario de canonizarlo y perdonarle todo, poner al frente la presunción de inocencia.

Recordemos que Julian Assange fundó WikiLeaks en 2006 con el propósito de liberar informes y documentos filtrados desde fuentes oficiales cuya relevancia fuera fundamental para la sociedad. Podemos o no ser idealistas y creer a pie juntillas las metas de la organización, igual su objetivo manifiesto es el de revelar comportamientos poco éticos o incluso ilegales de los gobiernos del mundo. En 2010, Assange fue señalado de “conspirar” en contra del gobierno estadounidense junto con Chelsea Manning, entonces analista del ejército de los EE. UU. Manning sacó a la luz pública un video en el que las fuerzas armadas de su país asesinaban, desde un helicóptero, a un grupo de civiles en Irak, entre quienes se encontraban un par de periodistas de la agencia internacional Reuters.

Sin embargo, la revelación de este crimen de guerra no fue el motivo inicial de la acción penal en contra de Assange. En 2010, el activista fue acusado en Suecia de violación y acoso sexual por dos víctimas distintas. Desde entonces, Assange desapareció de la faz de la Tierra y no se volvió a saber nada de él hasta que se le volvió a ver en Londres, donde, ante el temor de ser extraditado, se refugió en la embajada de Ecuador. Los temas, sin duda, son muy sensibles. El que simpaticemos o no con la lucha de Assange es una cosa, pero no hay que confundir la gimnasia con la magnesia. Así como él tiene derecho a la presunción de inocencia, las víctimas de los delitos cometidos tienen derecho a ser escuchadas. Lo importante aquí es que ambas partes tienen derecho a una investigación y un juicio justo, que no sea utilizado como botín político internacional y que no se resuelva en los tribunales mediáticos.

Pero la realidad dista mucho de los ideales, lo cierto es que ese caso fue desde el principio utilizado como parte de la campaña mediática contra Assange. Una campaña que va viento en popa desde su reciente detención en Reino Unidos y desde que el gobierno de Ecuador retirara la protección que antes le otorgara. Assange ya no sólo es acusado de estos delitos sexuales o de conspirar para revelar crímenes de guerra, ahora se asegura que es la cabeza de un sistema de espionaje que habría funcionado a costa del erario del país sudamericano.

Tras retirarle su apoyo, el gobierno de Ecuador, ahora encabezado por Lenín Moreno, asegura que tienen “todas las pruebas de que la habitación en la cual residía el señor Assange se había convertido en un centro de espionaje para poder observar, para poder detectar mediante el hackeo ciertos elementos de defensa, de economía, de política por parte de los países hermanos”. La cadena de noticias CNN dio a conocer que tuvo acceso al inventario de los bienes encontrados en la habitación donde se refugiaba el activista. Se habla de decenas de computadoras, celulares y otros dispositivos. Es cierto, a los ciudadanos promedio estos elementos nos parecen suficientes para creer que existía un centro de espionaje, pero ¿qué creen? Que nosotros no somos jueces y que al filtrar esta información a los medios lo que está haciendo el gobierno de Ecuador es interferir con el debido proceso, hiriendo la secrecía de un proceso penal de esta magnitud.

La semana pasada, el gobierno de Moreno también aseguró que Assange aspiraba a la presidencia de su país, Australia, y que Ecuador habría financiado estudios para evaluar el panorama electoral de esta nación. El secretario anticorrupción del país sudamericano denunció que “dineros de los ecuatorianos fueron utilizados por ejemplo para hacer un estudio de mercado para ver si el señor Assange tenía posibilidades electorales en su país de origen”. Acusación que se suma a la revelación de que Ecuador habría gastado 6 millones de dólares en proteger a Assange de 2012 a 2018.

Las acusaciones siguen aumentando exponencialmente. El objetivo, más que la justicia, es dañar la imagen de Assange lo suficiente como para invalidar todas las revelaciones que la organización que fundó ha hecho y, probablemente, seguirá haciendo. El propio relator de la ONU contra la tortura ha señalado que “dado el prejuicio público y oficial fuertemente perceptible en contra de Assange en EE.UU., existen serias razones para dudar de que reciba un juicio justo ante un órgano judicial imparcial como lo exige la ley de derechos humanos”. Nils Melzer asegura que en sus veinte años de trabajo como relator “nunca había visto a un grupo de estados democráticos que se unieran para aislar, demonizar y abusar deliberadamente a un solo individuo durante tanto tiempo”.

Melzner advierte que de llevar a Assange a EE. UU. será sometido a tortura y tratos crueles. La madre del activista lo reafirma: “Assange está siendo lenta, cruel e ilegalmente asesinado por los gobiernos de EE. UU. y Reino Unido”. Mientras tanto, Manning enfrenta la posibilidad de pasar 18 meses en la cárcel por negarse a declarar en contra del activista. El desenlace de esta historia aún está por verse.