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Alcohol y negligencia

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Marissa Rivera.

Las redes sociales se han encargado de mostrarnos con crueldad una realidad que no nos es ajena.

Los canales de Xochimilco han pasado de ser un referente turístico de la Ciudad de México, a una gran cantina sin vigilancia para los jóvenes.

Chema, un joven poblano de 20 años de edad, cayó de una trajinera, se hundió, se enredó con el helecho acuático y ya no salió del agua. Su última imagen quedó en un celular, mientras su sombrero flotaba. En los primeros momentos ninguno de sus amigos intentó rescatarlo, hasta que uno se lanzó, pero ya nada pudo hacer, Chema había desaparecido.

La tragedia pudo haber sido peor. El nivel de alcohol y la negligencia, pésima combinación.

En los exámenes que les practicaron al resto de los jóvenes que iban en la trajinera, según el reporte de la policía, revelaron que traían un alto grado de alcohol en la sangre. Iban ebrios.

No es la primera vez que una persona muere ahogada en los canales de Xochimilco. Han sido varias y la mayoría debido al excesivo consumo de alcohol.

Lo lamentable, es ver de manera cotidiana, a grupos de jóvenes alcoholizados en las trajineras. Sin restricciones, con la cantidad de alcohol que puedan cargar.

Y aunque nadie ha puesto orden en los canales de Xochimilco y aunque la venta de alcohol sea uno de los principales negocios de los lugareños, no los podemos culpar a ellos.

Un lugar de tradiciones, costumbres e historias ancestrales, que le permitieron la denominación de Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO y que recibe más de 2 millones de visitantes al año, se ha convertido, como alguien lo dijo hace tiempo, en una cantina flotante.

Y no solo jóvenes, también los adultos se alcoholizan en los canales de Xochimilco. Pero en especial me preocupa la manera de beber de nuestros adolescentes y jóvenes. Lo hacen hasta perder la conciencia, los envalentona y los hace más irresponsables.

El consumo de alcohol en México inicia entre los 10 y 14 años de edad. Los estudios señalan que un niño comienza a beber por dos causas: la permisibilidad por parte de los padres y por las compañías, así es, los amigos que ya beben alcohol y los incitan.

¿Hasta dónde es responsabilidad de los padres? No podemos exigir que ya no vendan alcohol, porque se pueden emborrachar y ocurrir una desgracia. Al contrario, si venden alcohol, nuestra responsabilidad es la medida. No debemos endosar culpas. Mejor hagámonos responsables del comportamiento de nuestros hijos.   

Tuvo que ocurrir otra tragedia para una nueva reglamentación para prestadores de servicios y usuarios de trajineras a partir del 1 de octubre.

No se prohibirá el consumo de alcohol, pero sí se va a limitar.

Será obligatorio que las trajineras traigan chalecos salvavidas para todos los ocupantes, entre otras reglas.

Esperemos que ahora si las autoridades de la Alcaldía de Xochimilco estén al pendiente de lo que ocurre en sus canales. Aunque no es con prohibiciones como se atienden las crisis. El turista debe recibir garantías de un viaje seguro y placentero, sin limitaciones.

Si uno va a echar relajo y beber, las consecuencias pueden ser graves.

Lo peor sería culpar a quienes brindan cualquier servicio en las trajineras, la forma de beber y de comportarse es un tema que nos compete a los padres.