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Malogros y secuelas

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Carlos J. Pérez García.

Vino del futuro, y sólo dijo: Ha sido horrible, lamentable. Pues aun con las mejores intenciones, cada día se identificaron más pifias y fracasos o frustraciones en nuestro malogrado gobierno federal. Y de allí podemos derivar algunos desenlaces o deducciones.

Podrán contestar ustedes que todo eso no tenía que ser tan catastrófico, pero me atrevo a asegurarles que sí. Que podía serlo… aunque por los tiempos y la buena fortuna todavía no llegamos ahora a ello.

Los malogros significan fracasos. Y, bueno, de éstos ya se aprecian hoy demasiados en este afanoso y pretencioso gobierno. Las secuelas vienen a ser consecuencias o deducciones, derivaciones pues.

De entrada, la retórica de reiteradas palabras y los símbolos en ciertas decisiones tienden a alejar al gobierno de la cruda realidad,… de la verdad o los hechos medibles. Sus feligreses y colaboradores quieren creer, pero a la sociedad civil le cuesta más aceptar o entender.

Confunde un poco pero la elevada popularidad del presidente no implica una evaluación de avances y resultados de su gobierno, sino que se asocia a su capacidad de comunicar día a día y a la continuación de su campaña política por todo el país, con lo que confirma la aceptación popular de un cambio (una transformación) y mantiene vivas las esperanzas de ese cambio hacia el futuro. Si nos fijamos, la versión oficial y los feligreses interpretan que esa aceptación demuestra que va “muy bien” (muchos de ellos no le creen todo, pero igual lo siguen apoyando).

No ha sido así. Han sido patéticos y contraproducentes algunos de sus intentos de austeridad y, especialmente, de “moralizar” con palabras en un país que de su historia aprendió a ser laico. Eso de hacerse el bueno no suele funcionar contra “los malos” o corruptos. Y, ni modo, no todos sus adversarios lo son.

Ha machacado que la corrupción es “neoliberal” y propia de tecnócratas opulentos e insensibles, pero su resentimiento personal lo desorienta. Además de que el chavismo venezolano ha mostrado la corrupción sistemática del anti-neoliberalismo, su Economía la trae al revés aunque la considere moral.

Tampoco le ha ayudado su sarcástica agresividad en contra de quienes ve como sus adversarios. Una amiga lopezobradorista de cepa me comenta que es en verdad lamentable que, a pesar de que ya ganó, siga en campaña cada semana y se burle con amenazas a diestra y siniestra.

López Obrador parecía tener claro que sólo el crecimiento económico se asocia a la generación de empleos e ingresos adicionales como fuentes básicas de bienestar y disminución de la pobreza y la desigualdad. Así, estos años y en su campaña política, él resaltaba que era muy bajo en sexenios anteriores y se comprometió a lograr un 4% anual en caso de ganar la presidencia.

Incluso, en sus primeros meses de gobierno, confirmó las previsiones oficiales de una cifra de 2% para su arranque del 2019 y un esperanzado 4% en promedio anual para el conjunto del sexenio. Podrán recordar ustedes que ante signos claros de debilitamiento el presente año se negaba a aceptar una cifra menor y apostaba que se mantendría ese 2% anunciado, con desafíos a las calificadoras y a las instituciones nacionales e internacionales.

Ahora con cifras reales a más de la mitad del año, no ha acabado de aceptar que será menor (entre 0 y 0.5%) pero dice que este dato ya no es tan importante pues él prefiere el desarrollo (con mejor distribución y fortalecimiento de la economía popular). Sin embargo, ha olvidado que sin creación de riqueza no hay nada nuevo que distribuir, y que sin ingresos crecientes poco se puede sostener.

Bien, recordarán ustedes que en su vida y su gobierno la congruencia fue —y no fue— su fuerte. Igual que estos meses, junto a sus graves y numerosos fracasos, destacaban objetivos generales con los que muchos coincidimos a lo largo de años: abatir la pobreza; disminuir la desigualdad; elevar el crecimiento y mejorar su distribución; enfrentar la corrupción y la impunidad; luchar con eficacia contra la inseguridad. Tendrán que ser rescatados tras la debacle política y económico-social.

Mostró, eso sí, que era un hombre valiente (aventado, dirían algunos) y perseverante (terco, precisarían otros), pero eso no le garantizaba el éxito. Aprendió bastante y corrigió varios errores, aunque todo eso fue insuficiente. Aún insiste con que “no les voy a fallar”, si bien su naufragio o desventura habría de ser una pena para él y para México. Optimismo significa hoy que no nos vaya tan mal a todos.

En fin, oigan, el Primer Informe no me desilusionó para nada, pues ya no me había hecho yo ninguna ilusión y acaso produjo desconcierto que lo llamaran “Tercero” cuando la Ley define que es el primero de seis anuales. No hubo novedades, salvo la de definir como reacción a los que no lo apoyan e inspirarse en Juárez para considerarlos moralmente derrotados.

La mayoría de quienes pretenden calificarlo del uno a diez, suelen señalar ‘cero’ si lo detestan o ‘diez’ si lo adoran y le aguantan todo… Así no se puede y las fallas resultan más normales que desconcertantes. Pero, de cualquier manera, el desenlace viene a ser muy negativo y lamentable.

Una mayoría significativa eligió en 2018 a un hombre que siempre fue un perdedor y que, además, no estaba preparado para un cargo tan complejo. Los problemas y pendientes (economía, seguridad, resistencias, impunidad,…) se fueron acumulando, y con acontecimientos sucesivos algo muy fuerte se empezó a mover a su alrededor.

Aunque ya es difícil que este escribano se vaya con alguna finta de remiendos y mejorías, mañana día 8 deberán presentar el Paquete Económico para el 2020: Los Criterios Generales de Política Económica, la Iniciativa de Ley de Ingresos, el Presupuesto de Egresos y el Plan Anual de Financiamiento. El gobierno tratará de ser responsable, pero de nada servirá si el presidente torpedea a su Secretario de Hacienda y a la economía mexicana, tal como lo pudimos advertir antes.

Para el próximo año y lo que resta del actual, la perspectiva es de una creciente estrechez de recursos ante necesidades que no pueden reducirse. Se derivan, pues, más y mayores fracasos o complicaciones para un hombre que ya hizo historia, pero tratemos de ser optimistas.

* AGRADEZCO A QUIENES REMEMORARON con sus amables mensajes que mi padre, Rafael J. Pérez, haya sido fundador y primer presidente (1944-45, 48-49 y 57-58) de Canacintra en el estado de San Luis Potosí, hace justamente 75 años este septiembre.

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