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El Enigma del Morena

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

El Morena fue el instrumento electoral para llevar a López Obrador a la Presidencia. Con ese impulso logró el Congreso mayoritariamente, y de pilón las gubernaturas y congresos locales que se han disputado desde 2018. Producto, como todos los saben de la imagen del ahora Presidente, casi ninguno de los que ahora son diputados, senadores y diputados locales, pudieran haber ganado una elección por mayoría relativa por otro partido y con un candidato diferente de López Obrador.

Hoy el Morena camina sin rumbo preciso.

El propio Amlo ha advertido que está dispuesto a perder el Morena, y migrar a otra organización si es necesario. De hecho no necesita a Morena, ya la le sirvió y una observación en detalle, mostraría que aparte de sus logros electorales indisolublemente ligados a López Obrador; el Morena tiene problemas como organización, tanto de sus fines explícitos en ideas y métodos para lograrlas, como de estructura. Incluso su padrón se caracteriza por tener un número enorme de militantes “en reserva”, es decir que no se corresponden a la legalidad del INE. Simplemente de más de tres millones que afirmaban tener, tienen algo así como 300 mil solamente, la décima parte. Lo peor, Yeidckol su dirigente dice que perdió el padrón.

Otro factor negativo es la integración, que se manifiesta con más evidencia, en los liderazgos intermedios que tienen la atención de los medios en las cámaras, por ejemplo.

La luchas recientes como las que escenificaron Batres y Monreal se perciben sin un árbitro partidista.El primero se mostró sin dominio propio, exaltado, conspirador y nostálgico del porrismo universitario de izquierda, insistiendo en la venganza política contra el segundo; queriendo arrebatarle la jefatura de la bancada senatorial morenista. Por lo que la conducta de Batres se entiende impulsada bajo una consigna superior.

El episodio mostró que en auxilio de Batres acudieron cuadros directivos del Morena, incluso Yeidckol Polevnsky, la todavía dirigente del partido, montó un tinglado para fincarle un juicio con visos apócrifos, revolviendo lo electoral con lo parlamentario. Pese a todo, se ratificó la presidencia para la senadora Mónica Fernández, como era la postura original de Monreal.

El asunto generó el malestar de Amlo, sus declaraciones; y en la opinión pública, la sospecha de que hay peleas internas intensas que no van a parar. Porque Amlo ha dicho que no intervendrá en el poder legislativo, pero este asunto es de orden partidista, uno interno en el seno del partido en el poder, circunstancialmente en el Senado.

Los cuadros intermedios del partido en el poder parecen irreconciliables, una lucha campal por los poderes subordinados al Ejecutivo entre los radicales, con inclinaciones hacia Maduro, con tintes comunistas, están: Yeidckol, Batres, Ackerman, Sandoval, Noroña, Díaz Polanco y Taibo, también se pueden apuntar en esa tendencia Pablo Gómez y otros del mismo perfil; contra los que se originaron en el PRI como Monreal, Muñoz Ledo, o el mismo Ebrard, senadores y diputados que eran tricolores en sus inicios políticos.

Los primeros traen a Yeidckol en su proyecto de permanencia al frente de Morena; y los segundos todo indica traen mas estrategia, una pinza con Mario Delgado a quien le queda grande todo y debería hablar menos; y con Alejandro Rojas Díaz Durán, un peleador callejero.

Pero no solo quedan en la lucha esos grupos señalados. Están en primera fila los capitalistas, a cuyo frente está Alfonso Romo, Tatiana Clouthier, Carlos Salazar Lomelín; recientemente el magnate internacional de la carne Jesús Vizcarra y Carlos Lomelí Bolaños de Jalisco, entre otros, algunos de ellos que no militan abiertamente en el Morena, pero que seguramente se inclinarían por alguien que no promoviera el extremismo.

Con fuerza también está la corriente de los afectos, que sin duda, apoya a Bertha Luján, excontralora del DF cuando Amlo era el jefe de Gobierno y madre de la novel secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde. En esa corriente puede estar Claudia Sheinbaum y tiene como eficaz operador a Gabriel García Hernández el jefe de los súper delegados. Su debilidad es el tamaño de una operación que requiere muchos peleadores de fondo, que tengan tablas.

En esas condiciones la arena es de a de veras y faltan escaramuzas reales, no como los tongos del PRI; y me parece que los radicales ya tuvieron su oportunidad y se marean cuando tienen algo de poder, quieren llevar a Amlo, quizá adonde él no quiere y me parece que no van a poder forzarlo, porque no son ya indispensables como se creen. Traen pecados que les señalan del dinero partidista a la Polevnsky y a Batres, con su nómina de 60 amigos entre asesores y aviadores que cobraban sueldos importantes con cargo al Senado.

Los otros grupos tanto el beligerante, llamémosle institucional porque entiende de negociación y disciplina; como el de los afectos, se van a plegar a López Obrador si usa de esas armas, en ambos casos pertinentes: la negociación y la disciplina.

Si Amlo decide todavía a usar al Morena en esta etapa, no solo perfilando lo electoral, el problema será que tendrá que establecer un esquema mas posicionado del centro del poder para ese partido, a partir del cual se tienen que alinear otras fuerzas; para reconstruir el papel de eje de un renovado sistema de partidos, porque el que quedó ya no sirve, es caso perdido.