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Sufrir en silencio

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Marissa Rivera.

Ayer, se conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Fecha que estableció la Organización Mundial de la Salud en 2003, para recordar y hacer conciencia que falta mucho, vamos, muchísimo, por hacer para atender la Salud Mental en la población mexicana.

Según el World Happiness Report (2018), México ocupa el lugar número 24 de un total de 156 países, en el ranking de las naciones más felices del mundo.

Pero ¿de verdad sí somos felices? ¿O será que nos deprimimos y sufrimos en silencio?

No es asunto menor. En México cada 90 minutos se suicida una persona, 16 al día. Imagine usted, que en las últimas 2 décadas el número de suicidios se incrementó en un 252 por ciento, de acuerdo con información del INEGI. Ocho de cada 10 suicidas son hombres.

Las entidades donde más personas se suicidan son Chihuahua, Yucatán, Aguascalientes, Campeche y Colima, y, donde menos, Guerrero, Veracruz, Oaxaca y el Estado de México. ¿No le sorprende?

Los jóvenes entre 15 y 29 años son los más propensos al suicidio, la mayoría por problemas familiares, amorosos, depresión, ansiedad o drogas.

El suicidio en los jóvenes se ha incrementado de manera preocupante. Es la segunda causa de muerte entre los 14 y 19 años de edad.

El 80 por ciento de quienes se suicidan ya lo habían intentado en otra ocasión e incluso la intención de quitarse la vida fue un tema que platicaron con algún familiar o amigo.

Si en México hubiera un efectivo sistema de atención de la salud mental, seguramente, muchos de los 57 mil 750 suicidios reportados entre 2008 y 2017 se hubieran evitado.

El informe de la Encuesta Nacional de los Hogares, INEGI, reporta que en 2018 más de 33 millones de personas mayores de 7 años presentaron estados de depresión. Además, se calcula que en México viven con depresión unos 2.5 millones de adolescentes y jóvenes de entre 12 y 24 años de edad.

De estas cifras, un porcentaje muy bajo recibe atención médica. El estigma y discriminación que sufren quienes padecen alguna enfermedad mental, hacen que el problema lo enfrenten en silencio y sin la atención que se requiere.  

La Organización Mundial de Salud alertó que, en breve, la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo y la primera en países en desarrollo, como México.

Estamos justo a tiempo para que el Congreso de la Unión exija un mayor presupuesto para atender este problema de salud pública, que hasta el momento ningún gobierno le ha dado la importancia que merece.

Las enfermedades mentales crecen exponencialmente. El reto es que el próximo 10 de septiembre las cifras hayan disminuido. Conmemorar cada año con cifras al alza mostraría un sistema de salud incapaz y omiso ante una tragedia que en silencio vemos como crece.