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AMLO y los empresarios

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

La relación de Andrés Manuel López Obrador con el sector empresarial ha sido siempre compleja, por decir lo menos, primero por la carga ideológica izquierdista de su discurso, que ha sido consistente desde que emergió como indiscutible líder social y contumaz opositor al régimen vigente.

Al convertirse en gobernante, cuando en el año 2000 ganó la elección de Jefe de Gobierno del Distrito Federal, atenuó sus críticas ante la exigencia de pragmatismo que implica el ejercicio del poder. Si bien mantenía, por ejemplo, su crítica a banqueros por el recurrente tema del Fobaproa, tejió productivas alianzas para impulsar la inversión privada en la capital de la República.

De aquella época data una asociación, que para algunos fue incluso amistad, con el ingeniero Carlos Slim, con cuya inversión se transformó el Centro Histórico de la Ciudad de México y quien brindó apoyo a López Obrador en su objetivo último: alcanzar la presidencia de la República.

También en aquellos años floreció su relación con el constructor José María Riobóo, a quien el gobierno del entonces DF asignó millonarios contratos para obra pública, destacadamente los segundos pisos del Periférico, insignia de aquella administración chilanga.

Vino la reñida elección del 2006 y la dolorosa derrota electoral del político tabasqueño, quien culpó de ella al Consejo Coordinador Empresarial por aquella campaña de que era “un peligro para México”.

Durante los siguientes 12 años, con algunas pausas estratégicas u obligadas -recordemos su problema cardíaco- radicalizó nuevamente su discurso antiempresarial en una interminable escalada de polarización social en la que los dueños del dinero eran los villanos y el pueblo pobre, la víctima.

El desmantelamiento del Partido de la Revolución Democrática y la formación del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fue el camino para que el persistente López Obrador llegara a Palacio Nacional en 2018, con una campaña estridente en que a los empresarios mexicanos ubicó siempre como miembros de una “mafia del poder” causante de todos los males nacionales.

Pero más allá de esa estigmatización, AMLO los calificó recurrentemente, a veces hasta con nombres y apellidos, como rapaces y corruptos.

El obvio distanciamiento con Slim y en general con el sector privado se hizo más patente cuando tomó su primera decisión de gobierno aún antes de asumir constitucionalmente el mando: la cancelación de la obra del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Ya como presidente de la República, el mandatario ha dado señales encontradas donde un día festeja compromisos de inversión millonaria y al siguiente hace mutis sobre propuestas legislativas claramente antiempresariales, como regulación de precios o excesos en la política de recaudación fiscal.

A pesar de todo se ha mantenido al menos públicamente una relación de respeto, cordialidad y diálogo con los principales empresarios del país, representados por un políticamente correcto Carlos Salazar Lomelí en su calidad de presidente del CCE.

Este aparente puente –y digo aparente porque así como prácticamente ha desaparecido el gasto público en inversión tampoco han llegado los recursos privados para estimular obras de infraestructura y construcción en general- se vio seriamente dinamitado por la imprudencia de un funcionario menor de la mal llamada Cuarta Transformación.

Cuando el director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Pedro Salmerón, calificó de “valientes” a los guerrilleros que asesinaron a Eugenio Garza Sada en Monterrey hace 46 años, ya no fue solo la combativa Coparmex sino el mismísimo Consejo Coordinador Empresarial quienes de inmediato salieron a exigir la destitución del locuaz historiador.

López Obrador entiende como nadie los símbolos, y Garza Sada lo es para la clase empresarial mexicana. Lo dicho por Salmerón no es una mera anécdota, y menos si el Presidente de la República quiere realmente revertir el grave deterioro de la economía mexicana.

Él mismo ha dicho que México necesita a sus empresarios. En este lamentable caso ya rectificó. Espero que lo haga en otros de menos simbolismo y más rentabilidad productiva. Este es el momento para que por lo menos su gobierno se parezca un poco más a aquel del Distrito Federal, donde la inversión privada fluía de mejor manera en beneficio de todos.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz