El pensamiento mágico se interpone a la Independencia

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Una constante de la vida de nuestro país es la inclinación que tienen muchos por interpretar los sucesos relevantes en torno a las explicaciones supersticiosas, que le atribuyen a fuerzas externas a lo material, los factores determinantes de la política.

Y no me refiero a la convicción de la existencia de un Dios Creador del Universo, hoy creencia muy cuestionada por la modernidad protopagana, sino a la creencia en un mundo donde la magia, lo esotérico y los misterios extravagantes son tomados en serio y, peor aún, se van incorporando en el ámbito de lo oficial y del poder público.

Por supuesto que no son nuevas esas tendencias artificiosas, más bien son todo lo contrario, una práctica común en las esferas del mando político.

Páginas nos faltarían para relatar estas costumbres que arrancan en los inicios de la humanidad, donde el poder público se somete o se comparte con el poder mágico. Las figuras mitológicas que muestran el juego de los dioses en la vida y las debilidades de los humanos como sucede con la leyenda de la manzana de la discordia, y la caída de Troya tan excelsamente narrada en la Ilíada de Homero es un ejemplo de los muchos pasajes en los que se conjugan los hechos históricos acomodados a la narrativa fantástica.

Pero no hay que hacer esfuerzos de memoria histórica ni ir muy lejos, para actualizar la recurrencia de los poderosos a supuestas fuerzas originadas en supersticiones. Proceso publicó, en su momento, que Margarita, la hermana de López Portillo, tenía trato con duendes; al propio “Pepe” le fascinaba que le pusieran en las giras la estatua de un buda para sobarle la panza y tener suerte; como si fueran esas manifestaciones pueriles las que se requieren para el servicio público y para edificar una mejor nación.

Un presidente anterior: Luis Echeverría era un connotado teósofo, conocía de un templo satánico, que estaba en la calle de Niños Héroes, antes de que el gobierno lo tuviera, se escondía bajo la fachada de un hotel, que debió ser conciliábulo de místicos e impostores; y cuando fue Presidente LEA, que eran sus siglas, el INDECO ocupaba parte del inmueble. Quien le auxiliaba en los haberes secretos era un abogado que trabajó con él, desde la Secretaría de Gobernación, y por eso lo nombró como subdirector de ese órgano que se suponía era para el desarrollo de la vivienda. El lugar después fue de la SEDUE que lo tenía entre sus inmuebles; y no dudaría que ahora estuviera entre lo que administra la Secretaría de Bienestar.

Y así por el estilo todos los presidentes han sido clientes de charlatanes que los recomiendan vivillos, que siguen esas bufonadas vistiendo de blanco o de ciertos colores, en determinados días y horarios. A los jefes del país les venden amuletos de amalgamas mágicas que son obligados a portar de manera permanente; y no digamos ellos, sino sus colaboradores y parientes cercanos, son manipulados para adquirir esos poderes de pacotilla, con mediums y toda suerte de lectores de café, de manos y hasta de intestinos de animales, como en Roma, o como se dice del prócer juarista Ignacio Ramírez, que consultaba a los muertos era un nigromante.

El caso de Raúl Salinas ilustra lo dicho, su acusador el fiscal Chapa Bezanilla, uno improvisadón, la “Paca” y la Gitana española, son ahora parte del folklor y de la chunga, pero en su momento revelaron las ñoñadas de burócratas de alto nivel; seguramente autorizados por Zedillo detalle a detalle, para enfangarse en ese lodo con propiedades quemantes.

De Martha Sahagún se mencionaron rumores de prácticas brujeriles, que se adaptaban con naturalidad a su imagen y figura. Cada gira presidencial los del Estado Mayor circulaban en el aire una grabación falsa o verdadera, que por lo que se entendía era de la influyente mujer pidiendo favores a una hechicera para dominar al vaquero.

Las tendencias del poder oficial siempre han sido muy heterodoxas por eso no se llevan con los líderes de las iglesias ortodoxas, es decir las auténticas. Y los grupos masones son parte de esa parafernalia que les provee a los poderosos de protocolos y ritos, que se piensa visten de legitimación al poder, como dijera Max Weber en su relato del poder tradicional.

Por eso cuando en el grito el Presidente mencionó un viva a la “fraternidad universal”, muchos lo han interpretado como una pertenencia de alguien que influye en las ideas del político mexicano, al GFU es decir,  a la Gran Fraternidad Universal de un tal Serge Reynaud de la Ferriere, un chamán francés que en Venezuela, en los años cincuentas, logró hacer adeptos que lo reconocieron como un mesías del New Age, de la nueva era acuariana, una súper mafufada.

Para conocer como se las gastan en los enredos de su pensamiento mágico, los de la GFU, solo permítame amable lector, dejarle la definicón de un neologismo ampuloso que usan: “Demotheocracia es el encuentro con el Gobierno del no-gobierno. Un gobierno Real hasta transmutarse en Gobierno Puro, Gobierno Inmaculado. En el encuentro con el pueblo de no-pueblo, el pueblo soberano llega a realizar al pueblo puro, el pueblo inmaculado que incluye a toda la humanidad. La gente puede confundirse y equivocarse, el Pueblo, jamás.Un modo de gobierno o los gobernantes pueden fallar. El gobierno Real, jamás falla. De otra forma caemos en el Fratricidio entendido como “la Fraternidad a fuerzas” “.

La idea de una fraternidad universal no es cierta, no existe, ni existirá, y deben dejar de engañar al Presidente sus amanuenses, que se aprovechan de que es una persona ocupada, porque la verdadera independencia nada tiene que ver con esos rollos manipuladores de hace dos siglos y además mal digeridos. Son dependencias nocivas.