Trump, el presidente de Twitter

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Boris Berenzon Gorn.

Lo hemos sabido desde su llegada a la Casa Blanca: Donald Trump gobierna desde las redes sociales. Lo que antes solía utilizarse como un canal para comunicarse con la ciudadanía dentro de parámetros muy cuidados se ha deformado hasta convertirse en una plataforma que lo mismo se utiliza para amenazar a mandatarios extranjeros que para amedrentar a la oposición interna. Los efectos de esta irregularidad que se ha vuelto costumbre no son pocos: las consecuencias de que el presidente pase demasiado tiempo a solas con su smartphone van desde el deterioro de las relaciones de EE.UU. con otros países hasta la caída de la bolsa.

La estrategia de Trump ha sido en todo momento ir a la ofensiva. Eso, como mexicanos, lo debemos tener bastante claro, ya que hemos sido continuamente blanco de sus fanfarronadas. Sus ataques varios se han originado o han tenido réplica en su cuenta de Twitter, la que, como da cuenta Bob Woodward en su libro Miedo: Trump en la Casa Blanca, el mandatario se ha negado a controlar o a regular mediante el apoyo de asesores. Según cuenta el periodista, el magnate se sienta por las noches a interactuar con sus redes, y nadie sabe lo que pueda pasar. Los intentos por ponerle un filtro han sido en vano.

Es a través de las redes que Trump ha golpeado numerosas veces a la prensa, siendo congruente con una actitud que ha caracterizado a toda su administración. Acusando a cadenas como CNN de producir fake news, el magnate ha intentado mover un poco la balanza en su propio beneficio. Cadenas como Fox y Breitbart, consideradas más cercanas al presidente, no han recibido el trato despótico que el presidente ha dado a aquellas que denuncian los errores de su administración.

La oposición interna no se ha salvado de este ataque. Hace unas semanas, Trump utilizó Twitter para arremeter, por motivos raciales, contra un grupo de congresistas demócratas que se han opuesto abiertamente a las políticas migratorias inhumanas que ha tomado este gobierno. Sin decir abiertamente sus nombres, el presidente hizo alusión a Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib, Ilhan Omar y Ayanna Pressley, pidiéndoles que se fueran de los Estados Unidos y ayudaran “a reparar los lugares totalmente dañados e infestados de crimen de donde vinieron”, a pesar de que las cuatro congresistas son ciudadanas estadounidenses. El ataque dejó claro que lo que molesta a Trump no son los orígenes, sino el color de piel. Aquí otro de los usos favoritos que el presidente da a la red social: la promoción del racismo.

Hace apenas unos días, Trump nos regaló una nueva faceta de su vida como tuitero: la de develador de secretos de seguridad nacional. El 30 de agosto, el mandatario lanzó un tuit en el que deslindaba a su gobierno de un accidente sucedido durante el lanzamiento de un satélite iraní, conocido como Safir SLV. Trump le dedicó a Irán “sus mejores deseos y buena suerte” en la investigación de este siniestro. Con este mensaje, se encontraba una fotografía en alta resolución que rápidamente llevó a usuarios de redes a especular que se trataba de información “probablemente clasificada”.

Lo siguiente es una serie de esas especulaciones que suelen generarse en las redes sociales, por lo que no debemos dedicarle mucho tiempo de momento. A partir de la imagen, usuarios de Twitter que presuntamente son astrónomos de distintas partes del mundo aseguraron que se podía determinar qué satélite la había capturado y a qué hora. De acuerdo con su inferencia presuntamente matemática, esta fotografía habría sido hecha mediante un satélite clasificado llamado USA 224, lo que revelaría que éste está siendo utilizado para fines de vigilancia global. Esta información tiene por ahora el estatus de mero chisme, pero de llegarse a confirmar reafirmaría la imagen de un presidente que hace uso del aparato estatal con lujo de torpeza.

Los daños que Trump hace al mundo mediante su smartphone también pasan por el campo de la economía. La relación entre sus tuits y algunas caídas en la bolsa ha sido por demás evidente. Así fue cuando el presidente acusó a Amazon de estar dañando a “los distribuidores que pagan impuestos” y de ser el culpable de la pérdida de muchos empleos. En cuestión de horas, la compañía dirigida por Jeff Bezos estaba enfrentando una dura caída en sus acciones.

Hace unos días, un periodista de Yahoo Finance publicó un gráfico en el que relaciona el uso que Trump hace de Twitter con las actividades en la bolsa. Usando datos del Bank of America, Sam Ro estableció una relación que presuntamente demuestra que los días en que más activo está Trump en la red social el mercado tiende a caer en promedio nueve puntos.

Ya sea en persona o a través de las redes sociales, Trump ha demostrado ser un peligro potencial. ¿Qué otros desfiguros nos quedarán por ver antes de que cambie el mando de la Casa Blanca?