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Ni cómo defenderlos

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

El relato que hizo López Obrador más detallado del avión presidencial y de las naves adquiridas en los dos sexenios anteriores, lo dejan a uno sin poder argumentar una palabra, acerca de los que se ostentaron como cabezas políticas de México. ¡Es una película de locos!

El exceso para comprar a precios exorbitantes esos vehículos de lujo innecesarios, dice mucho de lo desubicados que estaban y siguen estando los que tomaron esas decisiones absurdas.

Porque se siguen defendiendo, como si hubieran hecho gobiernos de excepción, no se arrepienten y quieren como los Calderón regresar a la ubre del presupuesto, con un partido que no tiene pies ni cabeza: el “México Libre”, que es una proyección sicológica de la pareja por ufanarse que están libres. Deberían estar tras las rejas por abuso de poder, y sobre todo no lo están, porque contaron con los oficios sagaces de Medina Mora y García Luna, que cobraron haciendo escalar el crimen.

Lo de los aviones, no es reciente, es parte de esa tendencia de muchos funcionarios públicos por sentirse lo que no eran, no son y no serán los funcionarios públicos: unas divas de alfombra roja, derrochando suntuosidades a diestra y siniestra, cosa que ni Warren Buffet un magnate de los más ricos del mundo, no hace; porque él viaja en aviones de línea y eso que tiene una empresa que renta aviones para otros ricachones, que los necesitan por urgencia o por placer.

Los del sexenio anterior insufribles, como otros políticos del nivel de gobernadores que se la pasaban presumiendo, ellos y sus ayudantes las naves que compraron con monerías caras. Endeudando a sus gobiernos o como producto de los aprovechamientos de la corrupción. Muchos eran y son expertos en las características de los aviones, parecerían niños chiquitos y no empleados públicos con madurez elemental, que deberían poner en orden las prioridades del gasto público.

Pero eso nos es nuevo, recuerdo hace años en una visita que hizo el entonces primer presidente del Banco Mundial, Robert Mc Namara a Cancún en 1979, en un helicóptero del ejército estadounidense, no en plan de turista, sino para una reunión con funcionarios nacionales y regionales, responsables del campo yucateco afectado por la caída del henequén; allí fue convocado también el director regional del Sureste del entonces Banco Ejidal, ensombrerado, disfrazado de campesino nylon, pero a bordo de un avión del Banco Ejidal, que adquirieron con el dinero del Banco Mundial, destinado a los apoyos a los ejidatarios; un joven profesional de los que venían con Mc Namara, no pudo ocultar su disgusto y me dijo: ”Ese dinero es de ustedes, de los mexicanos, pero ustedes saben si lo gastan así…”.

Era y es reprobable esa conducta de derroche, que ha escondido actitudes de prepotencia, sobre todo, complejos de inferioridad, porque el 90% de los funcionarios provienen cuando mucho de la clase media y mas aún, de la clase media, casi baja y esa realidad les abruma, no los motiva.

Como decía, eso no es del periodo neoliberal, como se quiere hacer ver; sino una costumbre de los políticos mexicanos acorde con el dicho también nuestro, del “que nunca ha tenido y llega a tener, loco se quiere volver”. Y en esa clasificación de derrochadores o de gastalones, los hay de derecha y de izquierda, de la mera, mera izquierda como el hijo de Nicolás Maduro, homónimo de su padre, que lo agarraron en Francia intentando sacar oro, verdadero oro en cajas proveniente del Arco Minero venezolano.

Porque no se vale además endilgarle al neoliberalismo la pobreza de miras de los jefes nacionales. Porque el neoliberalismo, tal como se entiende en el mundo de las ideas, es una corriente que se identifica con un modelo político encarnado en Margaret Thatcher una inteligente líder de Inglaterra, que sacó a ese país de las disputas sindicales y de la quiebra; cuya vida fue ejemplar y totalmente austera, fue un prototipo de sabiduría y moralidad; cualidades desconocidas por los presidentes mexicanos.

Por eso no hay opositores con seriedad, porque los que vienen de haber ejercido el poder, cargan con cuitas que arrastran. Opacidades que cuando se hacen públicas muestran conductas desquiciadas.

Es cierto que los excesos escalaron más que nada con Peña Nieto. Y era conocido y proverbial, que los priístas del pasado debían evitar a toda costa designar a un Carlos Hank González, u otro que aspirara a ser presidente oriundo del Estado de México, entidad que se ha significado más que ninguna, por una clase política organizadora de la corrupción, depredadora, no liberal, o neoliberal, ni socialista, ni nada, simplemente ratera. Pero Televisa hizo todo lo necesario para que se olvidara la consigna.

Y así fue como los atlacomulquenses se fueron hasta la cocina, con todo, superaron la fama de ratas por la de inversores y lavadores de dinero. saqueando del erario. Para ellos, lo de los aviones, fue pecata minuta, como dicen los italianos, un pecado insignificante.

México en la penuria de las deudas y padeciendo los lujos de émulos de jeques voladores era insostenible. Hoy hay otra tendencia, se va al otro extremo, el de una austeridad que puede resultar excesiva: la de irrumpir en las naves comerciales sin protocolos de seguridad necesarios, y con la ligereza que hace de lo oficial, un viaje frívolo, de cuates, a ver cuanto dura.