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Los desmentidos en la 4T, de ida y vuelta

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

El estilo de comunicar del presidente Andrés Manuel López Obrador provoca un interminable remolino de dimes y diretes, el vaivén de acusaciones y contrademandas, la discusión de todos los temas posibles, y el consabido recurso del “yo tengo otros datos”.

Con diarias apariciones en medios incluso antes de tomar el poder, el hoy mandatario tomó desde la transición el control de la agenda pública nacional, en una estrategia que después se institucionalizó con las conferencias de prensa mañaneras.

La frenética emisión de mensajes y sus consecuencias han propiciado desde el principio los desmentidos presidenciales. Su primer capítulo, y acaso el más trascendente hasta el momento, fue el anuncio de la cancelación de la obra del aeropuerto capitalino, a pesar de que era bien sabido que uno de sus hombres de confianza, el empresario Alfonso Romo, había jurado y perjurado en público y en privado que ese proyecto continuaría con la mal llamada Cuarta Transformación.

Desmentido Romo y otros colaboradores que como Carlos Urzúa, por ejemplo, estaban en contra de esa fatal decisión, otros personajes cercanos a la 4T han sido desestimados por su líder en diversos episodios de una comunicación gubernamental atropellada, que a pesar de todo reporta buenos dividendos para la imagen presidencial.

En el mismo tema aeroportuario, han sido varias las ocasiones en que el presidente de la República deja mal parado a su secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, cuando por ejemplo éste último aseguró que las razones de la suspensión de la magna obra en Texcoco eran meramente técnicas, e inmediatamente fue acallado con la contundente consigna de que la determinación obedecía a una corrupción galopante en el proyecto.

Cómo olvidar las señales encontradas entre Palacio Nacional y los operadores oficialistas en el Senado de la República, encabezados por Ricardo Monreal, en materia de un supuesto ajuste por decreto en las comisiones bancarias, o el intercambio de señalamientos con el presidente de la Comisión Reguladora de Energía o el titular del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), ambos ya excluidos de esos organismos del Estado mexicano.

Pero el caso más paradigmático de este tema es lo que ha pasado con el actual secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, desmentido ya ¡tres veces!: cuando sugirió al periódico Financial Times que la 4T consideraría no construir la refinería de Dos Bocas; luego al adelantar posibles ajustes en materia de impuesto predial y de tenencia vehicular, o apenas la semana pasada que puso en la mesa la discusión de la edad de retiro para los trabajadores mexicanos.

López Obrador dijo exactamente lo contrario en las tres ocasiones, y con ello dejó mal parado al responsable de las finanzas nacionales donde, paradójicamente, el propio presidente se ha autodesmentido con el asunto del crecimiento económico. Y si no, recordemos que pasó de comprometer un crecimiento del 4% hasta poner incluso en duda la importancia de ese indicador en el desarrollo nacional, que actualmente está en ceros.

En fin, que desmentidos van y vienen, como el que se le propinó a la Secretaria de Gobernación con el asunto de la legalización de la mariguana, o cuando ya las consultas populares no sirven en el caso de la duración del mandato del gobernador electo de Baja California.

Pero veamos quiénes han desmentido recientemente al Presidente: por ejemplo, el ex ministro de la Suprema Corte José Ramón Cosío, quien con franqueza y valentía negó que tuviera participación en la estrategia legal de amparos en contra de la construcción del Aeropuerto de Santa Lucía.

O bien Rose Ackerman, invitada por su nuera la Secretaria de la Función Pública a dar una conferencia sobre corrupción, quien afirmó que reducir arbitrariamente la burocracia o el gasto público puede propiciar justamente más prácticas deshonestas en el quehacer gubernamental. La académica norteamericana desmintió con ello no solo a López Obrador sino a uno de los más vehementes defensores de la 4T: su propio hijo John Ackerman.

¿Miente Andrés Manuel López Obrador? El analista Luis Estrada, que sigue segundo a segundo las mañaneras, dice que sí y mucho. Quizá por ese ejemplo presidencial Alfonso Romo, el primer lopezobradorista desmentido por el tabasqueño, les sugiere ahora a los empresarios que mientan cuando les pregunten sobre la economía nacional, para así abonar a la confianza y matar la percepción de que los meses por venir serán una tragedia de estancamiento o franca recesión en nuestro México.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz