web analytics

La nueva geopolítica en Medio Oriente. ¡Adelante Rusia, hasta topar con… nada!

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Bien decía desde abril del 2016 Zbigniew Brzezinski, el autor de “El Gran Tablero Mundial”, que urgía un realineamiento de potencias. Su argumento era insistir en guerras simuladas en el Medio Oriente, lo que era compartido por los Bush y los Clinton, sin embargo en el fondo no coincidía con ellos, en sus pretensión de querer gobernar el mundo. El crecimiento chino y la persistencia rusa le inquietaban.

Durante 28 años antes de Trump, los presidentes estadounidenses impusieron un costosísimo impuesto de poder a los contribuyentes estadounidenses, para apuntalar los objetivos de un gobierno mundial. Los resultados fueron concesiones externas imposibles de mantener.

Dijo Brzezinski en ese artículo póstumo en The American Interest, que para continuar como primera potencia, los Estados Unidos debían abdicar a gobernar el mundo. Trump y sus asesores que aún quedan, están en esa determinación.

El fin de semana se empezaron a retirar los EU de la franja siria que mantenían junto con las milicias kurdas, en un doble propósito: domeñar al Daesh, el Estado Islámico del brazo de los nacionalistas kurdos; y a la vez, ganar tiempo para negociar algo, en beneficio del hasta ahora fallido Estado del Kurdistán, que con su población heredera de los antiguos medos, está ubicada en tres países: Turquía, Siria e Irak. Eso se acabó.

Erdogan el líder turco, en el papel de nuevo sultán otomano, empezó arrasando a los asentamientos kurdos en una franja de 30 kilómetros, cuando todavía no salían en sus totalidad las tropas estadounidenses. ¿Qué pasó?, ¿qué pasará?

El asunto no es sencillo. Me parece que hay varias cosas fuertes en juego.

Por una parte, está el impacto del ataque que penetró el arco de protección americano a las refinerías de Arabia Saudita, aunado al éxito, según los chinos, de la red de antimisiles que le compraron los iraníes a Rusia; son factores que han hecho mella en la confiabilidad de los aliados de Estados Unidos, hacia la eficacia armamental de la potencia y particularmente en la fuerza de la OTAN, para defender a Europa y Turquía de las amenazas de sus vecinos.

Esas circunstancias tal parece han aumentado el potencial de negociación para Erdogan, dispuesto a sobreponer su interés, el de los turcos, sobre cualquier interés que ya no tenga protección, como sucede con los kurdos. Hace cien años los turcos masacraron armenios. No sería la primera vez de un genocidio anunciado. De hecho, Trump hizo una referencia histórica “los kurdos no nos ayudaron en la segunda guerra mundial…”; lo que Turquía interpretó literalmente, como un voto de confianza, para realizar las incursiones sangrientas de los últimos días. Poco importó que los kurdos estuvieran junto con el ejército americano, combatiendo en la última década a los del estado terrorista islámico.

Hace unas horas después del “niño ahogado” afirmó Trump, que va a imponer sanciones a Turquía. ¿Cuáles? Los observadores dicen, que no hay sanciones a la vista.

Las consecuencias de peso sin embargo, bordan sobre Alemania, que tiene una importante población de migrantes kurdos en primer lugar y después de turcos. La Merkel ahora se ve presionada por dos frentes; uno es interno, las posibles represalias de una etnia contra la otra, adentro de su próspera nación.

El otro frente, mas amplio, nos los da la interpretación de la realpolitik, que indica que la líder germana resiente la molestia estadounidense por la coinversión exitosa del Nordstream que tiene Alemania junto con Rusia, en el gran proyecto energético que conducirá el gas desde Siberia hasta Europa.

Ese proyecto que pude llegar hasta Inglaterra tiene intranquilo al poder estadounidense, porque le pesa adicionalmente, el gasto desproporcionado que hace Estados Unidos en la OTAN, en beneficio de Alemania preponderantemente, como cabeza Europa y de Turquía, como eje de avanzada militar y pared, contra Irán y otras fuerzas nacionalistas árabes.

Paradójicamente hoy mas que nunca, EUA se ve obligado a costa de sus presupuesto a mantener esa protección o como decía Brzezinski, de plano buscar un realineamiento desventajosos.

Solo que el tal “realineamiento” lo que significa en el mediano plazo es: dejar que Turquía retome el viejo poder otomano, incluso sus amenazas tradicionales sobre los Balcanes; y que los rusos los frenen, como se ha visto en las últimas horas, apoyando a Siria; que los sauditas se amarren con Rusia, como ya lo están haciendo y convivan con el proyecto sur ruso que les rodea, el “Southstream”. Que los suníes ya no avancen sobre el Cáucaso y Asia Central, sin el apoyo real estadounidense; que Israel se rasque con sus propias uñas; que Ucrania se divida; y que China se alinee con los rusos en la protección espacial.

También significa: que Cuba inicie el proyecto nuclear como se vio en la semana, con la presencia del Nicolai Pátrushev secretario del Consejo de Seguridad de Rusia; que Maduro siga bajo la protección de la madre Rusia, y lo peor, para los estrategas occidentales: que Rusia se alíe a Alemania, es decir, se cumpla la pesadilla geopolítica de Mac Kinder, que hace cien años predecía el peligro mundial de esa alianza.

Así que la decisión de abandonar a los kurdos abrió sencillamente la caja de Pandora.

Cien años de resistir por todos lados, se acaban de desquebrajar en una semana, ésta.