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¿Revocación? No: es agitación y propaganda

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Rubén Cortés.

La revocación de mandato es una trampa. Sólo funciona para mantener al ciudadano en el ambiente de agitación y propaganda de una campaña presidencial eterna, y para evitarle al presidente rendir cuentas, porque su trabajo se convierte sólo en hacer promesas. 

No es casual que los únicos países que lo contemplan tengan regímenes populistas: Venezuela, Bolivia (donde los presidentes son vitalicios) y Ecuador (donde perdió Correa tras 10 años en la presidencia).

Es una trampa porque el presidente vive en campaña, sin obligación de responder plenamente por el trabajo para el que fue elegido, ya que en su constante campaña tiene que culpar al pasado y ofrecer un mejor futuro, sin responder por el presente.

Un mandatario en campaña presidencial interminable sume al país en un clima de escasa gobernabilidad, una tensión política asfixiante y usa el poder para generar terror y hacerse del control absoluto de todos los resortes del gobierno y la vida cotidiana.

Hemos vivido una mitad de semana aciaga para la democracia mexicana, pues la aprobación de la revocación mandato en el Senado, ayer, se juntó con el éxito de la consulta del domingo pasado, que aprobó la reelección del gobernador en Baja California.

Ambas son vendidas como otorgamiento de más poder al “pueblo”, pero no es cierto: la revocación mete al “pueblo” en el redil de las clientelas del gobierno, y las consultas son falsas porque carecen absolutamente de rigor legal.

Las dos terminan en el autoritarismo, y ningún autoritarismo se mantiene en el poder sin una especie de Gestapo implantada a través de las ayudas sociales a los electores.

En Venezuela, primer gobierno populista que hizo un revocatorio de mandato (15 de agosto de 2004) fue derribado el diseño institucional de la democracia de voto directo y secreto con el cuento chino de que, así, los ciudadanos pueden cesar al presidente si quieren.

Sin embargo, los venezolanos tienen al mismo presidente desde 1999 (al morir Chávez en 2013 dejó el cargo a Maduro) y, a estas alturas, reparte las ayudas sociales a través de un carnet que incluye un sistema de espionaje que copió de China.

Con el reparto de apoyos, el gobierno tiene acceso a datos personales, información laboral, presencia en las redes sociales y actuación política de los electores, gracias al programa de documentos de identidad dirigido por el gigante chino de telecomunicaciones ZTE Corp. 

La agencia Reuters descubrió que “esa tecnología es empleada en el Carnet de la Patria y muestra cómo China, a través de ZTE, exporta conocimientos tecnológicos que ayudan a los gobiernos de ideas afines a rastrear, recompensar y castigar a los ciudadanos”. 

El revocatorio aprobado ayer, no lo olvidemos…

Acabará en todo esto, el día mañana.