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¿El reacomodo infernal?

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Ethel Riquelme.

Va a ser por lo menos vergonzoso para el Secretario de la Defensa Nacional, Crescencio Sandoval, justificar que un error táctico de sus comandantes hayan provocado en Culiacán el momento más aterrador que haya enfrentado toda una población ante un crimen ensoberbecido; va a ser difícil explicar a la opinión pública cómo provocaron esto por detener a un hijo del Chapo Guzmán que luego soltaron por negociación, e injustificable que, por falta de información e inteligencia, los propios militares hayan pateado el avispero más violento del país causando un verdadero infierno.

Las consecuencias de despertar al león a patadas serán tremendas. O quizá no.

La detención de Ovidio Guzmán López, hijo del siempre taquillero Joaquín Chapo Guzmán, en un momento de alta crítica a la inseguridad del gobierno de López Obrador, la forma en que se dejó avanzar el terror y el rumor, la propia operación desarticulada, la conferencia de prensa confusa, el pretexto inaudito de un patrullaje en una de zona de lujo, la balacera en medio de civiles inocentes, la liberación a final del joven bajo el argumento de privilegiar la salvaguarda de la sociedad de Culiacán y la rápida difusión de un video del interior de la zona militar lo que nunca sucede, parecen estar ligados con otros objetivos.

Las respuestas a estas inquietudes son lo que en realidad está detrás de los hechos en Culiacán.

Lo que los ciudadanos, azorados, incrédulos, aterrados vimos ayer en imágenes de televisión y redes sociales fue la muestra de un gobierno desorganizado frente al crimen bien organizado. De un gobierno de la cuatroté que no tiene o no revela sus estrategias, que se alía con grupos armados, que perdona, que pide a las madres regañar a sus hijos malportados y que, en más de una ocasión, ha aceptado intercambiar detenidos por armas y ceder ante los delincuentes. Frente a un cartel de Sinaloa que es fundador de carteles, reconocido en todos los continentes, con la mejor y probada estructura financiera, logística y administrativa.

La Sedena se equivocó realmente en la operación dentro de una de las zonas más lujosas y céntricas de la capital donde habitan los capos, o la Secretaría de Gobernación insiste en negociar con los grupos armados o la estrategia de seguridad de Durazo está recalculando una nueva alianza con grupos de mayor influencia y castigar el mal comportamiento de los vulgares grupos organizados que han sido hasta ahora sus aliados, como el Jalisco Nueva Generación y el de Santa Rosa de Lima, que han empezado a moverse solos, por  su cuenta y fuera de los marcos acordados.

De ser así, en efecto, la ola de crímenes, un pico en los números de violencia y las consecuencias de lo sucedido llegarán pero no por Culiacán, sino por el ajuste al plan. Sólo así se puede explicar tantos errores, el silencio, un patrullaje inaudito, una detención tan simple, un capo tan alto y una liberación.

Lo sucedido en Sinaloa, tiene directa relación con lo acontecido días antes en Michoacán, Guerrero y Tamaulipas, emboscadas a policías, ataques a militares y amenazas a guarniciones militares por parte de los que parecían aliados. No hay casualidad.

La posible alianza con Sinaloa daría nueva fuerza a un cartel con el que hasta el propio presidente ha mostrado simpatía cuando sugirió en plena conferencia matutina su pesar por la condición de encarcelamiento de su líder, Joaquín Guzmán Loera. La detención de El Chapito, el más pequeño de los niños Guzmán, uno de los más protegidos, para luego liberarlo es de las muy conocidas maneras de negociación y acercamiento en el mundo policíaco.

Nada parece sorpresa cuando de poner un control y un alto a la violencia excesiva y abusiva del Jalisco se trata.  Esto sería lo único ordenado y lógico entre el desastre, la confusión y desorden de los hechos suscitados ayer.

Y aún así, las secretarias de Gobernación, Seguridad y Defensa tendrán mucho que explicar.