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Culiacán: el poder (Ovidio) contra el gobierno (AMLO)

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Casi nadie sabía de él antes de las balaceras simultáneas que causaron pánico en Culiacán (Sinaloa), el pasado jueves 17 de octubre. Y, después, su nombre se reprodujo en todos los medios y en todas las redes sociales: Ovidio Guzmán López, heredero y líder del Cártel de Sinaloa, e hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, hoy encarcelado en EEUU.

¿Qué sucedió ese día? Simple: el Cártel de Sinaloa doblegó, hasta la ignominia y la peor de las vergüenzas, al gobierno fallido de Andrés Manuel López Obrador. Un caso típico que nos ayuda a comprender la diferencia entre “poder” y “gobierno”. El narco tiene poder, mucho poder, como siempre lo ha tenido, mientras Andrés Manuel López Obrador sólo es un ridículo e inepto gobernante.

Dicho en el argot político: López Obrador le tocó los huevos al tigre y éste le mostró las fauces y las garras mientras le daba unos zarpazos. López Obrador se metió con el Diablo, con uno de los verdaderos poderes de este país y del mundo entero: el narcotráfico.

El gobierno de MORENA vuelve a ser el hazmerreír del mundo entero: el globo terráqueo volvió a constatar que López Obrador jamás ha estado preparado para gobernar un país tan complejo y complicado como México. El gobierno de López Obrador vuelve a hacer gala de su alto nivel de incompetencia e improvisación.

¿Qué sucedió ese día? Sucedió que el narco volvió a demostrar que está mejor organizado y coordinado que el gobierno de México, sobre todo en tiempos de la dizque Cuarta Transformación. Sí, se trata del crimen organizado, que de veras está muy bien organizado; tanto que, en cuestión de horas, puso en jaque al Ejército Nacional y a la Guardia Nacional, a todas las fuerzas armadas de México, a todas las policías de México.

En tanto, el pobre e inútil gobierno de Andrés Manuel López Obrador ni siquiera logró ponerse de acuerdo en la versión de los hechos.

El siempre errático Alfonso Durazo dijo que todo empezó a raíz de un patrullaje de rutina, mientras el Presidente López Obrador dijo que se trató de un fallido operativo para llevar a cabo una orden de aprehensión con fines de extradición… ¡Ni para eso pudieron ponerse de acuerdo este par de ineptos!

¿Qué sucedió ese día? Sucedió que el gobiernito de López Obrador quiso dar un golpe mediático en materia de seguridad pública; materia que se ha constituido como uno de sus grandes tropiezos gubernamentales, como uno de sus grandes descalabros. López Obrador quería salir “muy cabrón” a anunciarle a México y al mundo que había capturado al hijo de “El Chapo”, nada más ni nada menos. ¡Qué notición hubiera sido éste para las cámaras y rotativas después de la captura y condena de su padre!

¡Pero a AMLO le salió muy mal su teatrito! Mal, muy mal, porque no supo con quién se metía, porque nunca se tomó la molestia de averiguar la verdadera dimensión de su oponente. Pensó que el Cártel de Sinaloa estaba en franca caída tras la condena de “El Chapo”, pero ya se dio cuenta de que esa organización criminal sigue más viva que nunca y que se está rearticulando exitosamente.

En el vergonzoso y humillante operativo del pasado jueves 17, falló toda la inteligencia militar y toda la inteligencia nacional. En estos aciagos momentos para el gobierno mexicano, el Ganso Cansado de Palacio Nacional ya se dio cuenta de que el CISEN no sólo servía para espiar opositores políticos. Gran error haberlo desmantelado, uno más de la mal llamada “Cuarta Transformación”.

Su habitual improvisación condujo al gobierno de López Obrador al fracaso, a la vergüenza, al fiasco… Insistamos: López Obrador es el hazmerreír del mundo entero.

Y, para colmo de burlas y risotadas, salen los pejezombies a defender los despropósitos de su dios: era soltar a Ovidio o sufrir muchas bajas civiles… ¡la falacia del falso dilema!

No, señoras y señores, un gobierno eficaz y responsable planea muy bien sus acciones, previo diagnóstico profesional, para hacer las dos cosas a la vez: capturar delincuentes sin poner en riesgo a la población civil. Un gobierno eficaz y responsable está obligado a hacer las dos cosas a la vez, no a elegir una entre ellas.

El Gabinete de Seguridad del fallido gobierno de López Obrador destiló tal cantidad de torpeza, que no pudo neutralizar al Cártel de Sinaloa. De hecho, sucedió al revés: el Cártel de Sinaloa neutralizó al Gabinete de Seguridad, al gobierno de López Obrador, a las fuerzas armadas concentradas en Culiacán

¿Qué sucedió ese día? Sucedió que el Cártel de Sinaloa le demostró a López Obrador quién manda realmente en muchas zonas del país.

Sucedió que el Cártel de Sinaloa le demostró a López Obrador que el crimen organizado no tiene madre o la tiene incorporada en sus filas, por lo que los “regañitos maternos” no funcionan.

Sucedió que el Cártel de Sinaloa le demostró a López Obrador que los “abrazos” nunca sustituirán a los “balazos” cuando de defender las plazas se trate.

Sucedió que el Cártel de Sinaloa le demostró a López Obrador que el “pueblo bueno” sólo existe en su imaginación rupestre, pero no en las plazas sujetas a disputa porque dejan pingües ganancias.

Sucedió que el Cártel de Sinaloa le demostró a López Obrador que hacer gestos de desagrado mientras se dice “fuchi, guácala”, de nada sirve en el mundo de la realidad cruda y dura.

Y concluyamos pronosticando una nueva etapa, muy violenta y sangrienta, de la guerra entre los cárteles, en donde las fuerzas armadas del gobierno fallido de López Obrador sólo se replegarán para ver el desastre y para salvar el pellejo.

En López Obrador tenemos un gobierno de chocolate, que se derrite fácilmente frente al auténtico calor…

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine

Este artículo de análisis y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo del artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.