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Culiacán y sus consecuencias

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

El jueves 17 de octubre estaba destinado a ser un día icónico para el gobierno de la mal llamada Cuarta Transformación, no solo por iniciarse las obras del nuevo aeropuerto de Santa Lucía, sino porque esa misma mañana se perfilaban señales positivas en Estados Unidos para la ratificación del nuevo acuerdo comercial de nuestro país con estadounidenses y canadienses.

El desatino y la incompetencia harán que efectivamente esa fecha sea recordada, pero por los lamentables hechos que tuvieron lugar en la ciudad de Culiacán, donde se desató una verdadera guerra que culminó con una vergonzosa capitulación del Estado mexicano frente al crimen organizado.

Un operativo pésimamente planeado y peor ejecutado para detener a un peligroso narcotraficante, el hijo del famoso Joaquín “El Chapo” Guzmán, pueden marcar un antes y un después en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, con graves consecuencias políticas, pero también económicas.

Al desprestigio mundial por haber entregado a un presunto delincuente reclamado por el gobierno norteamericano, se suma por supuesto la demora que este hecho vergonzoso puede provocar en el ya de por sí complicado proceso para que en Washington los demócratas den su brazo a torcer y aprueben el TMEC, lo que sería oxígeno puro para la alicaída economía mexicana.

No parece suficiente el argumento oficialista de que la decisión de entregar a Ovidio Guzmán se tomó para preservar vidas civiles, porque ello debería haber sido considerado desde la planeación misma de un operativo de esas características, que por cierto fue negado por las autoridades mexicanas durante los primeros minutos de la crisis.

Editoriales y despachos noticiosos de medios en todo el mundo se preguntaban por qué se dijo en primera instancia que la flamante Guardia Nacional realizaba un patrullaje de rutina cuando era un operativo específico, y también por qué se insistió en que la decisión gubernamental de capitular frente a poderosos comandos armados enemigos fue tomada por el gabinete mexicano de seguridad y no directamente por el Presidente de la República, quien simplemente habría avalado tal determinación.

Los hechos también revivieron señalamientos de que el mandatario mexicano comete un terrible error al empeñarse en viajar en aviones comerciales, porque mientras la capital sinaloense todavía ardía, éste iba a bordo del vuelo 2136 de Aeroméxico rumbo a Oaxaca, por lo que estuvo incomunicado poco más de una hora, como lo reconoció en sus declaraciones el propio secretario de Seguridad Pública federal, Alfonso Durazo Montaño.

Resulta curioso, por decir lo menos, que unas horas antes el presidente de Cuba hubiera aterrizado en la ciudad de México a bordo de un avión oficial de su gobierno.

Confianza es lo que reclama a gritos la economía mexicana para salir de un pasmoso cero por ciento de crecimiento en 2019, y lo de Culiacán abona en contrario, se vea por donde se vea.

Un sinaloense, Juan Burgos, hizo una dramática crónica vía Twitter desde un restaurante culichi, donde quedó atrapado durante las más de 4 horas que duró la refriega, en un testimonio de lo que significó esa tarde para la población de Culiacán y para el devenir del proyecto de Andrés Manuel López Obrador, por el que luchó a brazo partido durante 18 años.

Hoy, a casi 11 meses de iniciado su gobierno, la soberbia de varios integrantes de la 4T -y la del propio mandatario- culpa como siempre de lo ocurrido a administraciones pasadas o a los medios de comunicación, que simplemente consignan sus contradicciones y su falta total de autocrítica.

Porque no es autocrítica exigirnos que se les reconozca sensibilidad y responsabilidad humanitaria por supuestamente evitar pérdida de vidas. Simplemente vale recordar que en las 2 aprehensiones del “Chapo” Guzmán, hoy prisionero en Estados Unidos, no hubo una sola baja, ni civil ni militar.

Se trata, pues, de un grave traspiés cuyas consecuencias inmediatas ya cobraron factura, la de mantener incertidumbre económica por decisiones gubernamentales erráticas, pero que puede todavía trascender negativamente en el devenir de apenas el primer año de la administración lopezobradorista.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista.

@AlexRdgz