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¿Qué difícil es, verdad Andrés?

Hilde Alfonso Menéndez Castillo.

Andrés, qué difícil es entender que ya no estás en campaña y que ahora eres gobierno; qué difícil es entender que la honestidad vale, pero sólo con capacidad cuenta; qué difícil ha de ser reconocer que en tu gobierno hay gente con propiedades y empresas que, con el sueldo que reportaron en su momento, jamás un ciudadano honrado las podría haber adquirido.

Imagino lo difícil que es aferrarse a creer que son honestos, que fueron redimidos al momento de girar en dirección a tu proyecto.

Qué difícil es entender que hay momentos en los que se tiene que tomar el teléfono y decirle a un colaborador que está mal, que tiene que rectificar, que sus actos no concuerdan con tu visión.

Qué difícil es entender que recorrer todos los municipios no es lo mismo que entender al país. Las necesidades del sur no son las prioridades del norte, ni viceversa.

Andrés, créeme que, si tomas un jet privado, los mexicanos no nos molestamos, tampoco creeremos que harás mal uso del recurso, siempre que los demás aspectos de tu administración no reflejen lo contrario.

Incluso, teniendo los recursos a la mano, puede ser mejor un jet privado que un vuelo comercial. Tu presencia en un avión pone en peligro a cientos de pasajeros, y no por ser Andrés, sino por ser el presidente.

Qué difícil te ha sido entender que no debes abusar del cariño que tenemos, como pueblo, por ti. Representas esperanza y millones te seguimos, no por tu persona, sino por las causas que enarbolaste.

Eso de levantar la mano para consultar la toma de decisiones en plenas asambleas, es una caricatura de democracia. ¿Tienes idea de cuánto han luchado millones de personas para que el voto sea secreto? ¿Ya olvidaste cómo se reelegía al líder de los petroleros en las asambleas sindicales?

Una gran mayoría te ama todavía. El enamoramiento siempre es así, intenso, apasionado, pero al fin pasajero. La catarsis colectiva se irá diluyendo para dar paso a las ideas razonadas, que dejarán de ser producto del mero impulso del momento y del resentimiento ciego a todo lo que representa el sistema que dejó al país en las condiciones en que se encontraba antes de tu llegada.

Cada día se suma un ciudadano más al cual le comienzan a molestar las formas tan burdas con las que ofreces respuestas, sin sentido ni contenido, en las mañaneras. Yo por eso ya no las veo.

Qué difícil es entender que te preferimos una vez a la semana, a la quincena o, incluso, sólo el primer lunes de cada mes, pero con sustancia.

Tengo esperanza en ti como gobernante aún, fe en ti como persona. No soy un “fifí” pero razona: tienes que entender que mientras recorrías el país, éste cambió sin avisarte.

México era un país de instituciones sólidas, con una metodología bastante sofisticada, la clave era acabar con la estructura de corrupción e impunidad que las tenía secuestradas, no desmantelarlas.

Andrés, me gustaría que entiendas que no todos los de ayer son corruptos ni todos los de mañana son honestos. Por el bien de México, y vamos, pues, por el bien de tu administración, de tu sexenio, me gustaría que entiendas que después del año 2006 el principal problema de México, más que la pobreza, comenzó a ser la inseguridad.

Señor Presidente, cuídese siempre de los que le aplauden y adulan sin remedo, incluyendo al pueblo, que ahora por la etapa de enamoramiento todo perdona.

¡Cuidado, Andrés! A veces el pueblo, sin mala intención, también corrompe a sus líderes. No hay que olvidar algunas lecciones básicas de teoría política y social. No vaya a ser que los enemigos más peligrosos para la 4T estén sentados en tu mesa, en tus reuniones masivas, en el partido que fundaste.

Siempre estará el camino fácil de la retórica, el de eludir la crítica y la responsabilidad, el de tachar de “enemigos” a quienes disienten o culpar de los males al pasado, pero al final la realidad se impone.

Por difícil que sea, lo único que mantiene a un gobierno sin mancha es el ejercicio de un liderazgo que se eleve por encima de las diferencias, que sume a las buenas intenciones la capacidad de ofrecer resultados. Entonces los insidiosos se desenmascaran solos y el contraste con el pasado se vuelve evidente por sí mismo.

@yoconhilde