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Sin razón, sin ver…

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Carlos J. Pérez García. 

Decíamos que el buen Will era un genio que no siempre fue comprendido por las fuerzas de la naturaleza o por su propia familia. El fuego, recordemos, le quemó su querido teatro mientras que su mujer y sus hijas casi ni lo conocían. En un párrafo resumí que, tras ese incendio, el notable poeta, dramaturgo y actor regresó a su pueblo de Strafford en el río Avon y no volvió a escribir los tres últimos años de su vida hasta que murió a los 52, en abril de 1616.

Tal como avisé antes, hoy seguimos un poco aquí con el gran William Shakespeare, después de que esbocé algunas referencias y muestras sobre él y sus misteriosos Sonetos. En una excelente película que acabo de ver, All is True (Todo es verdad) con extraordinarios actores, se nos descubren los entresijos de esos años de la vida de un gigante… ya retirado y entre su familia.

Se reconstruyen con esmero las vivencias de una esposa desatendida, una hija casada con un puritano y otra solterona por varios años, al igual que la dolorosa ausencia del hijo gemelo de ésta que había muerto cuando niño. Es así que un hombre mañoso y apagado vuelve a sus orígenes para bien y para mal, para recordar y tratar de olvidar, para enterarse de lo que sucedió mientras él se volvía rico y famoso.

Esa etapa postrera llevó a un final que algunos han asociado a la bebida, y luego se ha especulado sobre sus preferencias sexuales y su capacidad real para escribir una obra tan importante al ser un plebeyo que provenía de un hogar rural y analfabeto. Los atrayentes enigmas siguen vivos.

Y, bueno, los títulos de esta breve serie de artículos recogen el conocido poema de una genial mujer, Juana, que desplegó los temas de la vieja e injusta desigualdad en contra de las mujeres.

En cuanto a los famosos sonetos de amor, decíamos la semana pasada, son 154 numerados y en su mayor parte se refieren a Fair Youth (un joven hermoso), así como a Dark Lady (la dama oscura) hacia el final. Reproduzco a continuación el Soneto 30, que me parece muy representativo. Y apunto que, más que traducción, se requiere aquí una interpretación en la que la poesía se reescriba en nuestro idioma (utilizo la respetada versión en español de Ramón García González, con diversos ajustes míos).

“When to the sessions of sweet silent thought, / I summon up remembrance of things past, / I sigh the lack of many a thing I sought, / And with old woes new wail my dear time’s waste:

The can I drown an eye (unus’d to flow) / For precious friends hid in death’ dateless night, / And weep afresh love’s long-since cancell’d woe, / And moan th’expense of many a vanish’d sight.

Then can I grieve at grievances foregone, / And heavily from woe to woe tell o’er / The sad account of fore-bemoaned moan, / WhichI new pay, as if not paid before.

But if the while I think of thee (dear friend) / All losses are restor’d, and sorrows end”.

“Cuando a dulces sesiones, de meditar silente, / convoco en mi recuerdo las cosas ya pasadas, / suspiro al evocar tantas cosas que he querido / y culpo con lamentos el tiempo que he perdido.

Entonces derramo llanto, no acostumbrado a ello, / por grandes amigos que devoró la noche / y renuevo mi llanto con penas ya olvidadas, / lamentando la pérdida de esfumadas imágenes.

Me lamento de penas y desgracias pasadas, / y cuento nuevamente de dolor en dolor / el tristísimo relato de renovados llantos, / pagando de nueva cuenta lo que antes ya pagué.

Pero si mientras tanto pienso en ti, querido amigo, / remedio mis dolores y acabo con mis penas”.

Ésta es sólo una pequeña muestra. Y, por cortesía de Gustavo Hirales, viene al caso citar también al gran Dylan Thomas (de quien tomó Bob Dylan su apellido artístico): “El oficio del poeta” lo ejercía yo “para los amantes, para sus brazos / que rodean las penas de los siglos, / que no pagan con salarios ni elogios / y no hacen caso alguno de mi oficio ni mi arte”.

El propio WS decía (según la foto con la que el portal Código San Luis presenta mi artículo de la semana anterior): “El tiempo no vuelve atrás, por lo tanto planta tu jardín y adorna tu alma, en vez de esperar a que alguien te traiga flores”.

* DEL TEMA QUE NOS angustia hoy a muchos si acaso resalto aquí, con la mayor brevedad, que las tendencias confirmadas en México resultan muy negativas y no sólo implican el fracaso personal de AMLO (aunque siga diciendo “no les voy a fallar”), sino igual la posibilidad de que la sociedad se fracture y el país se rompa en dos. Miren, está claro que se han radicalizado las posiciones a favor o en contra de su gobierno: tal vez alrededor de mitad y mitad, sin contar una minoría totalmente desinteresada.

Las recriminaciones van a ser el corolario de la polarización que se ha venido incrementando estos meses y años… Que todo fue culpa de los críticos (conservadores) por haberse resistido a los cambios justificados, o bien que desde un principio se tomaron rutas ingenuas e inadecuadas y luego se descalificó sin ton ni son a “los opositores”. El grave atorón y la repartición de culpas pueden provocar más violencia, lo que pondrá a prueba las instituciones.

Y, claro, no todo ello es sólo cosa de él, ni de que varios de sus críticos lo odien o se le opongan por aparentes razones ideológicas. No, en realidad tiene asesores y gente cercana que es más radical que él y lo precipitan, además de que ni los legisladores de su partido ni los miembros de su débil Gabinete lo cuestionan. Son tales su temor y su abyección que prefieren seguirle la corriente e incluso repetir algunas de sus tonterías; aparte, nunca actúan como contrapesos que pudieran equilibrar y mejorar las decisiones.

Digamos, eso ha producido retrocesos evidentes en materia económica (con un Secretario de Hacienda que prefirió renunciar) o educativa (con la intervención directa del presidente para satisfacer a grupos sindicales o eliminar la evaluación educativa y los filtros de admisión a la educación universitaria). En lo que se refiere al idioma Inglés y las relaciones internacionales, sí ha permitido la participación de diplomáticos y especialistas. Sin embargo, en educación y economía él impulsa sus visiones personales y equívocas.

Repite que la Historia es la maestra de la vida, pero nada más la que le gusta y cree entender… incluso con riesgos de repetición de desastres o de reabrir heridas sin mayor sentido.

Voluntad transformadora, la hay. También enormes torpezas que ya se aprecian demasiado costosas y, en verdad, muy lamentables.

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