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Arrasa la 4T con el último reducto

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Rubén Cortés.

La CNDH puede desaparecer esta semana en el Senado como uno de los últimos reductos de los organismos autónomos que cuidan a la sociedad frente al poder. Sí: eso está ocurriendo también mientras las unidades de investigación del Estado persiguen a las voces críticas. 

Morena quiere imponer en la CNDH a una militante con cargos dentro del partido: Rosario Piedra Ibarra, ex candidata a diputada en la pasada elección. Un perfil viciado, por estar vinculada al gobierno y ser amiga del Ejecutivo al que tendría que supervisar. 

Si la CNDH es secuestrada por un perfil como éste, dejaría de funcionar como observadora imparcial del actuar del Ejecutivo, al que está obligada a enmendar la plana por sus acciones u omisiones. Una CNDH sin autonomía representaría un retroceso a los tiempos de Bartlett en Segob.

Así que, en tanto el gobierno suelta los señuelos de “periodistas con bozal” o “golpes de Estado”, y su principal grupo de inteligencia busca a Tumbaburros y no al Mencho o a los hijos de El Chapo, el Senado está desmembrando la democracia en su intento de entregar la CNDH al Ejecutivo.

Hoy, es en el Senado, donde se está jugando el talante democrático de nuestros partidos políticos, porque desde que la CNDH es autónoma, nunca habría tenido un vínculo evidente con partido alguno, como lo sería con Rosario Ibarra Piedra.

Otra consideración que invalida el perfil de esta militante de Morena para ocupar la presidencia de la CDNH es su falta de empatía con el Ejército: en 1974, su hermano desapareció y la familia Piedra Ibarra culpa de ello a las fuerzas coercitivas del Estado. 

Y, en este momento histórico, en el que (el Culiacanazo es un ejemplo) el narcotráfico declaró la guerra al Estado, es necesario que la CNDH tenga en cuenta, con especial atención, los derechos humanos de los soldados. Y, por razones entendibles, Rosario Piedra Ibarra no sería objetiva con el Ejército. 

Un momento en el que el gobierno no puede olvidar que su deber fundamental es producir seguridad pública. Podrá facilitar dinero directo a través de programas sociales, construir trenes en la selva y refinerías en pantanos, pero todo eso es nada, si no provee seguridad pública. 

De ahí que el Ejército debe recibir todo el apoyo como el responsable de producir orden, en un país quebrado por la inseguridad, y donde el narcotráfico mata a una persona cada 14 minutos. Anoche mismo, asesinó a una familia entera en Chihuahua. 

En la CDNH es necesario alguien que entienda que el Ejército tiene el poder legal del uso de la fuerza, y si no lo hace se deslegitima del todo.

Y para eso es básico contar con una CNDH autónoma.