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La pena de muerte, ya urge. El caso LeBarón

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Lo oigo, lo veo y no lo creo. No puede ser que la insensibilidad de la gente sea tal, que no se percaten de lo que le dicen los políticos irresponsables. El crimen a los LeBarón, los más desprotegidos de esa familia que transitaban en la zona donde vivían: mujeres y niños pequeños, ¡no tiene nombre!

Pero además indigna el trato que le da Alfonso Durazo al hecho, en la comparecencia en el Senado, dijo que son unos más que se añaden a la suma de gente que ha sido víctima, por años, cínica y fríamente parafrasea al sanguinario José Stalin, que decía que la muerte de una persona era una tragedia pero la de muchos era estadística. Durazo insistió en culpar a los funcionarios del pasado, como si no hubieran sabido que el problema era y es grave. Mejor no le hubieran entrado a ofrecer resolver lo que no saben ni pueden. Es una burla en abierto.

En la mañanera lo primero que dijo Durazo fue una especie de justificación: “los confundieron”… Ah, con razón, pobrecitos asesinos no pudieron ver a quién mataban. Y nadie de los paleros que van a esas reuniones, fue capaz de decirle, ¿de dónde salía con esa explicación que buscaba suavizar el crimen de los malditos asesinos?

Para continuar con la confusión concertada, los noticieros manejan que la familia LeBarón iban en convoy, la palabra que se identifica con lo militar, la Wikipedia dice: “conjunto de vehículos terrestres o marítimos, generalmente escoltados por otros vehículos, que trasladan mercancía y personas de un lugar a otro, especialmente en una guerra”.

De golpe y porrazo, los mal intencionados e ignorantes fortalecen la “versión madre” del secretario de Seguridad de que las mujeres y los niños eran parecidos a un operativo, un “convoy”. Y nadie se indigna.

Y no me quiero referir a las reiteradas garantías cotidianas del gobierno a los asesinos y criminales, en las que se afirma y recontrafirma que no habrá nada de violencia para ellos; dijo, no vamos a una guerra, porque en los libros dice que es muy fea.

Pacifismo de hippies de peace and love, pacifismo extremo, a toda costa. No hay gobierno.

El lunes se dijo que el gobierno no es responsabilidad de los gobernantes, sino de todos. Hágame el favor, un permiso para hacerse de justicia por propia mano…

Y lo más maravilloso es que nadie lo oiga para que no se digan engañados.

El crimen a la familia LeBarón, no debe ser objeto como dijo Durazo de “hay que ver las causas”, como si hubiera otras causas que la codicia criminal y el hambre de sangre. Señor Durazo, no hay mas causa, que la impunidad que diario cobijan ustedes.

Porque sin rascarle mucho también hay otra causa que ellos, los LeBarón fueron desprotegidos de la policía federal que les brindaba ese apoyo. Durazo directamente los dejó morir solos, ya les habían secuestrado y matado familiares. No era una hipótesis, era una realidad y lo es hoy. Les quitaron la policía a propósito, la que los protegía por esas causas extraordinarias, de resistirse a los criminales. O son otras víctimas de las decisiones draconianas, de recortar gastos para regalar el dinero a los programas electorales, dizque sociales, cortando parejo, a lo güey.

Gobernar en condiciones de anarquía, solo tiene una definición: proteger a los ciudadanos, no a los delincuentes. No son pueblo, son chacales, ya no se confundan. No hay negociación, bien dice Trump deben ser arrasados de la faz de la tierra.

México debe despertar y legislar sobre la pena de muerte. Ya.

No se justifica mantener en las cárceles a asesinos profesionales que tienen como profesión matar. Es de tontos, soliviantar a esos sujetos, que dicho sea de paso no son prójimos de nadie.

Porque eso es lo que no querían entender los fariseos cuando le preguntaron a Jesús “¿Quién es mi prójimo?, a lo que Él respondió con la conocida Parábola del Samaritano, en la que ese hombre rescató al asaltado por delincuentes, sin conocerlo, lo curó y pagó su cuidado, en contraste con dos religiosos que se pasaron de largo previamente, sin prestar auxilio; entonces Jesús le dijo al fariseo: ¿quién fue el prójimo? Y tuvo que responder el fariseo: “el que usó de misericordia”, refiriéndose al Samaritano, por supuesto que no eran prójimos, ni los asaltantes y ni siquiera, los que pasaron santiguándose pero que no ayudaron.

Los delincuentes no son los prójimos, repito. Deben ser ajusticiados como corresponde a un país que ama a sus verdaderos prójimos lo suficiente como para hacer todo lo posible para que estén protegidos, aun si los que gobiernan no quieren gobernar.