Contra la violación, coreografías

Carlos Arturo Baños Lemoine.

“Un violador en mi camino” es una canción/coreografía feminista que se puso de moda de repente, sólo para demostrar, una vez más, la gran capacidad que tiene el feminismo para hacer cosas carentes de racionalidad y de impacto positivo en la realidad social.

Ayer, viernes 29 de noviembre, cientos de feministas se concentraron en el Zócalo capitalino para interpretar dicha composición, a manera de ritual zombie, con la letra mal memorizada y evidente descoordinación en los movimientos.

Si hay algo que tiene el feminismo actual es su creencia en los “poderes mágicos” de happenings, performances, flashmobs, escraches y demás expresiones de “acción colectiva escenificada”. Las feministas, de hecho, se han especializado en la teatralización: creen que, así, le dan más dramatismo a sus demandas, dizque para conseguir un mayor impacto de su agenda en las autoridades gubernamentales y en las políticas públicas.

Con sus teatralizaciones pretenden “hacer más visible” la realidad de violencia que viven las mujeres cotidianamente. Y, por ello, ya se les hizo hábito hacer marchas vandálicas y realizar espectáculos “sensibilizadores” en espacios públicos.

Pero la verdad es que la violencia (no sólo la que padecen las mujeres) siempre ha sido más que evidente y, por ello, de nada sirven las acciones histriónicas a cargo de las feministas.

La violencia hacia las mujeres está muy documentada, aunque esta documentación está demasiado sesgada en nuestros tiempos canallas: los medios masivos (domesticados por la “ideología de género”) suelen ocultar o minimizar la violencia que ejercen las propias mujeres, muchas veces contra otras mujeres.

Esos mismos medios, también suelen “invisibilizar” (usemos su palabrita) la habitual incompetencia de las autoridades federal y locales (con predominio de MORENA y aliados) para enfrentar la crisis de inseguridad que vive todo México.

Claro, los medios se tragan y escupen a todas horas la “ideología de género”, pero saben que “el dedito” de López Obrador es vengativo y cabrón. Entonces, por ello, mejor criticar al “patriarcado malévolo” (entidad fantasmal y abstracta) en vez de criticar al Huey Tlatoani de Palacio Nacional (porque éste sí existe y es muy rencoroso).

Así, pues, todos somos muy conscientes de la violencia y de la inseguridad que dominan nuestras calles. Pretender hacer más evidente lo evidente resulta improductivo y ridículo. Bueno, así es el feminismo: improductivo y ridículo.

El “Payaso de rodeo” versión feminista sólo tiene funciones catárticas y fanatizantes. Al igual que las continuas marchas vandálicas, esta canción/coreografía no tendrá ningún impacto positivo en la realidad, porque los violadores y demás abusadores de mujeres seguirán sacando provecho de los vacíos y de la ineptitud de las autoridades públicas, así como de la imprevisión de sus víctimas.

En efecto, la culpa de una violación la tiene sólo el violador… ¡pero vieran ustedes cómo agradece este transgresor la impericia y el descuido de sus víctimas!

Por desgracia, y debido a su irracionalismo de origen, el feminismo sigue sin entender una clara y vieja lección de la criminología:

En todo acto criminal hay dos polos, el victimario y la víctima; el primero busca hacer daño mientras la víctima debe buscar evitar este daño. ¿A quién le corresponde, pues, extremar precauciones para evitar el daño de un acto criminal?

En un México cada vez más violento, cada detalle cuenta: nuestros horarios, nuestros hábitos, nuestras compañías, nuestros descuidos, nuestras imprevisiones, nuestros medios de defensa, nuestras rutas de escape, nuestra intuición, nuestra información sobre el entorno, etc.

Por eso, uno de los componentes más importantes de la seguridad pública es el componente de la “prevención del delito”, que se refiere al conjunto de hábitos individuales, familiares y comunitarios que tienden a reducir la probabilidad de ser víctimas de la delincuencia.

Cuando usted sale de su casa, seguro echa cerrojo a la puerta. Y, cuando regresa a ella, ante de ingresar echa una mirada alrededor, a objeto de detectar presencias potencialmente peligrosas.

Cuando acude al cajero automático a sacar dinero, ¿no mira de reojo a su alrededor y no se fija en los pasos de los viandantes?

El riesgo siempre va a existir, sobre todo en un país en donde el Presidente de la República cree en el poder correctivo de los regaños maternos. Pero se trata de minimizar al máximo ese riesgo. En esto consiste la “prevención del delito”.

Así que los violadores y demás abusadores sexuales seguirán agradeciendo la imprudencia de miles de jovencitas que, habitualmente, incurren en múltiples factores de riesgo.

A los violadores y demás abusadores sexuales mucho les convienen las chicas que se desprotegen a sí mismas.

Y en efecto: la culpa de la violación será sólo del violador… ¡pero cómo agradecerán los violadores los muchos descuidos por parte de sus víctimas!

Por eso, veremos cómo seguirán aumentando las acciones de violencia sexual hacia las mujeres: porque tenemos muchas teatralizaciones estériles al lado de ineficaces políticas públicas en materia de seguridad pública.

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Este artículo de análisis y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo del artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.