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El verdadero problema del presupuesto

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

El Presupuesto de Egresos de la Federación correspondiente al próximo año debió ser aprobado a más tardar el pasado viernes 15 de noviembre. Pero para los diputados no hay problema: el reloj legislativo ha sido “detenido” para no violentar ese mandato constitucional.

El partido del presidente de la República tiene una cómoda mayoría que garantiza aprobar el gasto público de 2020 justo en los términos en que fue enviado a los legisladores. Parece que así será, pero la pregunta es cuándo.

Se sabe que el documento plantea un presupuesto que privilegia los programas sociales de Andrés Manuel López Obrador, así sea en perjuicio de políticas públicas del pasado inmediato, aunque éstas fueran exitosas.

Conocemos la línea presidencial de que la transferencia de recursos asistenciales debe ser directa y no a través de instituciones o grupos de representación primarios o intermedios.

Ya se refleja con más claridad la llamada austeridad republicana, aunque ello implique el desmantelamiento de cuadros talentosos de servicio público, vulnerabilidad en los sistemas informáticos de la Federación y de las empresas productivas del Estado o escasez de medicamentos en el Sistema Nacional de Salud.

Petróleos Mexicanos tendrá los recursos que supuestamente la convertirán de nuevo en la empresa impulsora del desarrollo nacional.

Están presupuestados los proyectos icónicos del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y la Refinería Dos Bocas, aunque haya todos los escollos técnicos en los tres casos.

La implacable tijera presupuestal de la mal llamada Cuarta Transformación muestra cada vez con más claridad el propósito de debilitar a organismos autónomos del Estado mexicano.

Vaya: probablemente ya se haya incluido en los recursos por gastar el siguiente ejercicio fiscal tanto los 500 mil millones de pesos supuestamente rescatados de las garras de la corrupción y hasta las raquíticas ganancias por la supuesta venta del avión presidencial.

Podemos estar tranquilos de que a pesar de su talante antineoliberal, parece haber voluntad de mantener el equilibrio en las finanzas públicas, esto es, no gastar más de lo que se ingresa vía impuestos, tarifas, cuotas o más ahorros presupuestales.

Pero nada de lo que he expuesto importa tanto como un supuesto en el que se basa el primer ejercicio de gasto del actual gobierno, porque no olvidemos que el de 2019 lo presentó todavía la administración anterior.

Ese supuesto es el principal problema y para mí, la grave preocupación por lo que pasará en el 2020.

Me refiero a que todo el presupuesto descansa en la proyección del crecimiento: 2 por ciento. Una proyección que ya no solo es demasiado optimista sino francamente irreal.

Si como todo parece indicar no se logra ese ritmo de expansión económica, no se lograrán los ingresos fiscales proyectados (a menor crecimiento, menor recaudación, pues). Y si eso ocurre, simple y llanamente el dinero no alcanzará para cumplir con la ejecución del gasto y los programas, ni siquiera los que más le interesan al Presidente de la República.

Ese 2 por ciento, que no se alcanzará a la vista de todos los analistas económicos a partir del crecimiento cero de este año y de las señales de desaceleración económica a nivel mundial para el próximo, es el verdadero problema.

Aunque nos distraigan con un expresidente exiliado en México, o muy sonoros debates sobre el clasismo y racismo en nuestro país. Aunque se den veredictos sumarios en las mañaneras y a pesar de que el mandatario mexicano insista en que “vamos requetebién”.

La proyección es el problema. No lo olviden. Y agárrense.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista.

@AlexRdgz