Tradición de asilo

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Rubén Cortés.

Es de lamentar la bipolaridad del gobierno: mantiene la tradición de asilo que tan bien habló siempre de México (sea quien sea el beneficiado), pero desmantela cada día un poco nuestro sistema democrático. 

Sin embargo, ojala tenga en cuenta que el necesitado de acogida hoy, el político boliviano Evo Morales, representa un mensaje histórico: mal epílogo tiene un gobierno que destroza el andamiaje institucional de la democracia, porque al final sólo quedan las fuerzas armadas para hacerse cargo. 

Y que, al darle cobijo con nuestros impuestos a un defraudador electoral y destructor de la democracia en su país, no está enviando un buen aviso a los inversionistas y los empresarios, acerca de hacia qué lado están sus empatías sobre cómo gobernar un país. 

Porque, no olvidemos quién es quien se favorece esta vez del histórico perfil humanista de México:

 –Después de baños de sangre en Bolivia por muertes en enfrentamientos entre seguidores y opositores, Morales logró que la Constitución le permitiera reelegirse una sola vez después de su primer periodo (2006-2010). Podía postularse en 2009 y, en caso de triunfar, gobernar hasta 2014 y ya. 

–En febrero de 2016 perdió 51 por ciento a 49 por ciento un referéndum que hizo para poder reelegirse hasta 2025. Pero obligó al Poder Judicial a desconocer la consulta y, el pasado 20 de octubre, realizó otras vez elecciones presidenciales. 

–Durante la primera vuelta de los comicios de hace más de dos semanas, ni Morales ni su rival alcanzaban el 10 por ciento necesario para no ir a segunda vuelta, pero se cayó el sistema de conteo de votos y, cuando éste se reactivó, Morales iba delante y se declaró ganador.

–Una comisión observadora de la OEA consideró este fin de semana que la elección había sido fraudulenta. Entonces Morales aceptó repetir la elección, aunque la descomposición institucional que había creado con su trampa ya no tenía remedio, y la cúpula militar lo invitó a salir del país. Hoy, vive aquí. 

Mientras, Morales se instala en un México que se parece mucho a los inicios de su gobierno en Bolivia: la 4T, como el evismo, llegaron al poder con notable aceptación popular (53.19 por ciento la 4T y 54 por ciento el evismo) e impulsaron un rapidísimo deterioro institucional como rotundos ganadores.

El gobierno mexicano ya se apoderó los órganos reguladores, de la CNDH y alista el desguace del INE, un gobernador suyo se ha reelegido de facto, recortará los periodos de los ministros del Poder Judicial, controla los espacios editoriales de los medios tradicionales… 

Todo dispuesto para servir en bandeja la estructura legal, política y económica al Ejecutivo.

 Como la tenía nuestro huésped hasta apenas el domingo por la mañana.