Vandalismo feminazi en Ciudad Universitaria

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Me siento muy orgulloso de ser, en todo México, el único académico y periodista abierta y sistemáticamente anti-feminista. Nunca me he tragado el rollo ése de que el feminismo es una ideología que busca “promover y defender los derechos de las mujeres”, o que busca lograr “la igualdad sustantiva de las mujeres con respecto a los varones”.

Quien concibe así al feminismo es porque tiene una visión bastante mala, dañada y reducida. Los análisis superficiales siempre acarrean nefastas consecuencias. Para entender correctamente al feminismo, uno tiene que retirar la cáscara y penetrar en el núcleo, cosa que muy pocas personas han hecho.

Y cuando uno deja la superficie y toca el centro del feminismo, descubre que éste es una ideología reduccionista, maniquea, dogmática, anti-científica, retrógrada, oscurantista, totalitaria, androfóbica, violenta, vandálica, gansteril, sectaria, parasitaria, victimista y chantajista. No de balde también se le puede llamar “feminazismo”, haciendo una composición analógica.

Desde hace ya varios lustros, yo le he venido advirtiendo a la sociedad mexicana que el feminismo es una ideología perversa, dañina y engaña-bobos, cuyas acciones, además de estériles, sólo están agravando la conflictividad social de México: las feministas nada solucionan y es mucho lo que echan a perder… ¡y en detrimento del erario público!

El feminismo está resultando ser un “medicamento iatrogénico”, es decir, un medicamente que, en vez de curar, agudiza aún más el padecimiento del enfermo. El feminismo es un zombie que, además, camina en reversa.

La violencia vandálica que las sectas feministas desplegaron el pasado jueves 07 de noviembre en Ciudad Universitaria, es el más reciente eslabón de una larga cadena de pandillerismo ciego que se traga a sí mismo: resulta contradictorio e inconsecuente exigir el cumplimiento del Derecho a través de prácticas socio-políticas que violan el Derecho.

Y esto pasa así porque el feminismo no apela realmente al “Derecho Moderno”, o sea, al Derecho que ha venido desarrollándose gracias al avance de la racionalidad científica. El feminismo sólo pretende imponer una dogmática cuasi-religiosa, un credo político que carece de toda racionalidad en el fondo y en la forma.

Las cosas son y deben ser como dicen las feministas: no son necesarios argumentos lógicos ni pruebas duras si se tienen dogmas.

Y, por eso, el pasado jueves 07 de noviembre vimos lo de siempre: pintas, vidrios rotos, destrozos de mobiliario, saqueos, lanzallamas improvisados, etc., a lo largo del circuito que tocó varias de las facultades ubicadas en la Ciudad Universitaria de la UNAM: Ciencias Políticas, Ingeniería, Derecho, Filosofía, Medicina…

¿No se supone que las universidades están para enseñar y desarrollar el pensamiento científico? Pues ya vemos que no para las feministas, quienes se afanan en convertir a las universidades, lo mismo públicas que privadas, en centros de adoctrinamiento y reclutamiento.

Una protesta más “contra el acoso sexual y bla bla bla”… ¿y las pruebas? Sí, ¿dónde están las pruebas?

Perdón, pero gracias a los muchos dispositivos electrónicos propios de la Era de la Información, resulta muy fácil demostrar los delitos consistentes en actos repetitivos cometidos en proximidad, cual es el caso del “acoso sexual”.

¿Por qué hay muchas acusaciones y muchos actos vandálicos… y ni una sola prueba?

Obvio que las feministas pretenden imponer, a fuerza de repeticiones, su “dogma”. ¿Quién decía eso de que una mentira repetida muchas veces se transforma en “verdad”? ¡Ah, claro, Joseph Goebbels, el encargado del propagandismo nazi!

Gracias a las técnicas de adormecimiento y de adoctrinamiento desarrolladas y aplicadas bajo el régimen nazi, millones de alemanes se creyeron el rollo ése de la “raza superior”, con la consecuente persecución, represión, reclusión y explotación de “grupos sociales no deseables”… Lo demás es historia.

Las feministas se comportan como las juventudes hitlerianas, las SA y las SS; y como las camisas negras de Mussolini. Por eso tienen bien ganado el nombre de “feminazis”. La analogía es perfecta…

Ataques vandálicos tipo Blitzkrieg (ataque relámpago): propaganda violenta, propaganda de la sinrazón… ¿y eso qué resuelve?

Nada, no resuelve nada, porque las feministas nada pretenden resolver porque nada pueden resolver con su catálogo de dogmas. Lo que pretenden es la “toma del poder”, es chantajear a las autoridades para que éstas se vuelvan monigotes obedientes de las feministas.

La fórmula victimismo/chantajismo les ha dado muy buen resultado… ¿por qué tendrían que renunciar a ella?

Lo peor es que, ante la ausencia de autoridad en la UNAM, muchos integrantes de la comunidad universitaria están respondiendo con enojo ante las acciones violentas de las sectas feministas: allí está el caso de las y los alumnos de la Facultad de Ingeniería, quienes, en legítima defensa, respondieron a la violencia ciega generada por las feministas, acostumbradas a hacer lo que les venga en gana… ¡ante la ausencia de todo tipo de autoridad!

Claudia Sheinbaum, la dizque Jefa de Gobierno de la Ciudad Gótica de México, les ha permitido a las feministas hacer lo que deseen, con garantía de impunidad. Y el Rector Enrique Graue ha mostrado demasiada pasividad ante las feminazis que dizque estudian en la UNAM.

¿Por qué Claudia Sheinbaum y Enrique Graue jamás han procedido penalmente contra las feministas vandálicas? Las feministas dicen ser víctimas de delitos que no comprueban, y cuando ellas cometen delitos a plena luz del día, cuando cometen delitos en flagrancia… ¡las autoridades simplemente se hacen tontas!

¿De veras alguien cree que el feminismo está contribuyendo positivamente a la gobernabilidad democrática de México?

Mi conclusión es tajante: el feminismo en nada está contribuyendo a resolver los problemas sociales que afectan a las mujeres y, en contraste, está incrementando el nivel de conflictividad social…

¡Hay que abrir los ojos y no tragarse los dogmas de la mitología feminista!

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Este artículo de análisis y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo del artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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