Segundo año: se ve mal

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

Con el mes de diciembre inicia el segundo año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Y los augurios, que no los deseos, parecen no ser buenos. ¿Por qué?

La lógica indica que si se siguen haciendo las mismas cosas no podríamos esperar resultados diferentes. Y en los 4 informes -sí, cuatro, incluido el de este domingo- que dio el mandatario durante los primeros 365 días de la mal llamada Cuarta Transformación no pareció esbozar un mínimo de autocrítica en torno a sus estrategias de gobierno. Mucho menos un golpe de timón ante los malos resultados económicos o por lo menos alguna corrección ostensible.

Así, por más anuncios de inversión que se hagan ruidosamente en Palacio Nacional, con el pleno empresarial aplaudiendo en el Salón Tesorería, no se recuperará la confianza perdida por la cancelación del aeropuerto de Texcoco, por los litigios en torno a contratos vigentes para la construcción de gasoductos y, en general, por la voluntad manifiesta de no enviar señales de certeza y certidumbre económicas desde el poder. O sea, la inversión no llegará, o no lo hará en los montos que México requiere.

En cuanto al gasto público, la dramática caída en los ingresos presupuestarios reportada por la Secretaría de Hacienda hacia el final del ejercicio, hace prever un año complicado en el que ya se comprometió la mitad del Fondo de Estabilización para compensar las necesidades de gasto, que será absorbido en gran proporción por las necedades del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas.

Por más promesas de que las transferencias sociales de dinero generarán consumo, éste se irá fundamentalmente a la economía informal. Dicho de otra forma, los 400 mil millones de pesos para apoyos, becas y pagos clientelares harán -ya lo hacen- que se vayan al olvido las políticas públicas de fomento que sí funcionaban, condenadas al patíbulo por haber sido concebidas durante la perversa época neoliberal.

La generación de empleo no recuperará su ritmo de crecimiento por más que quieran inflar las cifras con los becarios de un programa supuestamente estelar -Jóvenes Construyendo el Futuro- al que parece que ya le extendieron su certificado de defunción. Y si no, vean el presupuesto que se le quitó a menos de un año de su funcionamiento.

Las plazas reales de trabajo no aumentarán mientras la economía siga pasmada y mientras la inversión extranjera directa vaya a la baja, a pesar de que la Secretaría de Economía difiera en ello con el autónomo y mucho más confiable Banco de México.

Y, en suma, el Producto Interno Bruto no brincará de pronto desde su nivel recesivo en que se encuentra. Las proyecciones más optimistas lo ubican apenas en 1.5% de crecimiento para 2020, pero lo más seguro es que al igual que este año, el indicador se acerque más al cero que al uno. Las complicaciones comerciales con Estados Unidos han neutralizado la única esperanza impulsora del ritmo económico mexicano que quedaba: el TMEC.

Parece un panorama sombrío y demasiado pesimista pero no lo es. Y no lo será mientras que no se reanuden las rondas petroleras para la inversión privada y las asociaciones o “farmouts” energéticos. No lo será mientras se siga apostando a refinar petróleo para autoconsumo o por un esquema aeropuertario destinado al fracaso.

No tenemos buenas expectativas si en 2019 fuimos incapaces de crecer aún con una economía norteamericana expandiéndose más del 3.5 por ciento, ritmo que ha ido y seguirá moderándose en medio de la desaceleración global.

Esta es la economía, objeto de análisis en este espacio, pero permítame citar por lo menos brevemente el otro gran pendiente del gobierno mexicano que más expectativas ha generado en los últimos 120 años: la seguridad pública.

La máxima de “abrazos, no balazos” resultó en el periodo más violento del que se tenga memoria. Y ni los “fuchi-guácala”, ni los chanclazos maternos, ni el dinero entregado en sobres o tarjetas con el color del partido gubernamental, harán que eso cambie en el año que está por comenzar

Lamentablemente. Espeluznantemente. Tristemente.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz