Elecciones 2021: lecciones y desafíos

Isaías Villa González

Isaías Villa González*.

Han concluido los cómputos electorales 2021 e inicia el proceso jurisdiccional. Se anunciaron ya impugnaciones en Michoacán y San Luis Potosí, y seguramente habrá otras más.

De lo consolidado se puede reafirmar: obtenido su objetivo numérico, que evitará regresivas reformas constitucionales pretendidas por AMLO, Va por México debe ahora trabajar para ser contrapeso y constituirse en factor de los cambios que la ciudadanía y el país requieren; llevar a propuestas concretas, la Plataforma de la Coalición legislativa firmada el pasado 24 de mayo, para la gobernabilidad democrática, la reactivación económica, la seguridad sin militarización, el cuidado del medio ambiente, la igualdad sustantiva, la unidad nacional. De lo contrario naufragará en un oposicionismo estéril.

Aunque consiguió un respaldo importante, el gran perdedor es AMLO: no obtuvo mayoría calificada en la Cámara de Diputados, y en la CDMX sufrió una estrepitosa derrota, perdiendo 9 de 16 Alcaldías (AO, Azcapo, BJ, Coy, Cuaji, Cuauhtémoc, MContreras, MH, Tlalpan), y Xochimilco pendiente. ¡Con la importancia que tiene el Centro del país!

De no ser por el institucional papel del INE, la de 2021 sería una elección de Estado, donde AMLO fungió cínicamente como coordinador de las campañas de Morena. Y puso todos los recursos y aparato del gobierno federal, incluidas horas y horas de propaganda en sus mañaneras, a disposición de los candidatos oficialistas. Un delicado rasgo: al confesar que el crimen organizado “se portó bien” en estas elecciones, AMLO admite lo evidente: grupos operaron abiertamente a su favor en Sinaloa, Michoacán, Tamaulipas. Gravísimo retroceso.

Es de reconocerse la gran participación ciudadana, que rebasó números de otras elecciones intermedias, y que respaldó el trabajo de instalación y funcionamiento de las miles y miles de mesas de votación. Con ello legitimó al INE como una institución confiable e indispensable en nuestra democracia.

Paradójicamente los resultados subrayan, por un lado, la pluralidad política del país; pero por otro, que la polarización subsiste. El presidente podría convocar a un diálogo nacional, y construir una agenda compartida que pusiera en el centro urgencias como la recuperación económica, el freno de la violencia e inseguridad públicas, la salud pública, etc. Pero AMLO prefiere profundizar en la polarización y justificar sus descalabros con insultos.

Y ya no son los partidos y personajes opositores, ni los medios de comunicación o las fuerzas económicas interesadas; no, ahora fustiga a ¡los ciudadanos que no votaron por Morena! En el colmo soez, descalifica a los sectores y personas de “clase media aspiracional”, a quienes han estudiado y se esfuerzan, se informan y construyen una opinión crítica. Preferiría a los mexicanos en situación de pobreza, ignorancia y conformismo. ¡Vaya! No tiene remedio, habrá que seguir construyendo para derrotar esta visión en 2024.

Tres partidos perderán su registro, al no alcanzar el 3% mínimo de votación: Partido Encuentro Social, Fuerza por México y Redes Progresistas; pese a ser apadrinados por personajes ligados al gobierno, tener apoyos oficialistas, y contar con estructuras corporativas numerosas (grupos religiosos y sindicalistas). No es fácil implantarse nacionalmente y tener identidad propia, diferenciable.

A estas desapariciones se debería añadir la del Partido Verde, delincuentes electorales reincidentes, quienes dolosamente cambian sanciones pecuniarias por ventajas comiciales.

El PRD apenas salvó el registro y tiene enormes desafíos frente a sí. Por una parte, clarificar su oferta política ante la ciudadanía, a la vez que mantener la unidad opositora. No ha sido ni será fácil, pues para unos el PRD “traicionó a AMLO”; y para otros es “la izquierda que hizo a AMLO”. Difícil explicar matices en medio de la polarización política nacional. Pero indispensable hacerlo, pues el péndulo social puede pasar del polo populista conservador amloísta, al otro extremo, de derecha, igual o peor de pernicioso para la sociedad moderna y progresista que aspiramos se desarrolle en nuestro país. Ahí está la cruda realidad de Brasil. Fundamental por ello ha sido señalar que AMLO no es de izquierda, sino un autócrata conservador y populista. Y que en México es posible, necesaria, la existencia de un partido de izquierda democrática, socialdemócrata, a favor de la igualdad sustantiva de géneros, del respeto a la diversidad sexual, las libertades y derechos humanos, del medio ambiente y las energías limpias, de la educación científica como forma de movilidad y de compromiso social, y del laicismo que mantenga respeto a la libertad de creencias.

*Consejero Nacional del PRD

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