AMLO no entiende qué es y para qué sirve la “inteligencia del Estado”

Carlos Arturo Baños Lemoine / Ciudadano Cero

Carlos Arturo Baños Lemoine.

No debe sorprendernos que el poco inteligente Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no entienda qué es y para qué sirve la “inteligencia del Estado”. Así lo ha evidenciado todas las veces que se ha puesto a hablar sobre el tema, como ocurrió el día de hoy por la mañana.

De inicio, López Obrador se ufana de haber desaparecido el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) para crear el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que está adscrito a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Asimismo, presume de que en su gestión “ya no se espía a la gente”, como si las labores de espionaje fueran reprobables por sí mismas. Y esto resulta muy preocupante, porque estamos hablando de un Presidente que minimiza una de las labores más esenciales de cualquier Estado.

Comencemos por lo esencial. El Estado es una persona moral de carácter público que tiene el deber se salvaguardar los derechos de sus gobernados ante cualquier amenaza interna o externa. Para ello, el Estado necesita obtener, acopiar, analizar, procesar y utilizar de forma permanente todo tipo de información relativa a sus áreas más sensibles, a objeto de evitar que cualquier entidad afecte su operación cotidiana o ponga en peligro su existencia misma. A esto se le conoce como “inteligencia del Estado”.

Y, por ello, resulta obvio que el Estado debe, entre otras cosas, ejercer labores de espionaje, sobre todo con respecto a personajes e instituciones que puedan poner en riesgo la estabilidad social o la gobernabilidad política. En los Estados democráticos, esta función debe apegarse a estrictos principios de legalidad para no incurrir en invasiones ilegítimas a la vida privada de las personas. Así de simple.

Las buenas labores de espionaje por parte del Estado permiten desarticular, menoscabar y llevar a tribunales a grupos sociales perniciosos, como son: bandas de secuestradores, grupos terroristas, sectas perniciosas, pandillas, redes de trata de personas, traficantes de armas, organizaciones de extorsionadores, guerrillas, etc.

Desafortunadamente, tenemos un Presidente muy poco inteligente, que cree que resulta positivo para el Estado menguar sus propias capacidades de espionaje, justificando este disparate por los malos usos que, en el pasado, se la han dado al espionaje.

No olvidemos que se trata del mismo Presidente que: a) se obstina en seguir aplicando la estúpida receta de “Abrazos, no balazos” para enfrentar a la delincuencia organizada; b) confía en el poder correctivo de los regaños maternos; c) cree que a los delincuentes se les dobla con rollos sobre los “valores morales, culturales y espirituales”; y d) tiene como responsable de la seguridad pública a una señora, Rosa Icela Rodríguez, que también se dedica a dar informes sobre la aplicación de las vacunas contra el COVID-19.

No me pregunten por qué, pues, la inseguridad y la delincuencia están de plácemenes.

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Esta videocolumna de análisis, crítica y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo de los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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