La oposición sin opositores (2)

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Ser opositor político es algo serio que muchos no entienden. No es únicamente como se cree, ostentar unas siglas o unos colores emblemáticos de un partido político, con el objeto de ocupar mediante esa agrupación una posición de poder en las jerarquías del gobierno. Es algo más. Algo que se relaciona con una cosmovisión concreta que a la vez compromete a quien participa en apegarse a los principios, el programa de acción y a la definición ideológica específica de la agrupación a la que se pertenece y al mencionar estos elementos, estoy hablando que se necesita moral, moral pública: no solo ser, sino parecer decente.

Para entender esas premisas quien participa debe ser alguien con ideas claras y firmeza para llevarlas a cabo. Por eso podemos concluir que muy pocos de los que buscan un cargo tienen esas características que hacen de los personajes simples, hombres de una pieza, personas de valor y de ejemplo para los suyos y los que los observan.

Esas razones sencillas se han discutido por siglos y se han escrito miles de páginas modelando las virtudes y capacidades deseables de los servidores públicos.

También hay que decirlo, se han escrito cientos de panfletos, para mostrar que la astucia por encima de la honorabilidad y la decencia, es mas eficaz y le produce al que practica con constancia, una amoralidad socarrona que desprecia a la sabiduría y a la prudencia.

Los que mal hacen, obtienen dividendos en el corto plazo que pueden presumir sin duda alguna. Por eso los tratados pícaros que ensalzan a los sujetos ególatras, tergiversan las versiones: llamándole a lo bueno, malo y viceversa. Institucionalizando las conductas depredadoras de los recursos, pero sobre todo envileciendo la función de gobierno, cuando la motivación es únicamente la ventaja personal.

Por eso, veo lejos que se estructure una oposición con toda la extensión de la palabra. Mientras los que cobran dizque oponiéndose, el gobierno apresura la destrucción de las instituciones, que por cierto, es la única forma organizada de llevar a acabo los objetivos colectivos.

El gobierno sigue su plan, trazando la ruta de hacer inoperante al sistema de gobierno.

Y si el gobierno se empantana en la inoperancia institucional como está actualmente, de lo que se trata es nada menos que precipitar la destrucción del sistema político.

Es decir, hacer añicos las diferencias partidistas, concentrar los poderes bajo la sujeción del ejecutivo, disminuir o desaparecer las fuerzas subnacionales restándoles dinero en las aportaciones; y en cambio, promoviendo todo lo que conduzca a violentar el sistema democrático por uno autoritario y totalitario, donde no caben las opiniones ciudadanas, tampoco las libertades de expresión porque son sometidas a una descalificación cotidiana desde el poder y, por supuesto, ignorando políticas bajo consenso y en cambio, catapultando las ocurrencias destructivas del líder y su familia, mediante la creación de una servidumbre electoral de apoyo, que bien se puede designar como clientela encasillada en los “programas sociales”.

En ese vacío de diagnóstico real, los autonombrados opositores se conforman con una narrativa agotada, suponen que están en vías de detener la insania política, autodestruyéndose “cediendo poder”. Algún comentarista se le ocurrió escribir que el PRI tenía una “arma secreta”, que era: ceder poder. Imagínese el exceso de estupidez. Por supuesto mencionó las traiciones de Rubén Moreira en la Cámara para encaminar al país a que el ejército personal del autócrata sea el que maneje las fuerzas armadas y también mencionó el episodio vergonzoso de Quirino Ordaz, el que ufano está que se le queman las habas, para ir al sitio donde pueda clavarle el puñal a Peña Nieto, en su madriguera.

Y me parece que la oposición en principio, no se da cuenta de la profundidad del daño a la estructura del país, y sobre todo del persistente interés, febril y enfermizo por destruir a México y cambiarlo por una caricatura de si mismo. Es grave lo que pasa.

El panorama nos habla de algo insólito en la cultura, los políticos mexicanos lo mismo son empresarios que comunistas furibundos, porque contra lo que la ignorancia vocifere; este gobierno es como otros de su especie en el tercer mundo, un gobierno encaminado única y exclusivamente a un comunismo vernáculo, tan malo como el utópico de los intelectuales, tan promotor de odios como los fascismos y los nazismos, originados de la misma raíz socialista, bajo el mismo propósito: lograr que todos los humanos puedan caminar en cuatro patas.

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