La podredumbre de la academia, a propósito del FCCTAC

Carlos Arturo Baños Lemoine / Ciudadano Cero

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Pues sigue el escandalito en relación con los posibles actos de corrupción cometidos por miembros del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, A.C., un remedo de think tank al que se le acusa de haberse beneficiado inapropiadamente, por alrededor de 16 años, de recursos públicos a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT).

Ante todo, este caso ha llegado a exhibir los bajos o inexistentes niveles de cultura científica que prevalecen en nuestro país, México; como producto del pésimo sistema educativo que tenemos. Y todas las voces que se han escuchado al respecto generan pena ajena, incluidas las de muchos “académicos” que sólo han puesto sus barbas a remojar.

Cierto es, como dice el Presidente Andrés Manuel López Obrador, que los “científicos” no están exentos de cometer actos de corrupción. El silogismo es correcto:

Todos los seres humanos puede cometer actos de corrupción.

Los “científicos” son seres humanos.

Por tanto, los “científicos” pueden cometer actos de corrupción.

Mal han hecho los partidos de oposición, varios medios masivos de comunicación y los “científicos” de otros centros académicos al salir a defender, a ciegas y en automático, a los 31 acusados del Foro Consultivo, pretextando estúpidamente que López Obrador está hostigando “a la ciencia”. ¡Cuánta falta de elemental Lógica!

Y si bien es cierto que del gobierno de la Cuarta “Transtornación” Mental no podemos esperar muchas luces intelectuales, no menos cierto es que apelar a la irracionalidad para combatir la irracionalidad no es buena estrategia.

Nuestra sociedad debe exigir, por supuesto, que se aclare este asunto respetando el debido proceso, comenzando por la presunción de inocencia, el derecho de audiencia y la justa defensa de los acusados. Es Derecho Penal elemental. Y, por supuesto, debemos condenar cualquiera utilización del aparato público por parte de la dictadura populista para amedrentar a sus enemigos.

Pero mal haríamos si nos quedamos en este nivel de la crítica, porque lo que de veras necesita nuestro país es exhibir la podredumbre estructural del espacio académico en México, desde el nivel preescolar hasta la “educación superior”.

En atención a la “educación superior” es mucho lo que debemos criticar y eliminar, sobre todo en estos tiempos de Internet y ciberespacio. Sólo para empezar, digamos que resulta aberrante que se siga privilegiando al sistema escolarizado cuando éste ya debería estar agonizando, sobre todo en las áreas de ciencias sociales y humanidades: todas las carreras que pertenecen a estas áreas ya sólo deberían ser cursadas en línea. Pero la burocracia parasitaria de profesores y administrativos se resiste a morir. ¿Pues no dicen que las universidades deben estimular el avance de la ciencia y la tecnología? ¿Dónde nos reímos?

Vean ustedes cuánta “revista-basura” publican las universidades: un desperdicio de papel, de tinta, de tiempo, de horas/hombre, de espacios, de máquinas, etc., para vomitar escritos que casi nadie lee, que reciclan hasta el cansancio las mismas ideas y que sólo sirven para que los “académicos” sumen puntitos para sus “premios”, “becas”, “estímulos”, “apoyos”, etc. (la famosa “puntitis”). Dígase lo mismo de los libros.

Vean ustedes la forma en la que se reproducen las mafias académicas: concursos de oposición a modo, a manera de retratos hablados, para que queden los “allegados”. Así se garantiza, al interior de las universidades, la reproducción de dictaduras ideológicas y de fieles agradecidos agrupados en sectas parasitarias.

Y vean ustedes los productos concretos de las universidades en materia de ciencia y tecnología. ¿Cuántas patentes tienen registradas? ¿Cuántas descubrimientos trascendentes han hecho? ¿Cuántos inventos han creado? ¿Cuántos procesos han mejorado? ¿Qué impactos han tenido las investigaciones universitarias en el avance de la economía, por ejemplo?

La pobreza de la academia, mis amigos, no sólo tiene que ver con que se malgasten recursos públicos, como quizá lo hizo por muchos años el Foro Consultivo. La pobreza de la academia mexicana es más profunda y más asquerosa: comienza por su diseño original y por su forma de operar en lo general. Seguiremos reflexionando al respecto.

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Esta videocolumna de análisis, crítica y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo de los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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