Telmex, la joya de la corona

Por. José C. Serrano

El cenit de las empresas paraestatales, en México, se alcanzó al finalizar el sexenio de José López Portillo (1976-1982), había 1150 empresas propiedad del Estado. Estas compañías abarcaban varias ramas de la economía: petróleo, petroquímica, minería, electricidad, telefonía, comunicaciones, ferrocarriles, transportación aérea, química, automotriz, acero, azúcar, bienes de consumo duradero, banca, comercio y diversos servicios.

El proceso de privatización mexicano tuvo tres etapas: la primera de 1982 a 1988, donde se privatizaron empresas de índole y actividad diversas; la segunda de 1988 a 1994, se realiza la privatización a fondo de varios sectores como la siderúrgica, la banca y teléfonos; y, la tercera, de 1994 a 2000, se profundiza aun más en el proceso y se realizan cambios constitucionales para vender los ferrocarriles y la comunicación satelital.

En la etapa inicial del proceso de privatización, se procedió a la promulgación de la Ley Federal de Entidades Paraestatales, en la que se clasifican los organismos descentralizados y las empresas de participación estatal mayoritaria como estratégicos, prioritarios y no prioritarios. De tal suerte que se inicia con la privatización de aquellas empresas clasificadas como no prioritarias. La mayor parte de estas empresas eran filiales de Nacional Financiera (Nafinsa).

En la segunda etapa, durante la gestión de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), se desincorporaron empresas de manera generalizada sin más límite formal que los sectores estratégicos de la economía. En este período se intensificó el programa de privatizaciones que, incluyó a empresas con fuerte poder de mercado (monopolios y oligopolios) y gran viabilidad económica. Los objetivos del programa de desincorporación rebasaban la mera eficiencia y se buscó, además, “maximizar” los ingresos por la venta de empresas y “minimizar” la intervención del Estado en la economía.

En la tercera etapa, de 1994 a 2000, la principal tarea de la agenda de privatizaciones se había realizado. El número de empresas administradas por el Estado era ya muy reducido. En este período se concesionó la prestación de algunos servicios de transporte y carga como los ferrocarriles, administraciones portuarias y carreteras, la operación de canales de transmisión de ondas de radio vía satélite y los aeropuertos.

Cabe destacar, que en el proceso de desincorporación de entidades paraestatales, la etapa más intensa ocurrió durante el salinismo. En el sexto y último informe presidencial de Carlos Salinas de Gortari, se mencionó que el sector paraestatal se encontraba constituido por 209 entidades, quedando pendientes 50 operaciones de desincorporación de empresas poco significativas.

Durante esa administración se concluyeron operaciones por alrededor de 20 mil millones de dólares. Destacaron por su importancia, además de los bancos, la venta de Teléfonos de México (Telmex), de las empresas siderúrgicas y de la minera de Cananea, todas ellas en 1990. Telmex era considerada como la “joya de la corona”.

En su columna Astillero, el periodista Julio Hernández López, menciona que en la conferencia matutina del miércoles 20 de octubre el presidente de México adelantó que su pensamiento es favorable a renovar la concesión de Telmex, al multimillonario Carlos Slim Helú.

La postura presidencial es interesante e ilustrativa, a pesar de que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) precisó posteriormente que “lo expresado por el C. presidente no corresponde a los hechos ni al marco legal aplicable, toda vez que la solicitud de prórroga ya fue resuelta y no hay posibilidad de negarla, por lo que lo único que está pendiente es la entrega del título de concesión, previo establecimiento de condiciones por el IFT”.

Para el presidente existe una “nueva realidad”. Lo que decía López Obrador antes de llegar a este punto de quiebre, era que en el remate de la riqueza nacional que había hecho Carlos Salinas de Gortari como gran privatizador se inscribía la entrega de Telmex a Slim Helú, caracterizado como uno de los principales integrantes de lo que el tabasqueño llamaba “la mafia del poder”.

¿Qué conjuro invoca AMLO para borrar toda mácula del hombre que nació en la Ciudad de México el 28 de enero de 1940, cuyo padre fue Julián Slim Haddad, originario de la ciudad libanesa de Jezzine?

 

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