¡Ah, Nicaragua, Nicaragüita!

Carlos Arturo Baños Lemoine / Ciudadano Cero

Carlos Arturo Baños Lemoine.

¡Qué duro golpe para la democracia latinoamericana! Como se esperaba, el aborrecible dictador comunista Daniel Ortega ganó las pasadas elecciones en Nicaragua. Elecciones puercas, sucias, inequitativas, falsarias e ilegítimas…

Es un hecho que este tipejo, Daniel Ortega, desea perpetuarse en el poder gubernamental de Nicaragua: seguir en el gobierno hasta que la muerte se lo impida y, después, que siga gobernando su putrefacta familia. Daniel Ortega desea perpetuarse en el gobierno, como lo deseó, en su momento, la familia Somoza.

¡Qué pinche asco! ¡Tanta sangre, tanta bala, tanto dolor, para que todo quede como antes! Nicaragua representa, hoy en día, el perfecto gatopardismo: que cambie todo en la forma, para que nada cambie en el fondo. La mierda constante en América Latina: promesas de “cambio radical” para sólo recibir sucesiones tiránicas y permutas autocráticas dentro de la misma bacinica.

Nicaragua duele, y duele mucho, sobre todo para las generaciones que, en su momento, apoyamos los movimientos de liberación latinoamericanos: por supuesto que luchamos contra los abusos de las grandes transnacionales gringas y europeas, y también contra los abusos de los gobiernos nacionales sometidos a los gobiernos extranjeros.

¿Y para qué? ¿Para qué? ¿Para sufrir, ahora, la mierdera dictadura castrista de Cuba? ¿Para tener que soportar, ahora, la vomitiva dictadura chavista de Venezuela? ¿Para tener que atragantarnos, ahora, con la funesta dictadura orteguista de Nicaragua? ¡Carajo!

Y a mí, en lo particular, Nicaragua me duele mucho, de veras mucho, porque estuve muy involucrado con su fallido proceso de transformación social. Siendo yo seminarista católico, partidario de la Teología de la Liberación y de la “opción preferencial por los pobres”, visité Nicaragua varias veces, entre 1987 y 1990, sólo para constatar que la “revolución sandinista” se había ido a la mierda, que era sólo un mito más de los rojos latinoamericanos.

Todavía tengo en mi pequeña biblioteca este texto: Nicaragua y los teólogos (Siglo XXI Editores, 1987). Cuando yo visité Nicaragua, me di cuenta de que todo lo escrito aquí era pura mierda: la realidad, la evidencia empírica, los testimonios de mucha gente valiosa, quedaron por encima de la fantasía roja, por más agradable que fuese la fantasía roja.

Fue muy duro escuchar, en su momento, por parte de muchas voces nobles y muy autorizadas, como las de Ernesto Cardenal, Fernando Cardenal, Miguel D’Escoto, Sergio Ramírez y Edén Pastora, el mismo veredicto: la revolución sandinista se fue a la mierda, para quedar en manos de un podrido autócrata como lo es Daniel Ortega.

¡Ah, Nicaragua, Nicaragüita! ¡Tanta sangre noble e inocente echada al cesto de la basura!

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Esta videocolumna de análisis, crítica y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo de los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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