Carlos J. Pérez García

Carlos J. Pérez García.

Es ahí, hace cinco milenios, cuando se sitúa el nacimiento de “un asombroso artefacto” al descubrir los egipcios el potencial de un junco al que llamaron papiro. Nace el libro y, con amena elegancia, nos cuenta la autora esta historia de una de las grandes conquistas de siglos pasados y futuros (Irene Vallejo, ‘El infinito en un junco La invención de los libros en el mundo antiguo’, Penguin, 2021).

Un auténtico fenómeno editorial en medio de la pandemia, lo compré hace unos meses y aún no lo he podido leer bien por la presión de otras actividades y porque he preferido esperarme para disfrutarlo con tiempo y calma. Sin embargo, les adelanto aquí algunas facetas.

Me queda claro que este invento ha superado la prueba del tiempo y ha sido nuestro aliado en la guerra por preservar nuestras creaciones más valiosas. En su megalomanía, los reyes egipcios lanzaron cazadores de libros… para concentrar todos los libros del mundo en su gran Biblioteca de Alejandría. Antes habían surgido los rollos de manuscritos, y luego los impresores y los libreros o hasta Amazon.

Casi como el agua o el sol, el libro se ha vuelto eterno. Ya han declarado varias veces su partida de este mundo, pero eso no lo verá nuestra especie en muchas generaciones aun con los avances tecnológicos.

Igual señala que con más espacios de comunicación en la sociedad, menos necesidad habrá de recurrir a la violencia en una lógica depredadora. La democracia es ese diálogo y resulta frágil en todas partes: siempre está amenazada y en cada acto de nuestra vida debemos elegir el diálogo y la comunidad. En cuanto a los libros y el privilegio de leerlos, podemos intentar que más gente pueda asomarse a ellos, e incluso colgar una cartulina que diga: “Mantengan los niños al alcance de los libros”.

Por primera vez, la filóloga española visitó México hace unas semanas para presentar su ensayo en la UNAM y el ITESM CdMx. También atendió entrevistas en las que habló de sus experiencias, que en la obra se entreveran con la travesía del libro desde la antigüedad del papel pergamino como soporte de escritura, hasta la actualidad tras siglos de mutaciones. Es un homenaje escrito a quienes han resguardado este “objeto”, o lo han descifrado y amplificado a través de diversas vías y lenguas.

Ya podremos seguir aquí con un espléndido tema: este bello libro que —se dice— nos permite volver a tener esperanza en nosotros mismos y en nuestra imaginación. No es poca cosa.

* LOS ÉSCANDALOS NO TIENEN límites y continúan los desafíos a los médicos, los empresarios, la UNAM, los periodistas, las feministas, los abogados, los economistas, los políticos estadounidenses, los ciudadanos que exigen enfrentar (no proteger) al crimen organizado, los familiares de tantos muertos por diversas razones, o los que no están con él y su gobierno o su partido (enemigos de la 4T, les llaman). Todo ello da también una idea de infinito… en negativo.

Hemos tenido sexenios muy malos (Peña en corrupción), sin duda. Pero, ojo, ningún presidente había sido tan ineficaz ni había dividido tanto como el actual, lo que además es dañino para el país aparte de un interés sectario que quiere retener el poder de manera autoritaria entre una enorme polarización. No se ven salidas, salvo una derrota en 2024 que sea aceptada ante instituciones democráticas.

Algunos hablan de odio o fobia a una persona, y mucho hay de eso frente a un profundo amor de lealtad ciega, aunque en casos como el mío es un rechazo puntual y terminante a sus errores y políticas contraproducentes, que tanto daño causan a nuestro país. Claro, al concentrar un individuo el poder y las decisiones sin contrapesos, los reproches e insultos le llegan finalmente a él en lo personal y, a su vez, los devuelve.

Digamos, la palabra “demente” era vista como un insulto hace 2 o 3 años… hoy se ha generalizado y representa una penosa realidad. Pero a algunos anti-AMLO no les gusta porque podría exculpar sus estropicios.

Con todo, el mandatario y sus propagandistas prefieren imaginar y difundir que están contra enemigos ideológicos con intereses egoístas y malignos, quienes detestan su confuso movimiento político de “transformación” y buscan que fracase. En su peculiar narrativa, pues, se trata del “anti-pueblo” que no lo quiere a él ni a su religión igualitaria (hacia niveles bajos), ni tampoco al mismo “pueblo” (muy castigado pero satisfecho por los frecuentes elogios), en la ya conocida fórmula del populismo ramplón.

 

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